Jacqueline Dagnino Opinión

¿Cómo van tus expectativas?

Muchas de las dificultades que surgen en nuestro día a día, en las relaciones sociales, de pareja, laborales o profesionales, tienen que ver con lo que esperamos de la otra parte, es decir las expectativas que tenemos.

Desde la perspectiva de la psicología, el término expectativa, se asocia con la posibilidad razonable de que algo suceda; es decir, una suposición más o menos realista, que, si no se cumple, la persona podría experimentar desánimo. Las expectativas se manifiestan en una de dos direcciones, o en ambas: mis expectativas sobre los demás y/o la expectativa de los demás sobre mí.

Expectativas sobre los demás, por ejemplo, cada día por las mañanas, que el tráfico no esté congestionado; que el jefe reconozca y recompense mi trabajo; que mi esposa(o) me sorprenda por nuestro aniversario; que mi actual pareja sea siempre la persona que es, etc. Ante todo ello, cuando el desenlace es otro, reaccionamos de manera negativa, con enfado, frustración, rechazo, tristeza.

También están las expectativas en el otro sentido: de fuera hacia mí. Por ejemplo, actuar para responder a la expectativa que tiene el entorno sobre nosotros, cumplir el rol y, cuando no logramos la meta impuesta, experimentamos frustración y culpa, porque sentimos que hemos fallado. De la misma forma, si cumplimos con todo, nos sentimos decepcionados y enfadados, cuando no llega el reconocimiento que esperamos. En este punto del texto, os dejo la interrogante: ¿estoy viviendo yo, como persona, como ser humano, o como cumplidor de una función y pieza de un engranaje?

Si os dais cuenta, las expectativa de la persona hacia el entorno y del entorno hacia la persona, apenas pueden tratarse por separado, ya que una está conectada con la otra.

Tener expectativas, es bueno, pero se convierte en malo, cuando las tomamos como si fuera un hecho irrebatible que ocurrirá, porque sí; no somos conscientes de que se trata de probabilidades, y su consecución está relacionada  con nuestra actitud y las circunstancias. Por ello, cuando la expectativa no se cumple, nos sentimos frustrados e indignados al no obtener lo que deseamos, responsabilizando a los demás sobre lo que nos sucede. Sin embargo, lo que ha sucedido es que, esperé pasivamente, dejando todo en manos del destino, la suerte, otras personas, etc.

Por lo tanto, existirán mayores probabilidades de lograr que se cumplan mis expectativas, si asumo una actitud positiva, decidida y consciente, es decir, mis acciones irán dirigidas a trabajar para ello, de esta forma crearé las condiciones necesarias para las circunstancias deseadas.

Alcanzado este punto, os aseguro que, más importante que buscar controlar las respuestas de lo que ocurre  alrededor nuestro, lo que cuenta es la actitud que asumimos ante todo ello; al final, aunque las condiciones escapen a nuestro control, conservaremos nuestra libertad para elegir cómo vamos a responder a la situación y acción de otros.

Para concluir diré que, debemos aprender a controlar nuestras expectativas, que exista coherencia entre lo que deseamos en la vida y lo que esperamos, sin olvidar lo que estamos dispuestos (as) a ofrecer para lograr nuestros objetivos personales y profesionales.

Os dejo unas frases para la acción:

Espera menos, actúa más

Si deseas lo mejor, espera lo mejor

Deja la pasividad y genera un cambio de actitud hacia la vida

Las expectativas, no sirven de nada si no van acompañadas de acciones

Jacqueline Alejandra Dolores Dagnino.
Licenciada en Psicología, Universidad Femenina del “Sagrado Corazón”. Directora de la Escuela Profesional de Psicología de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (2016 -Febrero 2018)

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