Opinión

¿Chile en llamas?

La inestabilidad política y social en Chile ha llegado a tal grado de tensión que el presidente Sebastián Piñera se ha visto obligado a suspender, el pasado miércoles 29 de octubre, dos importantísimas cumbres mundiales que se iban a llevar a cabo en su país en noviembre y diciembre de este año: la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), programada para llevarse a cabo entre el 15 y el 17 de noviembre, y la reunión de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, COP25, que se celebraría del 2 al 13 de diciembre. Piñera ha indicado que la decisión fue muy difícil, pero que la prioridad en estos momentos era colocar a sus compatriotas sobre todas las cosas. Además, ha señalado que es fundamental restablecer la seguridad ciudadana y la paz social, impulsar la agenda social para responder a las principales demandas de los ciudadanos y llevar a cabo un proceso de diálogo para llegar a acuerdos. ¿Está el pueblo chileno dispuesto a esperar que estas metas se logren o ya es demasiado tarde para Piñera? Suspender dos cumbres mundiales de esta magnitud habla más fuerte que cualquier palabra que se emita en estos momentos.

Las protestas se iniciaron a raíz del alza del pasaje del Metro de Santiago, que entró en vigor el 6 de octubre. A raíz de ello, centenares de estudiantes de secundaria de liceos de Santiago se organizaron y empezaron a protestar mediante lo que llamaron ‘evasión masiva’. El número de evasores fue aumentando y hubo incidentes en diversas estaciones. Las protestas fueron reprimidas por los carabineros y el 18 de octubre el Metro de Santiago decidió cerrar algunas estaciones. Esto enfureció a la gente y, como consecuencia, hubo un estallido de violencia que llevó a la quema de cerca de la mitad de las estaciones del metro de Santiago y locales comerciales y el eventual anuncio de estado de emergencia y toque de queda por parte del gobierno. Las manifestaciones se extendieron por todo el país, mientras el mundo miraba boquiabierto cómo se venía abajo el supuesto modelo chileno de bonanza y desarrollo económico en cuestión de horas. Hasta el momento hay unos 20 fallecidos y el Instituto Nacional de Derechos Humanos ha identificado 1.132 heridos y 3.535 detenidos.

Pero ¿qué llevó al pueblo chileno a reaccionar de esta manera? Obviamente la subida del pasaje fue solo el detonante. Hacía muchos años que el modelo neoliberal aplicado en Chile tenía resultados muy positivos en cifras macroeconómicas, pero la procesión iba por dentro. La desigualdad económica iba represando rabia, angustia, frustración y descontento en la mayoría de la población, pero las noticias y foros internacionales solo hablaban de las bonanzas del modelo chileno. Es cierto que los índices de pobreza se redujeron y hubo crecimiento económico. Según cifras del Banco Mundial, entre 2000 y 2017 la población que vive en pobreza (con US$ 5.5 al día) se redujo del 31 % al 6.4 %. Sin embargo, disminuir la pobreza es una cosa y reducir las desigualdades otra. Esto pareciera que no lo vieron ni los organismos internacionales, ni el gobierno chileno, ni las élites que han vivido al margen de las angustias de la población toda su vida. Y esto no solo ocurre en Chile, sino que también viene sucediendo en diversas partes del mundo. El modelo neoliberal hace aguas mientras que poblaciones indignadas protestan airadamente, a veces de manera extrema, contra esta situación de injusticia. Volviendo al caso que nos ocupa, según el analista internacional Atilio Borón, los hogares chilenos son los más endeudados del mundo, con deudas equivalentes al 43 % del PBI, mientras que en Argentina, por ejemplo, este índice se coloca en el 12 %, lo cual es bastante alto también (Borón, 2019).

La alta combustión y la volatilidad de la situación en Chile está llevando al país a procesos de cambio sumamente vertiginosos. En pocos días se eliminó el aumento del costo del metro, el presidente Piñera reconoció sus errores y pidió disculpas, hubo cambio de gabinete, se anunció aumento de la pensión de jubilados y mejoras en el sistema de salud, entre otras medidas. El gobierno está llamando al diálogo y a buscar soluciones, pero las protestas siguen y la gente parece estar cansada de promesas. Han salido a las calles jóvenes y personas mayores con un mensaje de paz y esperanza. Estas manifestaciones son masivas, alegres, llenas de color y acompañadas por canciones (la de Víctor Jara por el derecho a vivir en paz ha sido icónica de esta gesta). A pesar de serias violaciones a los derechos humanos, que espeluznan y nos traen recuerdos de las horas más negras de nuestro hermano país, la capacidad demostrada por los chilenos auguran tiempos mejores. Ojalá que el modelo chileno pase a ser ahora uno de reivindicaciones sociales, que lo lleven a convertirse en paradigma de justicia y equidad.

Inés Scudellari.
Comunicadora social. Fue directora de la Oficina de Cooperación Internacional del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, Oficial a cargo del Centro de Información de las Naciones Unidas en Perú, Oficial de Prensa y Asuntos Públicos de la Embajada Británica en Perú, docente de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, Coordinadora de Imagen y Comunicación de la Universidad del Pacífico, Gerente de Información de Unión Radio y Jefa de Información de RCTV, en Venezuela, entre otras responsabilidades.

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