Opinión Tomás Marky

La ciencia, la tecnología y la milicia

Según afirmó Hegel «las armas son la esencia misma de los combatientes»; a su vez, Engels en su Anti During, dice que «se precisan de instrumentos para la violencia».

Federico Agnar, en su estudio «los militares y la tecnología» afirma que como prueba de esta relación (civil-militar) los nombres de los pueblos, en no pocas veces, se derivan del armamento que utilizaron, de esta manera, los nombres de anglos, romanos, germanos, cántabros proceden de flecha (angl) lanza (robar o gan) y dice que para más señas arma viene de brazo (arm). En su Hipótesis del Cazador el escritor y ensayista Robert Adrey llega a afirmar que «no es el hombre el que creó las armas, sino que las armas las que crearon al hombre, cuando el joven género humano, refiriéndose al homo sapiens, triunfó sobre el australopithecus africanus.(conclusión personal del escritor sobre la naturaleza evolutiva del hombre).

Se consigna que la tecnología es un conjunto de conocimientos que son propios de una técnica; también, que es la ciencia aplicada a la resolución de problemas concretos, siendo un conjunto de conocimientos que se organizan científicamente y que permiten el diseño y la creación de bienes o servicios que nos facilitan la adaptación al medio ambiente y a la satisfacción de necesidades que son esenciales para la vida humana.

En esa virtud, la tecnología militar es la aplicación de la tecnología para su uso en la guerra. Se dice que la civilidad inventa estos conocimientos y que los militares aprovechan estos conocimientos y viceversa; de cualquier forma, la tecnología y la investigación militar están indisolublemente ligadas a la civilización humana desde nuestros tiempos aurorales.

No hay que olvidar que se dice que «la industria y la producción de armamentos generan la vanguardia de la tecnología y, es en los centros de investigación militar donde se descubrió desde la máquina de escribir hasta la moderna cohetería espacial, pasando por las computadoras».

La energía nuclear,  tanto para fines militares como para la aplicación civil se investigó y se desarrolló en laboratorios dirigidos por militares y científicos.

La bomba atómica que causó tanta destrucción, paradójicamente tuvo como fin evitar una mayor mortandad de combatientes tanto norteamericanos como de civiles y militares japoneses.

No obstante, esta energía también se utiliza en los reactores nucleares que proporcionan electricidad a decenas de ciudades en el mundo, aunque hoy en día muchos países están abandonando este suministro energético por energías renovables que son más limpias y ecológicas.

Las guerras y los armamentos que en ellas se emplean son, sin duda, condenables, lamentablemente es en el desarrollo de estos conflictos que ciencias como la medicina humana han alcanzado progresos gigantescos ya que desde que los hombres se enfrentaron con piedras, flechas, lanzas y otras armas, surgió la necesidad de curar a los heridos y fue así como los médicos de entonces iniciaron el desarrollo de técnicas que día a día han alcanzado logros que han beneficiado a toda la humanidad.

Cuando no se conocían los antibióticos, muchísimos seres humanos morían por simples infecciones, pero fue después de la primera gran conflagración mundial (1,914-1,918) que un bacteriólogo británico, horrorizado por tanta mortandad, descubrió en 1,928, el antibiótico más utilizado en el mundo, la penicilina. Sir Alexander Fleming, por este encomiable logro, fue laureado con el Premio Nobel.

La rueda, un invento revolucionario en el mundo, fue perfeccionada alrededor del año 2000 AC y dio lugar al nacimiento de los carros de combate que tan eficientemente usaron los antiguos egipcios, entre otros, y que son un anticipo, junto con la balista (de aquí viene la balística) de los tanques de hoy en día, sin dejar de lado su enorme utilidad en las tecnologías más avanzadas de la humanidad.

El avance marítimo de los tiempos modernos, se inició en los barcos de 3,000 años AC, se llamaron galeras y se crearon especialmente para las guerras; más adelante, los griegos crearon los trirremes y fueron mejorados para enfrentar a los persas a quienes derrotaron en la batalla naval de Salamina. Los romanos derrotaron a los cartagineses, que poseían formidables naves de guerra, perfeccionando las suyas y haciéndolas fantásticas para el combate naval. Terminamos con los vikingos (años 789 y 1100 DC) quienes con sus atemorizantes y veloces naves llamadas drakares, asolaron muchas ciudades de la Europa de esos tiempos.

En lo que concierne a la aviación, desde los tiempos de los pioneros, el brasileño Santos Dumont y los hermanos  Wright, se ha alcanzado un desarrollo portentoso para civiles y militares, basándose en la antigua aspiración humana de volar como los pájaros.

Su desarrollo civil se acentuó de forma tal, para la época, que muy pronto el avión fue utilizado para fines militares habiendo alcanzado, vía brillantes investigaciones, un elevado avance que ha beneficiado el gran desarrollo de los aviones comerciales que, acortando tiempos y distancias, nos transportan a lugares que por su lejanía nos era impensable conocer.

Hoy en día, el material de guerra ha evolucionado de forma tal que ha pasado del tradicional uso militar, a una actividad científica que requiere de grandes financiamientos públicos cuyos logros son de beneficio tanto para la milicia como para la sociedad civil en casos tan emblemáticos como el uso de la energía nuclear, los radares, las computadoras, la internet y la telefonía celular.No existe potencia mundial que haya logrado tal sitial sin la fortaleza de su fuerza armada y el poder de sus armas, poder que, desde siempre, se ha logrado con los avances de la ciencia y de la tecnología.

No existe potencia mundial que haya logrado tal sitial sin la fortaleza de su fuerza armada y el poder de sus armas, poder que, desde siempre, se ha logrado con los avances de la ciencia y de la tecnología.

De no ser por estas investigaciones civiles y militares, el hombre no hubiera llegado a la luna y le sería imposible circunnavegar el espacio y observar tan lejos que ya se ha empezado a descubrir los orígenes del universo y de la civilización humana.

Ante la formidable responsabilidad de mantener un equilibrio razonable corresponde, por tanto, a toda la humanidad verdaderamente moral y civilizada seguir avanzando en todos los campos de su actividad, con miras a alcanzar los mayores logros de la mano con la persuasión y la cordura antes que con un conflicto que pueda terminar en una hecatombe que destruya nuestra civilización.

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