Gonzalo García Núñez Opinión Política

El hombre que amaba a los perros

Escuché durante varios meses comentarios de mis colegas sobre “El hombre que amaba los perros”, obra mayor del habanero Leonardo Padura (1955).

No dejes de leerla, recomendaron.  Antes de enfrentarme a las setecientas sesenta y cinco páginas de la quinta edición en el 2013 (Maxitusquets) ausculté las críticas que encontré, muchas contradictorias, en la red. Por ejemplo, la de Pepe Gutiérrez Álvarez de la Fundación Andreu Nin. “Tragedia de la revolución en el siglo XX” titula su aguda reflexión. Ricardo Senabre (13/11/2009, el cultural.es), Juan Luis Hernández (Pacarina) o Mauricio Vincent (12/02/2011), desde el País de Madrid, que inciden en el uso de la ficción como organizadora de la realidad.

Otros lectores deconstruyen cuidadosamente las herramientas literarias de Mario Conde, personaje insignia de las intrigas de Padura, ahora antropólogo político de la utopía evanescente.

Con estas señales inicié el lento pero seguro camino de comprender los planos del edificio literario.

El argumento, la viga central, es el asesinato de León Trotsky por Ramón Mercader.  Un relato en tres partes y 20 capítulos, los secretos de un extraviado manuscrito en original, contextuado por las luchas políticas intestinas desatadas por la revolución de octubre de 1917  y la guerra civil española, contra la República, todas en la primera mitad del siglo XX.

El libro es un texto narrado con la incisiva prosa de un acerado periodista de investigación.  Relato contado como novela negra. Tramado como una densa intriga de espionajes. Tres escenarios de vidas paralelas que desembocan y se cruzan en el apocalipsis final.  Allí se escuchan a tres voces, el yo personal de Iván, la sotto voce con Daniel, los intercambios de guion cinematográfico (Losey), sonidos de acentuados personajes múltiples. 

  Padura describe la sustancia de la lucha entre dos líneas, el estalinismo y el trotskismo, “oposición de izquierda” (Deutscher), luego de la muerte de Lenin, el conductor de la revolución soviética de octubre (1917), del PCUS y de la Tercera Internacional. Narra aspectos inéditos de vida de Liev Davidovich (Mi vida, la revolución traicionada, la revolución permanente), el itinerario del destierro de Trotsky a Alma Ata, su deportación a Prinkipo, isla turca de Estambul, la implacable persecución que lo llevara a refugiarse en Oslo, Paris y asentarse –exiliado- en el México revolucionario de Lázaro Cárdenas, Diego Rivera, Frida Kahlo, Coyoacán.  

Detalla la edificación del poder personal de Stalin en medio de los inmensos sacrificios invocados por la NEP a la población soviética, la fase del comunismo de guerra, la colectivización forzosa y el ascenso de la burocracia como estamento organizado del Estado que suplanta la identidad directora de la revolución por las clases laboriosas, dice. Desfilan los “procesos de Moscú”, los del 36 y el 38 (purga), la “depuración” de los cuadros de dirección del PCUS mediante las autoinculpaciones y el fusilamiento de gran parte de la elite revolucionaria (de Kamenev, Zinoviev, Bujarin..). 

Y mientras tanto, desde Barcelona, en paralelo, la guerra civil española como telón de fondo, las luchas intestinas por el control del bando republicano, el sordo enfrentamiento entre sovietistas, chequistas, sindicalistas, anarquistas, la CNT, los partidarios del POUM Nin.  También la conversión sicológica y deliberada de un cuadro político en un proyectil teledirigido, deshumanizado piquete e inexorable sicario que terminaría, en 1940, con la vida del fundador de la IV Internacional en Coyoacán, su propia casa, hoy museo, de México. Estremecedor. Mercader, alias Jacques Mornard, alias Frank Jacson (sic), fue entrenado según el relato para “eliminar” a Trosky. Cumplía una misión que la teoría jurídica moderna designa como ejecutor de un crimen de “autoría mediata con dominio del hecho” (Roxin). Según la novela de Padura, la autoría radicaba en los escritorios de Koba, el seudónimo del timonel del PCUS en tiempos de la clandestinidad y de Stalin, en el gobierno verticalizado en respuesta al asedio hitlerista.  El propósito de la misión de autoría directa era la desaparición del último dirigente histórico del PCUS y de una gran parte de su familia. Asi fue.

 Recuerdo al releer estas líneas, el libro de Roy Medvedev. Una explicación apasionada de los factores económicos, sociales, políticos y militares que dieron nacimiento al estalinismo, un fenómeno autoritario del siglo XX, nueva forma, vieja entraña, la fusión del  Estado, gobierno y partido, uno solo y en una mano: Censura, militarización, represión, centralismo, culto de la personalidad, trazos que van espesando el gulag.  El pretexto de la concentración del poder era  la necesidad de luchar unidos contra la agresión nazi fascista, se explaya Medvedev. De allí también, como cuenta Semprun, la subordinación tolerante del Komintern a la necesidad de sobrevivencia nacional de la URSS (pacto Ribentropp-Molotov) tanto o mas dolorosa que el desamparo de la causa republicana, que denuncia en rico y variado lenguaje, el fresco histórico de la ficción del cubano Padura. Uff.  

Gonzalo García Núñez

Economista y ex presidente del Consejo Nacional de la Magistratura

1 comment on “El hombre que amaba a los perros

  1. Marcos Gallardo Argüelles

    Mi estimado Gonzalo, muy interesante el comentario a esa monumental novela que, imagino, debe ser apasionante para quien quiera conocer y entender en alguna medida mucho de lo que ocurrió en torno a la muerte de Trosky. Sin embargo, luego de leer con sumo interés «El Primer Círculo» de Alexander Solyenitzhin y admirar cómo presenta ese mundo individual de inteligencia, talento y creatividad, irreductibles a las intrigas políticas que se empeñan en aplastar todo aquello que huela siquiera a ese trasfondo inalcanzable de la libertad humana, decía, luego de esa lectura, me quedó muy poca gana de sumergirme en tan tenebroso mundo.
    Pero este comentario iba en otra dirección: quería expresar la expectativa de poder leer alguna vez un buen análisis de lo que es y lo que pasa con la izquierda peruana. Se quedó, tal parece, atrapada en algún remanso del río político del pasado siglo. No ha hecho nada por entender el siglo XXI globalizante o antiglobalizante. El de la tecnología que abrumadoramente avanza comprometiendo seriamente el futuro político y social del mundo y, naturalmente, el del Perú en él. ¿Qué hay de todo eso?
    Una mente lúcida y cargada de experiencia como la tuya, bien podría darnos algunas luces al respecto, y quizá dejar ver algunos posible rumbos.

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