Sin duda, el mundo sigue con gran interés la confrontación electoral del parlamento europeo. Es una lección práctica de ejercicio democrático en escenarios complejos. Se pueden recoger experiencias útiles para nuestro casi bicentenario de construcción republicana.

El domingo 26 de mayo, Europa elige su parlamento de 751 eurodiputados.

La elección es por voto voluntario, universal, directo y secreta en veinte y ocho Estados.

Una vez resuelta la cuestión del BREXIT, la cifra definitiva será de solo 705 congresistas, menor  ante la salida de la Gran Bretaña a la que se le reservará 46 plazas en “señal de simpatía” en caso del eventual retorno.

La edad mínima para ser candidato a este parlamento es de 18 años pero varía según los Estados nacionales, el mínimo pudiendo llegar hasta  los 25 años.

El modo de elección es usualmente por listas bloque en los grandes países, por  listas con voto preferencial y lista abierta  en los medianos y pequeños Estados.

Los sondeos hace pocos días proyectaban una asistencia estimada en el 40% del padrón. Y una gran preocupación por la inasistencia del otro 60%.

Un observador francés me decía que si  las lluvias de este mes cesarán al fin de semana, si sale sol, la gente preferirá desplazarse al campo o a los malecones de playa antes que las urnas. Estos “son los avatares del voto voluntario”, dijo con una sonrisa resignada.

Y  en lo político partidario se espera una fuerte erosión del actual acuerdo  mayoritario, formado por el bloque que incluye al Partido Socialista Europeo, socialdemócratas tipo Sánchez del PSOE, ayudados por los verdes y los demócratas liberales.

 Tendrá al frente un poderoso  bloque de  derecha, hasta poco dominado por el duo Merkel y Rajoy, ambos en jubilación, y  el Partido popular, tipo PP español,  y  otros aliados de las derechas democráticas.

Según sondeos de agencias, habrá sin duda una entrada  notoria de la extrema derecha, tipo Le Pen, incluyendo los grupos conservadores ultras diversos viniendo de Italia, Austria, algunos de la Europa del Este.

Los candidatos neofascistas se mantendrán disciplinadamente ordenados detrás de las banderas propuestas por el contradictorio lema de “la Europa de las libertades”.

Que apenas estarán contrapesadas por la izquierda independentista, popular y progresista, del tipo Melenchon, que ha lanzado a la pelea electoral a un grupo de muy jóvenes militantes como nuevos portaestandartes de los insoumis.

 Hará su estreno, novedad, el movimiento de los «chalecos amarillos” que lleva en sus filas algunos notorios movilizadores de la gente en las calles de París y las principales ciudades francesas durante los sábados de cada mes.  

Estas fuerzas de distinta trayectoria, antigüedad, generación, formación y educación ideo política pugnarán por la representación de la gente a lo largo y ancho de los territorios de la  Unión Europea y desde sus respectivas formaciones nacionales.

Pero vale recordar que cualquier ciudadano con pasaporte europeo puede candidatear  sin importar su nacionalidad de origen, puede ser candidato en cualquier lugar de la UE.  También puede elegir y participar desde ámbitos  regionales o como en Estonia, votar por internet.  Votar, entonces, es una práctica corriente desde 1979 en que instaló la consulta voluntaria y universal. Y se vuelve más frecuente ayudado por la electrónica, el chip, el celular, la IA. 

Dicho de otra manera, por ejemplo y si fuera posible, un peruano podría disputar la representación del parlamento andino candidateando desde Quito.

Los europarlamentarios, por lo general, se adhieren a  grupos. El  número mínimo es de veinte y cinco integrantes que deben ser provenientes de siete o más  países distintos.

Alemania con 96 eurodiputados, seguida de Francia con 79 e Italia con 73 parlamentarios son los países de mayor número de representantes, número que se obtiene siempre respetando la proporcionalidad de la población votante con el total de cada población del país. No está previsto el balotaje.

La elección por cinco años tiene, además, una influencia indirecta en la conformación de los organismos rectores de la UE por que el periodo de mandato congresal hace que, a menudo, coincidan con la renovación de  sus gobiernos y, en el caso de los estados nacionales, sobre la configuración de los gabinetes de los gobiernos de base parlamentaria.

Por lo general, esta elección renueva al personal político. Los líderes aparecerán como primeros de lista en las elecciones previas, internas y simultáneas, ganadores  que desplazarán a los que con frecuencia han sido o  ya son, líderes de sus respectivos países.

En suma, la construcción política y democrática de la vieja Europa enfrenta esta vez a una multitud de fuerzas centrifugas en lo político y un asalto de los cuestionadas  fuerzas de los grandes conglomerados mundiales, reciente conflicto tecnológico con los GAFA, cuyo telón de fondo es el reacomodo de los poderes mundiales que surge del conflicto entre el paradigma científico técnico de la China y la rustica pugna de USA por el control de la energía en Irak, Siria, Libia, Venezuela junto con los mercados de la “ruta de la seda” medioeval.

Hay también una agenda  que evoca la revaloración de la OTAN y de otra parte, el trato renovado de los lazos históricos con la Federación Rusa, la importancia de la integración para tratar con grandes abastecedores de energía como GAZPRON. Estos son temas que otorgan una excepcional importancia a la elección de Maastricht.

Gonzalo García Núñez

Economista y ex presidente del Consejo Nacional de la Magistratura

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