Opinión

Rebus sic stantibus

Vivimos en estos momentos en España circunstancias que, aunque esperadas, resultan extremadamente peligrosas.

Barcelona lleva días ardiendo, literal y figuradamente. Cada tarde, cada noche, tienen que intervenir las fuerzas de orden público tanto autonómicas como nacionales, los Mossos y la Policía Nacional. Son varios ya los policías ingresados en el hospital y uno especialmente grave con traumatismo cerebral.

El viernes 18 de octubre se llevó a cabo una paralización, que no huelga como algunos se empeñan en llamar, y la mayoría de los ciudadanos, muchos por miedo, no acudieron a sus trabajo, no abrieron sus negocios y permanecieron en sus casas.

Los estudiantes salieron a la calle y se paralizó la universidad en Cataluña, animados en algunos casos por sus rectores. Muchos días después la universidad sigue sin funcionar en esta parte de España y se les impide recibir o impartir docencia a quienes así lo quieren. Se han sucedido jornadas con enfrentamientos en quienes querían parar las clases y los que reclamaban la normalidad. Ante esta situación, los Rectores en su mayoría han decidido cerrar la universidad. Parecen no saber que la universidad debe ser un espacio de respeto y libertad de opinión , y nunca de este tipo de imposición.

Todas estas circunstancias han sucedido y siguen sucediendo cuando hemos entrado en campaña electoral  que culminará el domingo día 10 de noviembre en las urnas. El gobierno en funciones de España, tal vez sobrepasado por las circunstancias, pero sobre todo pensando en su conveniencia electoral, se mantiene casi pasivo y sus miembros —desde la vicepresidenta al ministro del Interior, nada menos— hacen declaraciones diciendo que aquí no pasa nada, que apenas son unos pequeños grupos los que generan altercados.

Parece grave que un gobierno, en funciones o no, anteponga sus intereses electorales a casi todo, incluso al orden público y haga dejación de funciones no protegiendo a todos aquellos ciudadanos pacíficos que quieren vivir tranquilamente, acudir a sus trabajos y a sus aulas, ir al mercado o tomarse un café. El fin no justifica nada. Cuando el vandalismo anda a sus anchas en la calle de todos, alguien no está cumpliendo con su deber.

Estando así las cosas, no parece razonable que el presidente, en funciones sí, pero en funciones significa que hasta que no se celebren las elecciones y la cámara de diputados nombre presidente al elegido, Pedro Sánchez sigue siendo el presidente y es el presidente de España y por tanto debe actuar para mantener el orden en todo el territorio español que incluye Cataluña y a los ciudadanos de esta parte de España. Debe asegurar que los ciudadanos catalanes puedan votar en libertad como en cualquier otra zona de España. Lo contrario, ante circunstancias tan graves, es decir ya sea la dejación, inacción o negación de la realidad, solo corresponde a irresponsables, inconscientes, incapaces o imprudentes y no parecen atributos que ningún ciudadano desee en sus gobernantes.

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.   

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