Carmen Masías Opinión

¿Hay una sola clase de inteligencia?: afortunadamente no

Howard Gardner es quien mencionó el concepto de “inteligencias múltiples” junto con su colega Feldman. Realizaron  el proyecto “Spectrum” en la Universidad de Tufts, cuyo objetivo fue reforzar la inteligencia emocional en escolares y  entender el  potencial del liderazgo. Observando a los alumnos identificaron cuatro habilidades que componen la inteligencia emocional que a su vez parece ser el factor indispensable de un buen líder y de una persona que llevará una vida feliz en relación con los demás: Iniciativa, capacidad de escucha y organización. Habilidad para  negociar soluciones y   conciliar cuando hay conflictos. Empatía,   capacidad  de establecer relaciones con otros. Intuición, para  anticipar  situaciones,  prevenir y  hacer enlaces entre factores. “Adivinar” sin dejar de usar herramientas científicas, las motivaciones de los demás, observando  el lenguaje no verbal.

Por el contrario, la torpeza social , no es una característica de una persona que quiera ejercer un  liderazgo moderno y exitoso. Más bien revela una falta de inteligencia emocional que será un obstáculo para manejar buenas relaciones interpersonales.

Podemos recordar al  personaje británico “Mr Bean”. Es la típica persona que carece de tacto y de habilidades sociales. “Mete la pata”  constantemente.

La torpeza social puede manifestarse de diferentes formas: no dejar hablar a los demás, callar cuando se supone que la persona deba decir algo, “pasarse de tragos”. Decir sí cuando se quiere decir no. Hacer comentarios que hieran a otra persona, contar chistes en momentos dramáticos o cuando las personas desean concentrarse. Y muchos otros comportamientos que podríamos denominar impertinentes.

Asimismo, la torpeza social se manifiesta cuando no se respeta el espacio de la persona. Y no se toma en cuenta  la cultura diferente de quien es el interlocutor.  Por ejemplo, las personas de culturas anglosajonas, por lo general, toman una mayor distancia física  entre unas y otras cuando conversan. La aproximación “razonable”  para  un anglosajón,   es distinta para  la cultura latina, donde dos o más personas que conversan, por ejemplo, de pie, toman, una distancia menor, incluso se tocan dando roces o asiéndose  ostensiblemente  en el brazo del otro.

También es torpeza social el no tener  un comportamiento que considere la equidad entre los sexos. El machismo, es una forma de falta de inteligencia emocional y social, que se instala a través de estereotipos, de mitos e incluso de violencia extrema.

El liderazgo «no es triste» aún en condiciones dramáticas saca valor y actúa trasmitiendo optimismo al resto. Recordemos el evento del accidente de aviación en la cordillera, del grupo de uruguayos que sucedió hace casi tres décadas.  La importancia del liderazgo de parte de los que sobrevivieron y lograron que otros lo hicieran, estuvo teñido de fuerza, de valor y de toma de decisiones. Hubo ahí, aún en circunstancias límites, mucha inteligencia emocional.

Las emociones en el liderazgo, sea individual o grupal, tienen una gran importancia: La alegría tiende a “contagiarse” siempre y cuando sea auténtica. La sorpresa, es también relevante cuando “reconoce” al otro y reacciona  gratamente con sus éxitos.  

El temor, en un mundo parcialmente  violento, existe y paraliza. Es normal experimentarlo ante situaciones de riesgo, de peligro. Pero es insano sentir permanentemente miedo a algo concreto que no desechamos (violencia doméstica, por ejemplo, amenaza de muerte etc.) o lo que es grave también es cuando se trata de un temor difuso  que no se pueda identificar.

La persona líder usa su inteligencia emocional para procesar  sus miedos y  controlar sus impulsos y es  modelo, frente a los demás en términos de temperancia. Procura armonizar consigo misma y con los demás: escuchando y respetando las opiniones ajenas. Siendo confiable y  veraz sugiriendo, no imponiendo, callando a tiempo, controlando impulsos y estableciendo prioridades.

“Las escuelas de liderazgo” en un mundo de hoy, tienen mucho que revisar. Uno de los análisis indispensables es como las personas pueden, desde la infancia, ir construyendo varios tipos de inteligencia, sobre todo aquella que hoy llamamos: inteligencia emocional. No se trata  necesaria o solamente  de contar con un cociente intelectual alto. Puede ayudar, mas no es suficiente.

Carmen Masías Claux.
Directora Ejecutiva de Cedro. Ex jefa de Devida. Psicóloga con máster en Terapia de Familia. Estudió administración, desarrollo de proyectos y desarrollo comunitario. Estudió crítica de cine.

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