Opinión

El caldero latinoamericano

Pues la noticia es que, lanzada a las calles la ola contestataria que exige la transformación inmediata del orden establecido, no cesa su hervor, ni de poner en sazón su caldo.  Cada rincón tiene sus peculiaridades, pero los decibeles tienen más o menos la misma intensidad en todas partes.

Ya antes he abordado el tema, sugiriendo que para llegar a conclusiones teníamos que analizarlo con criterios de psicología social, más que de la ciencia política. Ahora pienso más osadamente,  si mucho me apuran, que debería ser con otra ciencia extraña: fisiología social, si es que esto existe, por cuanto parece ser que en nuestros organismos comunitarios, los órganos vitales han invertido sus funciones. Los procesos de raciocinio, los análisis de la realidad y toma de decisiones los realizan el hígado o el estómago. Respiramos por las heridas, y los desechos son expelidos por la boca.

La semana pasada comenzó Colombia, y apenas hoy la noticia central de aquellos eventos es la muerte de un joven manifestante, a manos de la policía. En Chile hace semanas el presidente Piñera reconoció un mal diagnóstico de la protesta y aceptó impulsar cambios, acompañado de buena parte de los partidos, pero ello no ha sido suficiente para aplacar la ira de la masa, si es que esta se gobierna a sí misma, o a los líderes de la misma, que en todo caso permanece embozados coordinando el coro de estridencias. Bolivia sigue el mismo camino, aunque aparentemente la convocatoria a nuevas elecciones está ayudando a calmar las aguas por lo pronto. Y quiero visibilizar aquí también las protestas en un país que normalmente no aparece en titulares de periódicos si no es por noticas tristes, como Haití, donde también se manifiestan en este momento, pese a la poca atención internacional que suscita, por un gobierno paralizado y sin opciones de mejora, lo que en su caso y por su condición, no significa otra cosa que una crisis humanitaria.

Este lunes en la Ciudad de México, las justas manifestaciones para recordar el día internacional de no violencia contra las mujeres, llenaron de destrucción varias calles y monumentos emblemáticos. Justo las consignas plasmadas con aerosol fueron las que captaron mi atención. La firma del anarquismo, la emancipación de gobiernos, la libertad  sin cota ni responsabilidad. ¿Así será en todas partes? ¿Hay, como en la fantástica novela de Chesterton, un consejo anarquista mundial que tiene todo de cabeza? ¿Son los dolores de parto de un nuevo orden? O es simplemente, como lo sugerí antes, una enfermedad social que debe ser analizada a nivel de conducta humana. La disección correcta es crucial. Si alguien piensa que hay algo de artificial y han sido provocados por líderes desestabilizadores, la respuesta previsible será la represión. Si se piensa que en el fondo hay una causa legítima, como la incapacidad de brindar oportunidades de desarrollo, de repartir la riqueza con mayor equidad, desterrar la corrupción, en suma, brindar mejores condiciones reales de vida complementando el propio esfuerzo, entonces la deriva será ponerse a trabajar en nuevos diseños institucionales. Si lo que sucede es que estamos teniendo modelos de comportamiento, pautas culturales de convivencia comunitaria, equivocadas, eso lleva a otro camino también.

En un reciente artículo publicado en el medio dominicano www.diariolibre.com,  fechado el 23 de noviembre, Rafael Emilio Yunén comenta tres documentos que analizan el malestar generalizado en el mundo, desde el renacimiento de la primavera árabe hasta Haití y los pises que hemos señalado aquí mismo.  Es mi interpretación que el autor se decanta más por el lado de concluir, igual que como escuche en México a un viejo maestro universitario, que más que vivir una época de cambios vivimos en un cabio de época. Un momento delicado y crítico, si es así, pues del modo como esto se aborde podemos tener uno u otro resultado, una evolución o un retroceso, algo mejo o una catástrofe. Toda transición es siempre de ese modo, lo lea uno en Marx, Gramsci, León XIII o en San Juan Pablo II.  Y se informe uno de ellos en ensayos de un think tank norteamericano, en la película “Guasón”, o en la carta del superior de los jesuitas en Haití.

El acceso universal a la información, su instantaneidad, su impacto visual, sensible, nuestra propia incapacidad para abordar de modo crítico el caudal de información, o al menos para comprenderlo y volverlo útil, es un elemento sustancial de la modernidad no presente en ninguna época anterior de la historia. 

Nunca habíamos sido tan interpelados con tanta intensidad para ponernos adelante en el ofrecimiento de un modelo que justifique nuestra permanencia como comunidad humana.

Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue integrante de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, secretario de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación.  Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico.  

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