Carmen Masías Opinión

Formación de líderes éticos: antídoto contra la corrupción

Hablamos siempre de la importancia de la educación y cuando nos referimos a ella, lo hacemos, fundamentalmente, a la que se recibe en casa y en la escuela y posteriormente en un instituto o universidad, para aquellos que tienen el privilegio de acceder a una educación superior.

El hogar, sea cual sea la estructura de la familia, es fundamental. Y referente al hogar podemos relacionarlo con “una impronta” de valores que se  trasmite. Sin embargo, en un mundo agitado, complejo, con distancias y conectividad insuficiente, las familias tienen poco tiempo y espacio para transferir opiniones, sentimientos, etc.; e intercambiar entre sus miembros.  Los medios de comunicación, especialmente las redes sociales,  canalizan, hoy, en términos generales, los mensajes que padres e hijos se daban, anteriormente, “cara a cara “. Y ello, es una ventaja, en un mundo acelerado y de mayor exigencia, pero, aunque las redes tienen enormes beneficios, en ese sentido, también poseen limitaciones.

La escuela representa un “espacio cautivo” donde mucho se puede hacer para cultivar valores. La solidaridad, la ausencia de “bullying”, el conocimiento no solo de la propia y más cercana realidad, si no la del país y el mundo, predisponen al estudiante a “mirar un poco más allá” de sus intereses y conveniencias, lo que en  sí ya es un valor. 

En la actualidad, los adolescentes de secundaria, sobre todo y aquellos que accedieron a una educación superior o que conforman un grupo de trabajo, debieran tener la oportunidad de vivir en un clima donde se promueva contenidos morales y éticos que deberán formar parte de esa formación para la vida. Es difícil imaginarse un buen trabajador o profesional, ya sea varón o mujer, si no hay en su personalidad y en su carácter rasgos de buena persona.

La población joven lee, se informa a través sobre todo de las redes, de la corrupción entre funcionarios públicos o privados. Y ello implicaría tener un “contrapeso” en los mensajes y contenidos que la escuela y las universidades y los centros de trabajo, tendrán que difundir para permitir un análisis sincero que lleve a los grupos a preguntarse si la corrupción es, desde lo ético, “vivir una buena vida” o por el contrario es una amenaza constante que no da sosiego.

La percepción entre los peruanos acerca de la corrupción es muy alta (82% cree que está prácticamente generalizada y la encuentran “normal”, según fuentes de  ley).

La ética por ello, debiera ser transversal en todos los cursos de una carrera u oficio. La ética necesita ser  enlazada con cualquier quehacer y cualquier teoría. Pero sobre todo debiera devenir en una práctica, en un conjunto de hábitos y costumbres que vayan reforzando el carácter.

Si es cierto que el hogar es fundamental, tampoco podemos plantear que la persona no pueda tomar su propio rumbo moral, aun viniendo de una familia corrupta o disfuncional. Le será, por cierto, más difícil, pero no imposible y ahí la escuela y la universidad, el instituto o el centro de trabajo, pueden ser no  sustitutos, pero sí ambientes que propicien los contenidos morales y promuevan sus ventajas.

Las generaciones jóvenes pueden tomar un camino  moral.  La crítica constructiva, el análisis y la resolución de dilemas, el estudio de casos de la realidad cual  sea la carrera u oficio o trabajo  en el que se estén inmersos, deberán representar un espacio promotor de contenidos morales.

Desde la infancia y a través de todos los ciclos de la vida, puede  propiciarse una reflexión sobre las causas y consecuencias de nuestros actos.  En mundo de consumismo es muchas veces presionante pero,  el desarrollo de acciones de solidaridad hacia los otros, irá dando valor a lo intangible. El arte, el deporte no necesariamente competitivo, los proyectos de responsabilidad social, forman parte de este campo que propicia más el ser que el tener. Es ello también un buen antídoto contra la corrupción que se asocia a los impulsos de angurria, de acumulación, de envidia y de una competencia malsana.  En el “tener más”.

Los procesos de cambio no son fáciles.  En un país de inequidades que arrastra aún discriminaciones notorias, el trabajo contra la corrupción y el fortalecimiento de posiciones éticas, tendrá que darse en muchos frentes y en el  fortalecimiento de la coherencia entre el decir y el hacer.

Carmen Masías Claux.
Directora Ejecutiva de Cedro. Ex jefa de Devida. Psicóloga con máster en Terapia de Familia. Estudió administración, desarrollo de proyectos y desarrollo comunitario. Estudió crítica de cine.

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