Margarita Alonzo Opinión

Mi dignidad no es el costo

Guatemala es un país en el cual las mujeres estamos sub representadas en espacios de toma de decisiones.  Según datos del Tribunal Supremo Electoral durante el proceso electoral del año 2015, únicamente el 14% de escaños en el Congreso de la República fueron ocupados por mujeres, a nivel local es aún más drástico puesto que apenas el 3% de los alcaldes son mujeres y un 11% de las corporaciones municipales son ocupadas por mujeres.  No contamos con acciones afirmativas que faciliten la participación de las mujeres dentro de los partidos políticos ni en los listados para puestos de elección popular y tendremos elecciones generales el 16 de junio próximo. 

Los estereotipos de género y sobre todo el machismo cultural hace que hasta las propias mujeres consideren que las acciones afirmativas no son necesarias para garantizar una participación efectiva de más mujeres en política, no se han dado cuenta de que ellas mismas tienen el «techo de cristal» que a mí me gusta llamarle más un «cielo falso», que les impide ver que son también víctimas de estereotipos cuyo éxito radica en hacernos creer que todo está bien y que dicha sub representación es normal, que la ausencia de referentes femeninos en puestos de poder en el caso de Guatemala es también culpa nuestra ya que como mujeres no participamos y afirman que en Guatemala cuando las mujeres participamos en política lo hacemos en igualdad de condiciones.  Esto es todo una ilusión.  No existe igualdad de condiciones cuando una mujer decide tomar un verdadero rol de liderazgo político o comunitario, las barreras culturales son muchas veces infranqueables por los estereotipos de género que debemos ir a romper y a más de una mujer el haber tomado el valor de participar en política le ha costado la vida.

La dignidad es el costo para nosotras, lo he experimentado casi a diario. Son contadas las ocasiones en las que a las mujeres se nos reconoce que hemos llegado a puestos de toma de decisiones por nuestra capacidad o nuestra experiencia.  Muchas veces se asume que logramos ocupar esas posiciones de liderazgo o de dirigencia por prestarle favores sexuales a alguien, porque tuvimos algún padrino que nos colocó en ese lugar o porque somos marionetas de  algún hombre.  Pocas veces se reconoce que sacrificamos la vida personal por trabajar por un proyecto de país, que no somos dueñas de nuestros fines de semana para dedicarnos al descanso o a la familia porque nos apasiona trabajar con la gente, ese tipo de entusiasmo está reservado para los hombres y si las mujeres decimos que dedicaremos el fin de semana a apoyar a lideresas en las comunidades a empoderarse no está bien visto porque estamos descuidando el hogar. 

En los años que llevo en política he tenido el privilegio de recorrer el país y hablar con las mujeres.  Siempre son las más entusiastas, las que organizan las reuniones, las que invitan a la gente a trabajar por el proyecto político y por el país, las que están con los líderes locales y muchas veces son ellas las lideresas pero a la hora de invitarlas a participar por un puesto de elección popular la respuesta es la misma: no.  Hace muchos años escuché que a una mujer hay que preguntarle siete veces si quiere participar, a un hombre hay que preguntarle una.  Y es que desde pequeñas se nos educa para no estar en el frente, para ser sumisas y para no darnos nuestro lugar.  Esas barreras son las que estamos trabajando para romper y en el proceso luchando por la dignidad de las mujeres en política. 

Hemos dado un primer paso hablando del tema, reconociendo que la violencia política contra las mujeres existe y ahora tenemos el compromiso de abrir brecha para las mujeres jóvenes que vienen atrás, demostrar con nuestras acciones que somos capaces de ocupar puestos de toma de decisiones y trabajar por el bien común, pero a la vez ser sororarias y ayudar a más mujeres a vencer estos obstáculos porque como dijo Michelle Bachelet «Cuando una mujer entra en política, la mujer cambia. Cuando muchas mujeres entran en política, la política cambia». Hagamos que la política cambie!

Margarita Alonzo.
Política guatemalteca, Bioquímica y microbióloga con maestría en Relaciones Internacionales. En 2012 fue fundadora del Partido Político TODOS, del cual es Secretaria General Adjunta y Coordinadora Nacional de la Mujer.  Ha sido becaria del NDI como Andi Parhamovich Fellow (2014), y seleccionada por Vital Voices Global Partnership como una de las 22 mujeres líderes en política a nivel mundial para el programa VVEngage con el Concejo de Mujeres Líderes Mundiales y la Universidad de Harvard 2018-2019.

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