Arturo García Opinión

El otro feminismo

Con sonoridad y fuerza visual se interpreta cada vez más por el mundo la coreografía de un grupo chileno llamado “Lastesis”, titulada “el violador eres tú”, creado para denunciar la violencia contra mujeres, con una argumentación y enfoque ciertamente ideológicos,  pero que ha tenido algún efecto mediático y por tanto ha cumplido parte de su objetivo que es visibilizar estas situaciones.

No hay duda de que el tema de la inclusión, equidad, respeto, promoción y justicia de la mujer es uno de los grandes temas de nuestro tiempo, uno creo, ganado ya en el papel y el concepto, cuando era desde luego una asignatura secular, un pendiente diría de la humanidad. Y lo sigue siendo desde luego en los hechos, puesto que los avances han sido aún en mucha medida declarativos, y falta un trecho largo, lleno de abrojos, zanjas y todo tipo de obstáculos, para que éste se recorra terso hasta una cierta normalidad en lo cotidiano.

El tema es más profundo y por tanto de solución más compleja que gritar consignas contra los hombres violentos.

La respuesta, planteada básicamente desde grupos feministas de corte liberal e izquierdista, e incluso con motivaciones anarquistas, ha sido el despliegue de acciones de denuncia, que para ellas justifican manifestaciones agresivas, destructoras de entornos y con daños colaterales a personas. No es fácil contra argumentar, porque oponen que quien se queja lo hace por daños materiales pero no a las personas. Y algo tienen de razón.

La misma letra de la coreografía citada, la original chilena, habla de conceptos difíciles de sostener, como por ejemplo “el patriarcado es un juez que nos juzga por nacer”, una afirmación determinista, fatal. Si el problema existe solo por nacer mujer, no tiene remedio, pero en realidad las conductas que dañan a las mujeres son aprendidas, y por tanto también pueden ser desterradas. O bien decir que “el estado opresor es un macho violador”, conlleva el signo anarquista de equiparar la autoridad (porque supongo que en realidad querían decir “gobierno”), con un mal intrínseco.

Y ahí es donde a mi parecer las cosas no conducen a conseguir los objetivos que dicen buscar. No se pueden plantear la defensa de las mujeres a partir de la vieja dialéctica marxista,  ahora no de lucha de clases sino de hombres y mujeres, o a asumir que instituciones, instrumentales al fin, como el gobierno y las leyes, tengan género masculino y por definición sean opresores. 

Fui integrante de la Comisión de Equidad de Género de la Cámara Federal de Diputados en México, un hombre junto a 29 mujeres. Y fue así porque creo justamente que lo que nos hará pasar del discurso de equidad a su realidad cotidiana y cultural, es la colaboración, no la confrontación, y es la consecución de beneficios concretos al resolver problemas reales. Hay que distinguir, yo lo hago, de feminismos que buscan la promoción, inclusión y trato equitativo a mujeres, del de quienes se escudan en esa bandera con otros propósitos. 

A las oficinas del gobierno para el que trabajo llegan diario mujeres golpeadas por maridos, abusadas, amenazadas por parejas violentas e inestables, dedicados a los mas deleznables delitos, enfermos físicos y mentales, e incluso hasta personajes de apariencia honorable que cambian su personalidad ante una mujer vulnerable. Aquí llega cada día el clamor de mujeres que tienen que caminar a oscuras para tomar el transporte a sus centros de trabajo, en los que padecen presiones y acoso, mientras dejan encerrados a sus hijos en casa, a los que mantienen solas, para luego regresar con la mínima esperanza de aun encontrarlos.

Todo ello no se resuelve con proclamas, discursos incendiarios, buenas intenciones ni acusaciones incluso justificadas a los sistemas patriarcales y opresoras. Se requiere acción. Aquí entendimos que una mujer golpeada necesita un refugio temporal donde pueda quedar a salvo de la violencia mientras diseña como rehacer su vida, aprendiendo que tiene valor como persona y puede descubrir sus capacidades. Aquí entendimos que si no se les capacita para el trabajo seguirán siendo dependientes y por ello seguirán siendo violentadas. Aquí aprendimos que el estrés laboral para cumplir los exigentes estándares de la industria de exportación, se resuelve acercándose ahí donde están, a escucharlas, brindarles servicios, reconocimiento, alternativas. Este es el otro feminismo en el que creo, que no desprecia al feminismo político, aunque no comparta algunos enfoques, pero que es indispensable e inmediatamente exigible, por el alivio que puede proporcionar mientras maduran iniciativas de mas largo alcance.

Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación.  Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico. 

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