Darwin Urquizo Opinión

Un problema no resuelto: la Constitución

Este año se cumplirían 40 años de la promulgación de la Constitución de 1979, carta que no está vigente, pero que sigue siendo objeto de conversatorios y eventos sobre el tema, tal como viene haciendo la Comisión Bicentenario del Congreso de la República. Discutir aún esto, muestra que tenemos un problema sin resolver: No todos aceptan la Constitución de 1993.

La Carta Magna de 1979 fue una excepción en nuestra trágica historia constitucional: Fue elaborada para retornar a un periodo democrático, por una asamblea constituyente en la que participaron todos los sectores políticos, sin querer legitimar algún golpe de estado o a algún dictadorzuelo. Todas las demás constituciones – incluyendo la actual-  tuvieron un problema de origen, tal como lo reconoce el propio Tribunal Constitucional: “Sin contar la Constitución de 1979, cuya legitimidad no se cuestiona, todas las demás han tenido, en variable grado, un déficit de legitimidad de origen” (STC 014-2003-AI/TC). Usualmente, los caudillos en el Perú venían con su propia Constitución bajo el brazo.

La Constitución de 1993, vigente, elaborada para darle una suerte de “legitimidad” al autócrata Fujimori, tiene ya 26 años rigiendo nuestro vida política, económica y jurídica. En cambio, la Constitución de 1979 solo estuvo vigente durante 12 años. En este periodo de tiempo, sin duda alguna, la Constitución se ha ido legitimando y ha ido amparando derechos fundamentales de los ciudadanos. Con esta Constitución se dio el primer Código Procesal Constitucional en América Latina; El Tribunal Constitucional ha emitido sorprendentes sentencias en defensa de la persona y contra el poder político; el modelo económico que ampara fue para muchos el más exitoso de los últimos tiempos; y, la gran mayoría conoce las garantías constitucionales que ofrece. Pero el problema de su origen siempre sale a colación en el debate político.

Muchos sectores políticos, especialmente de la izquierda, utilizan el problema de origen para cuestionar la legitimad constitucional y, obvio, por sus intereses ideológicos, cuestionar el sistema político y económico. Escuchamos la demagogia de ellos al echar la culpa de la corrupción vigente a la Constitución y a la implementación de su modelo “neoliberal”. Lamentablemente, este discurso tiene eco en algunos sectores poblacionales, algunos quieren una asamblea constituyente para elaborar una nueva constitución; mientras que otros sectores desean que la Constitución de 1979 retorne. Ese fue un gran debate hasta las elecciones generales del 2011.

El debate constitucional no ha terminado. De una u otra manera, los sectores democráticos deben seguir debatiendo la forma de seguir legitimando la Constitución, o reformarla, pero dentro de los parámetros y mecanismos constitucionales, pues, de lo contrario, incurriríamos en el mismo error de casi toda nuestra historia, que es no respetar la Constitución. Quizá, si después de la caída de Alberto Fujimori se hubiera decidido retornar a la Constitución de 1979 bajo ciertas reformas, no tendríamos el debate actual, ni el aprovechamiento de sectores ideologizados.

Darwin Urquizo.
Abogado por la Universidad Andina del Cusco, especialista en derecho constitucional, electoral y derechos humanos. Egresado de la Escuela Electoral y de Gobernabilidad del Jurado Nacional de Elecciones. Estudios Internacionales en transparencia y seguridad jurídica por la escuela Iberoamericana de Liderazgo y del Instituto Ortega y Gasset de España. Docente universitario en la Universidad Global del Cusco y ex representante de la Sociedad Civil ante el órgano desconcentrado de control de la magistratura de la Corte Superior de Justicia del Cusco.

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