Carmen Velarde Opinión

Entre el caos del tráfico o la tranquilidad de mi casa

En noviembre último, las noticias daban cuenta de la aparición de motos informales que prestaban servicios de taxi. En algunos distritos de Lima se hicieron operativos para evitar su circulación. Días después, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones emitía un Decreto Supremo que prohibía el servicio de taxi en moto y bloqueaba los aplicativos y páginas Web que prestaran tales servicios. El 25 de noviembre en Lima, un paro de taxistas informales causaba desmanes exigiendo su derecho a trabajar. Meses antes, el daño a una mujer atropellada por un scooter eléctrico en San Isidro, dio inicio al debate sobre su regulación local.

Bien podríamos evaluar la situación desde el punto de vista de la informalidad, pero me gustaría hacerlo desde otra arista: La dificultad para movilizarse en Lima. Los ciudadanos necesitamos trasladarnos rápidamente, sin perder horas de tiempo (que más parecen robadas cuando podríamos utilizarlas en hacer aquello que más nos gusta) y sin estrés (generado por el ruido del claxon, el silbato policial y discusiones entre conductores, transeúntes y pasajeros).

El problema de la movilidad en Lima no considera que quienes nos transportamos, trabajamos. Quienes lo hacen de manera dependiente están sujetos a un horario laboral y a la exigencia de una marcación de entrada que debe ser a la “hora exacta” y bajo “pena de descuento”. Quienes laboren atendiendo al público deben iniciar puntualmente; llegar tarde no es una opción. Tampoco lo es para quienes requieren estar en citas de cierre de negocios o para lograr un nuevo cliente.

Movilizarse en Lima es adentrarse en un juego de Play Station donde muchos vehículos tratarán de adelantarse unos a otros; y si eres peatón, tendrás que inventar la forma de cruzar las pistas. Las dificultades son muchas: Desde puentes elevados con innumerables escalones hasta riesgos de robo, choques y atropellos y, por supuesto, calles cerradas, asfalto en mantenimiento, calles en construcción, desvíos por ceremonias públicas, accidentes o huelgas. Si logras llegar a tu destino a tiempo, habrás salido victorioso del juego y se te otorgará una vida (la única que tienes) para el siguiente viaje.   

Otro inconveniente del tránsito en Lima es la falta de privacidad. Como al fondo hay sitio y es importante que “colabore, porque allí entran más”, todos vamos muy juntitos, rozando nuestros cuerpos y adivinando sin necesidad de un olfato agudo, quién no se bañó. En Lima, no viajamos como pasajeros, viajamos como bultos y eso deteriora nuestra dignidad humana. Igual ocurre con los automóviles, para avanzar se crean su propio carril y se pegan tanto a uno que parece que el choque es inminente.

Con este panorama, el peruano siempre creativo y buscando una solución ha incursionado en el tráfico con vehículos más pequeños como motos, scooters y bicimotos. Podrán ser inseguros, nos expondrán al peligro, pero qué importa, “Dios es peruano y nada me pasará”, lo importante es llegar a tiempo, surcando pistas, veredas, yendo contra el tráfico, concibiendo nuestras propias reglas. Tal vez más adelante se incursione en patines o en drones que nos regalen la experiencia de volar como el Duende Verde.

Por eso, permítanme resaltar tres posibles soluciones:

–           Ejecutar una política poblacional que equilibre el número de habitantes por región y sectores. El Perú  ha contado antes con Planes Nacionales de Población. Será importante promover uno que considere el ordenamiento territorial. ¿Cuántas personas pueden habitar por región?, ¿cómo lograr que los ciudadanos obtengan empleos cercanos a donde residen?

–           Implementar el Teletrabajo: El Perú cuenta con una Ley de Teletrabajo reglamentada. Algunas instituciones públicas han iniciado programas de teletrabajo, aunque aún son pocas las entidades que apuestan por esta modalidad que requiere una buena infraestructura tecnológica y un buen acceso a servicios de Internet.

–           Promover las reuniones virtuales: Antes que exigir a los convocados trasladarse de un lugar a otro, bien puede apostarse por reuniones virtuales bajo servicios digitales que garanticen la buena comunicación de voz, video e intercambio de documentos.

Evaluemos estas posibilidades, ¿por qué no brindar mejor calidad de vida a los ciudadanos trabajando cerca o desde casa en lugar de enviarlos al caos del tránsito? La tecnología nos brinda esa posibilidad. Usémosla.

Carmen Velarde Koechlin.
Consultora en Gestión Social y Derecho de las Tecnologías. Es abogada y Master en Derecho Empresarial por la Universidad de Lima; Magíster en Gerencia Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Magíster Artis en Gobernabilidad y Procesos Electorales por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset. Ha sido Gerente de Restitución de la Identidad y Apoyo Social del RENIEC y Gerente de Oficinas Desconcentradas del OSIPTEL. Presidente de la Asociación de Ex Becarios de JICA-Perú (APEBEJA).

1 comment on “Entre el caos del tráfico o la tranquilidad de mi casa

  1. José Luis Elias

    Felicitaciones Carmencita, buen punto de vista, desarrollemos y explotemos los beneficios de la inteligencia artificial.

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