Karim Mahuad Opinión

Democracia participativa y ciudadanía digital

(el fin de la democracia «analógica»).

Un nuevo paradigma para nuestra sociedad SXXI.

Hace 35 años apareció el Internet como lo conocemos (WWW) y desde entonces venimos viviendo una constante y acelerada innovación tecnológica que en medio de la cotidianidad pasa cada vez más desapercibida y que en el contexto de la sociedad democrática está produciendo un cambio de era.

La transformación digital está poniendo al ciudadano al frente del espacio público. Esto trae un nuevo paradigma: la democracia continua y participativa, que confronta y exige legitimidad representativa permanente. La democracia «analógica», que se reducía a ejercer la participación ciudadana sólo a procesos de votación electoral, ha caducado. Hoy los ciudadanos tenemos capacidad para expresarnos y comunicarnos de forma horizontal, permanente e individualmente masiva, a través de diferentes medios digitales, principalmente a través de redes sociales, generando corrientes de opinión hasta con, inclusive, poder de movilización.

Las manifestaciones producidas desde Hong Kong y Beirut, pasando por las recientemente ocurridas en Latinoamérica (Perú, Colombia, Chile, Bolivia y Ecuador) son consecuencia de la desconexión total de las clases dirigentes (políticas y empresariales) con los intereses y problemas de la ciudadanía. El modelo democrático «analógico» que comenzara a fines del siglo XVIII (hace más de 200 años) está colapsando frente a la explosión demográfica de una ciudadanía «digitalmente» empoderada, que demanda ser escuchada «en línea».

La digitalización es un camino de ida sin retorno. La creciente masificación a través de los teléfonos móviles inteligentes, las nuevas generaciones nativas digitales (Millenials y Centenials) intensivas en su uso; en el Perú, el gobierno, con el apoyo de la empresa privada y de organismos internacionales, están incorporando al Internet a 6 millones de usuarios de áreas rurales con el programa Internet para Todos, de cara al bicentenario; el reglamento de la ley de gobierno digital (que oficializa la ciudadanía digital) está por salir en breve; el BID ha dado un préstamo por US$ 50MM para la digitalización del Estado y ya se está licitando la plataforma de interoperabilidad del Estado; el RENIEC está detrás de la identidad digital móvil, etc. etc.  Todas son señales de que la digitalización sigue avanzando, no se detiene ni se detendrá. Y la consecuente transformación digital seguirá dándose, modificando nuestras formas de pensar, sentir y actuar en los diversos ámbitos de la vida privada y profesional, incluyendo el ejercicio de nuestros deberes y derechos como ciudadanos, como ciudadanos digitales, en una nueva dimensión.

Así, el mundo virtual, individualmente masivo, ya brinda la oportunidad para implementar sitios estructurados, seguros y organizados donde ejercer la ciudadanía digital a través probadas plataformas (Apps) de participación ciudadana, con procesos participativos integrales: proposición, deliberación, sondeo, asambleas virtuales y votación digital segura.

Espacios virtuales democrático-participativos para cualquier comunidad: los seguidores de un congresista, una junta vecinal, un club, una asociación, un municipio, colaboradores de una empresa, una junta de accionistas, clientes o consumidores de una marca, miembros de sindicato, de colegios profesionales, y más pronto que tarde los ciudadanos de un país. Esta oportunidad exige repensar el modelo democrático representativo incorporando el componente participativo de la democracia directa, exige la aparición de los nuevos Montesquieu, Voltaire y Rousseau del SXXI para renovar la dinámica del contrato social.

Más allá de lo tecnológico, la innovación está en la capacidad de poder escuchar la voz del cliente interno, externo, ciudadano, miembro, socio, cliente etc. y de administrar democráticamente lo que el colectivo propone, sustenta, prefiere, elige, decide con toda la transparencia y la eficiencia del caso. Se crea el espacio para la participación del colectivo generando la interacción y dialogo fluido, organizado y estructurado (reglamento de participación) entre la organización y los miembros de su comunidad. Un nuevo paradigma, con el desafío de adoptarse con la curva de aprendizaje más corta posible para todos los involucrados. Una luz al final del túnel para lograr una democracia con representatividad legítima permanente

Karim Mahuad Martens.
Director Ejecutivo de KM2/Consumer Innovation. Especialista en planning, innovación y transformación digital, con más de 25 años de experiencia en marketing y comunicación off/on. Promueve la democracia digital participativa. Partner en Perú de CIVICITI, novedosa y probada plataforma digital de participación y relacionamiento. Amplia trayectoria liderando en empresas a nivel nacional e internacional como McCann, JWT, Grey, Wunderman, Publicis, entre otras. Actualmente es Docente en la Universidad del Pacífico, como antes en UPC y Centrum.

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