Carmen Masías Opinión

Auto profecía cumplida o eficiencia y eficacia construidas

Podemos decir que lo que logramos es prioritariamente por el esfuerzo, las ganas que ponemos al  actuar con entusiasmo: investigar, leer, aprender, trabajar en equipo, explorar  nuevas cosas, ser altruistas, escuchar. Todo ello constituye un conjunto de factores, entre otros,  que  ayudan a que terminemos con éxito algún emprendimiento, seamos personas mejores y encontremos la felicidad que otorga la realización personal y colectiva. Sin embargo, nada es certero;  si pudiésemos preguntarle a los científicos, empresarios,  actores, técnicos,  obreros. Cuantas veces intentaron esto o aquello,  nos sorprenderíamos del número de  sus ensayos y errores.

Ello nos lleva a pensar, por contradicción a lo anterior,  en la actitud negativa de creer  “desde el inicio” que algo no va a resultar que  fracasaremos al  atribuirlo a la mala suerte y a la fatalidad.  Esto se ha denominado en el ámbito sobre todo  empresarial  “la ley de murphy”  que en resumen nos dice: “todo lo que puede salir mal, saldrá mal”. 

Esta reflexión  nos conduce, asimismo,  al campo de la filosofía y de la ética, más precisamente a la  siguiente dicotomía: determinismo versus libre albedrío.  Es decir, está todo ya configurado y será irremediablemente así. Carecemos de vías propias, de posibilidades de innovar, “de sacarle la vuelta a las cosas”  o  podemos construir el presente y el futuro a través de nuestras propias convicciones, esfuerzo  y voluntad.

Veamos de donde viene el concepto “fatum” (fatalidad) que estaría íntimamente ligado a “la ley de murphy”: todo está hecho  y  predeterminado.  Fatum obedece a una voz  que se liga a una fuerza irremediable y desconocida que guía la vida.  Fatum entonces  sería también destino.  Y descubrimos que este concepto igualmente procede  del griego: “moira” que  significa “lote”.  Es decir, en la Grecia antigua se consideraba que todo ser humano venía con “un lote”, con una  carga que limitaba su actuar.   Si lo queremos interpretar ahora, en nuestros tiempos   “fatum” o “lote”  sería todo aquello con lo que hemos llegado: el lugar en que nacimos, la familia que nos tocó, el mapa genético, las oportunidades de la primera infancia, los traumas y pérdidas tempranos, etc.

Sin embargo, sin dejar de tener en cuenta “este lote” con el que llegamos y nos encontramos al nacer y aún antes, es importante saber que las decisiones serán nuestras, en la medida en que a través de nuestro caminar por el mundo, elijamos las bifurcaciones positivas y prometedoras de esa ruta.

Los psicólogos llamamos “auto profecía cumplida” a esa fatalidad que nos autoimponemos o imponemos a otros: “no lo hará”, “será un desastre”, “nunca logrará nada”… “todo saldrá pésimo”, “es mejor no intentarlo”. “Para que esforzarse”. Es decir, los mensajes que emitimos desde y a nosotros mismos pero que también alcanzan, en muchos casos, a quienes nos rodean. Reflexionar sobre ello es cambiar nuestros pensamientos  y modificar nuestro lenguaje. Porque este a su vez puede hacer que varíe el comportamiento.

¿Somos responsables de construir  un determinismo, una fatalidad? ¿Contribuimos a la ley de murphy? ¿O por el contrario apoyamos en otros y en nosotros mismos la apertura de nuevas puertas para la eficiencia, la eficacia y la innovación?

Carmen Masías Claux.
Directora Ejecutiva de Cedro. Ex jefa de Devida. Psicóloga con máster en Terapia de Familia. Estudió administración, desarrollo de proyectos y desarrollo comunitario. Estudió crítica de cine.

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