Opinión

Perspectivas: el arte de gobernar

Entendemos a la política como el arte de gobernar o el ejercicio del poder a efectos de resolver intereses en conflicto para beneficio de la sociedad.

Uno de los primeros en expresar esta denominación fue Aristóteles en el siglo V A.C. dejando entre sus obras, una con el título de «Política».

En realidad, la política se hace desde tiempos inmemoriales cuando las comunidades primitivas comienzan a organizarse y lo hacen en jerarquías  que devienen en poderes verticales. El término viene del griego polis que es la denominación de las ciudades griegas.

Los griegos, con una significación política muy importante, crean una institución llamada ostracismo, establecida por la Constitución de Clístenes en Atenas y que era un sufragio popular mediante el cual cada ciudadano escribía en una valva o concha de ostra o también en un trozo de cerámica, el nombre del ciudadano que a su parecer atentaba contra la ciudad o la comunidad. En el sufragio participaban seis mil ciudadanos como mínimo.

La persona cuyo nombre aparecía en la mayoría de las valvas estaba obligada a abandonar la comunidad por diez años.

A la política, en suma, la entendemos como el arte de gobernar o como el arte de lo posible en términos más modernos.

En nuestro país , ya en la etapa republicana, la política ha estado marcada por la fragilidad de las instituciones y por el militarismo hasta la aparición del primer gobierno civil de Manuel Pardo, luego por la guerra con Chile que trastocó nuestra situación en todos los campos con consecuencias que prevalecen, de algún modo, hasta nuestros días, luego vino un segundo militarismo, pasamos a la república aristocrática, a la crisis de los años treinta, al ochenio del general Odría, sobrevino el gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas, hasta que finalmente se instauró la democracia que con todas sus imperfecciones tenemos hasta el día de hoy.

Hemos sido gobernados por los mandatos de doce constituciones y en la actualidad tenemos una situación política signada por la corrupción y por el frágil desempeño de nuestros partidos políticos.

La gestión gubernamental de nuestros presidentes elegidos democrática y constitucionalmente es de todos conocida y solo es una demostración de nuestra inmadurez política y una carencia lacerante de honestidad y de honradez; si a esto le sumamos el oneroso desempeño de nuestro sistema de justicia y el pobre desempeño de nuestro legislativo nos encontraremos con una situación que puede devenir en hechos repudiables que pueden ir desde la interrupción de nuestra democracia hasta la toma del poder por individuos cuya ideología en términos de W. Churchill son «la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica a la envidia. Siendo su virtud inherente la distribución igualitaria de la miseria».

El Congreso de la República, primer poder del Estado, es en este sentido la representación política por excelencia y la primera institución en el arte de legislar, un arte que el filósofo francés Claude Adrien Helvecio llamaba «educación al proceso de moldear al hombre»., refiriéndose con ello a mucho más que la escolarización formal; en efecto, cuando escribía la «educación puede hacerlo todo», aludía a todo lo que rodea al hombre y afecta a su manera de pensar, señalando en primerísimo lugar a la legislación, diciendo además que «solo mediante buenas leyes podemos formar hombres virtuosos» insistiendo en que la moral y la legislación son una misma ciencia.

Helvecio en su obra «De l espirit» hablaba de la conveniencia de «reformar la sociedad por medio de la legislación» con la finalidad de crear hombres virtuosos (La Revolución Rusa . Richard Pipes).

Pipes señala en su obra,  que se trata de una de las ideas más revolucionarias del pensamiento político añadiendo que su tesis central señala que el propósito de la política es hacer virtuoso al hombre y que el medio para dicho fin es la manipulación del ambiente social y político del ser humano que debe efectuarse sobre todo a través de la legislación, es decir del Estado.

 Helvecio eleva al legislador al estatus de moralista supremo añadiendo que el arte de formar al hombre estaba íntimamente asociado con la forma de gobierno.

En tiempos actuales se considera como padre de la política moderna a Nicolás Maquiavelo a quien recordamos en una de sus célebres frases «dividir para reinar»  y es su libro El Príncipe el que contiene sus mayores pensamientos políticos. Alguna vez Henry Kissinger dijo que Maquiavelo es el primer pensador de la era cristiana que analizó sistemáticamente los requisitos para acceder al poder y mantenerlo.

Federico el grande decía que el gran mérito de Maquiavelo no era el de haber resuelto el dilema de las relaciones entre la política y la moral, sino el de haber formulado este problema de una manera tal que dicho dilema no haya podido ser olvidado o esquivado.

 Volviendo a nuestra política doméstica, es legítimo preguntarse, si nuestros políticos están a la altura de sus delicadas responsabilidades, la respuesta la dejamos a todos y cada uno de los peruanos.

Personalmente, creo que no, a pesar que el renombrado y prestigioso economista Dr. Richard Webb ha escrito recientemente en el diario El Comercio (04 Ago 19) un artículo de carácter económico, pero de significación política, afirmando que hoy en día, gracias a las investigaciones de los economistas Bruno Seminario y Arlette Beltrán de la Universidad del Pacífico, el PBI del Perú ha crecido 2.8% en promedio cada año durante los dos siglos desde la independencia, cifra que supera el crecimiento de casi todos los países europeos durante ese período ( Según el autor, Gran Bretaña creció apenas 1.8% siendo el pionero de la industrialización, Alemania 2.2%, Francia 1.9% e Italia 2%. En América Latina nos superan ligeramente Chile y Brasil con 3.2% y empatamos con México).

Resulta difícil creer que tan extraordinaria afirmación y sus resultados, que tienen connotaciones políticas, puedan ser atribuidos a nuestra política y a nuestros políticos.

Personalmente creo que no, sino que más bien se deben a pesar de ellos.

Tomàs Teobaldo Marky Montero.
Estudió en la Escuela Militar de Chorrillos, egresando el 01 de Enero de 1965. Pertenece al arma de infantería y es general de división en situación de retiro. Es graduado de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y del Centro de Altos Estudios Militares. Fue Jefe Político Militar de Ayacucho, Comandante General de la Tercera y Cuarta Regiones Militares; Inspector General del Ejército y, Jefe del Estado Mayor General del Ejército.

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