Opinión

Declive Institucional

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, dice el viejo aforismo popular. Es aplicable a diversas circunstancias, desde las personales hasta las institucionales y siempre tiene que ver con esa suerte de razonamiento que surge luego de la decisión tomada y que puede llevarnos a episodios de desaliento o grata emoción. Es una frase que tiene que ver también con la madurez, definida para este caso como la capacidad de poder anticipar las consecuencias de nuestras decisiones.

El gobierno se debate en una suerte de pequeña crisis política. La dimensión de los involucrados, y del propio gobierno no da para más,  pues simplemente ni el premier ni sus ministros son vistos con el peso político suficiente como para que su ausencia sea gravitante. Y ha surgido como consecuencia de la destitución de un funcionario, Hugo Coya, cuyo desempeño era reconocido como aceptable. Las causas de la remoción no están claras. Hay cierto concierto en que aconteció por transmitir la salida de Keiko Fujimori de la cárcel. Ese evento, de manera contundente, es noticia y debía transmitirse. Todas las señales lo hicieron. Pero parece que eso no le gustó al gobierno.

Lo llamativo de todo esto es la forma como están reaccionando algunos sectores de la prensa y del activismo. Reclaman, por ejemplo, que el ministro de cultura Petrozzi puede permitirse hacer lo que se le da la gana porque no hay Congreso que lo fiscalice. Con esta aseveración están demostrando también su tremenda inmadurez pues no pensaron en ello cuando hora tras hora, día tras día se dedicaron a pedir el cierre del parlamento. Las consecuencias saltan ahora a la vista.

No es posible medir en el corto plazo las consecuencias de la decisión de Martín Vizcarra en cuanto a haber disuelto el Congreso. Pero sí podemos imaginarlas. Son lamentables para el país. Un conjunto de ministros sin control de ningún tipo es la puerta que se abre para el imperio de los hechos incorrectos o la corrupción. Desde las violaciones que se suceden día tras día, hasta los asaltos pasando por compras mal hechas o que no se hacen y -cómo no- la destitución de funcionarios independientes y capaces. Todo se puede hacer cuando no hay control político pues el Estado, esa entelequia en donde conviven tres poderes debidamente diferenciados, se balancea hacia un lado cuando uno de ellos se disuelve.

Los ministros de Martín Vizcarra saben que la noticia periodística pierde protagonismo con el paso de las horas. Y si no hay control político (léase un Congreso que convoque al ministro a dar explicaciones) bastará con que los funcionarios esperen el paso del tiempo  para que todo se olvide con el consiguiente deterioro de la cosa pública. Eso es lo que estamos viendo en la actualidad, un deterioro evidente sin contrapesos que ha llevado a que aquellos que hace solo unos días reclamaban el cierre del Congreso hoy abran los ojos y  se den cuenta de su importancia.

Las instituciones son instituciones por eso, porque son relevantes de manera permanente en el tiempo.

Juan Manuel Sheput
Político peruano, ingeniero industrial de profesión, catedrático universitario y ex congresista de la República. Fue ministro de Estado en la cartera del Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo del Perú. En la actualidad, ocupa el cargo de presidente de la Comisión Especial Multipartidaria Conmemorativa del Bicentenario de la Independencia del Perú del Congreso de la República y presidente de la Comisión Política del partido político Contigo.

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