Gonzalo García Núñez Opinión

Inversión pública anticiclica

Una semana antes de la navidad se han publicado los resultados del balance fiscal anualizado de enero a noviembre 2019. Llega a un déficit cumulado de -1.6% del PBI, alrededor de S/ 1,830 millones, menor en S/ 4, 835 millones al del mismo periodo de 2018. Contractivo.
Como en Octubre de este año, noviembre repite la figura de un menor nivel de ingresos y un mayor gasto corriente. Que lo desequilibra, levemente. Por eso la SUNAT se aplica y el Tesoro realiza operaciones de endeudamiento en el mercado en soles y usa los ahorros que luego debe reponer. Suerte de columpio.
¿Cómo evaluar el resultado fiscal de 1.6%? ¿Bueno o malo? ¿Trae riesgos?
Lo menos que se espera de la gestión fiscal moderna es una conducta contra cíclica. Si la economía crece, el gasto público puede ser contractivo. Retirar, provisionar, adelantar recursos, ahorrar. Si la economía decrece o se anemiza, para animar el ciclo y relanzar la actividad, es prudente un giro expansivo del gasto. Incurrir en un déficit transitorio no es problema. En el primer caso, con la economía en alza, habrá un superávit y en el segundo, a la baja, se propicia un déficit. En ambos casos, la variación de política se hace en Jirón Junín por un ajuste de las cifras, siguiendo estimaciones del cálculo del producto potencial de plazo. Así se llega a un balance, superávit o déficit estructural, guiado por el enfoque de equilibrio fiscal con sostenibilidad de la deuda (Félix Jiménez). Y el comportamiento del sector público, a cargo del MEF de María Antonieta Alva, se implementa mediante las reglas de un presupuesto nominal de apertura (PIA) y el Institucional modificado (PIM) de marzo. Y para financiar la brecha, se estima el valor del endeudamiento, calculando la envoltura financiera necesaria para honrar la deuda pública y privada, interna y externa, que hoy no debe superar el 30% del PIB.
Vista la depresión de nuestra actividad (2.3 a 2.5%, FMI) apenas comparable a la memorable trayectoria 2002-2007. el enfoque de balance estructural invita a darle un empujón expansivo para evitar recaer en la fase descendente del ciclo económico. Lo contrario, ensayar una política restrictiva tendencial del tipo cero déficit, crea las condiciones de acelerar la caída descendente. Recesión. Visto desde esta perspectiva, cabe preguntarnos de qué manera se puede ser expansivo al cierre de este año e inicios del 2020 si vemos que la trayectoria del déficit fiscal es contractiva. Recoge más que entrega recursos a la economía desde hace varios periodos. Mientras que, al mismo tiempo, el banco central aplana su tasa de referencia y abarata el crédito corporativo. Uno enfría y el otro, BCR`, estimula.
La palanca principal del impulso fiscal es la inversión pública. Las cifras allí no son nada convincentes. Si bien en el trimestre reciente hay una recuperación de la inversión en obras de infraestructura, en promedio anualizada, la situación es decepcionante aunque no por ello menos explicable. Una lectura fina del gasto público advierte que las unidades de gestión menos eficaces radican en los gobiernos locales y provinciales, las regiones y a nivel central, algunas unidades de gasto del Gobierno Nacional. No arrancaron motores, los primeros. Van lentos los segundos y siguen aterrorizados, corruptos, en gran parte, los motores del gobierno nacional. El problema entonces es tener la escolta cercana al gasto local y así sucesivamente equipos de animadores que contribuyan a multiplicar el gasto sin corrupción y con el ojo avizor de la contraloría como concurrente. Demora. De otro modo habrá más lavoro para fiscales eficaces del tipo José Domingo Pérez.
Lo otro es el drama de la corrupción que asola a los operadores privados de la inversión. Los que ganaron licitaciones truchas del “tipo 108%” (Vizcarra, dixit). Se ha publicado la lista de los “codinomes”, apelativos, chapas, de los operadores privados vinculados a las redes de corrupción de Odebrecht. Son personajes de una extensa lista A de constructores que aparecen, con foto y lo demás, en portales como Ojo Público, IDL- Reporteros, el Comercio Ec., diarios y revistas. Incluidas entrevistas en Folha de Sao Paulo, O Globo y Estadao. Se destapan también las caras de habilitadores bancarios y receptores de coimas. Hay un pasar de armas en CAPECO. CONFIEP confiesa y llora. Y otras instituciones expulsan- sin miramientos- a los más corruptos de sus filas. Entre ellos, por ejemplo, los managers vinculados al Club de la Construcción, los 712 y más Operadores designados por BARATA como los activadores del azucarado tráfico de dadivas en medios judiciales. Esta es apenas una muestra de las conexiones de las grandes firmas especializadas en construcción de infraestructura, carreteras, pistas, puentes, caminos, obras de arte, redes eléctricas, canales de riego, irrigaciones, viaductos, túneles, trenes, en fin, la lista peruana es extensa.
Pero hay de todo tipo de contactos, incluso fronterizos. Urbanizadores traficantes de tierras, árbitros, engolados, ladrones de cuello y corbata. Doctorados en elusión y evasión. Por eso los dueños de estos emprendimientos siguen transitando por las bancas de la Fiscalía dando cuenta de las razones de sus cuitas, desfalcos, vencimientos, prisiones preventivas.
Resolver este déficit empresarial, en lo que se refiere a la contratación de la inversión pública, la respuesta no parece fácil porque quedan sanos pocos gobernadores regionales. Alcaldes provinciales y distritales siguen en la relación de investigados, ediles locales no escapan a las responsabilidades que le son achacadas. Entonces no hay duda que el relanzamiento del gasto de inversión tiene sus bemoles. Doble déficit, financiero y moral. Al mismo tiempo, flor de contradicción y desparpajo, algunos allegados a bien aceitadas páginas reclaman a viva voz la cantaleta que el Estado “destrabe” las inversiones. Como si la gente no se diera cuenta que detrás de tamaño pedido no estuviera la sinvergüencería del aquí no ha pasado nada y como dice el vals de la guardia vieja, de nuevo a acomodarse. Vivo dilema. En suma, la corrupción le ha pegado un derechazo a la necesidad de acelerar honradamente la inversión y luchar contra la debacle cíclica.

Gonzalo García Núñez.
Economista y ex presidente del Consejo Nacional de la Magistratura.

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