Opinión Rosario Vera

Vinicunca, los colores del Tahuantinsuyo

Alguna vez una brasileña me dijo: “en el Perú abres un hoyo y encuentras una ruina pre inca o inca”, cuando dijo esa frase inmediatamente entre en proceso de reflexión y recordación, me acorde que cuando estaba realizando mis estudios universitarios, la administración decidió reparar el servicio de cañerías de pronto abrieron un hoyo y se encontró restos arqueológico de la cultura ‘churajon’ en  Arequipa y cuando viaje al Cusco circunstancialmente estaban haciendo el mismo servicio por la avenida Sol, a un costado de la plaza de Armas, también se encontró ‘ruinas incas’, ambas igual se tuvieron que cubrir, pues seguir excavando sacrificaría muchos negocios. Sin ir muy lejos países vecinos como Chile, Argentina o Bolivia quisieran tener mínimo un poquito de nuestra riqueza histórica.

Lo impresionante es que la belleza no solo esta en espacios culturales de nuestro antepasado, nuestra geografía regalada por los 105 microclimas y los diversos pisos ecológicos nos entrega paisajes de una belleza sui-generis envidiable. Esta vez me toco ir a Vinicunca o conocida por la montaña de 7 colores. Quiero precisar que llegar a la montaña arco iris es el cierre de la experiencia, pues a partir de la salida del Cusco, muy de madrugada inician una serie de emociones, de pronto en 2 horas llegas a un pueblo llamado Cusipata y en casas recién acondicionadas te reciben con un desayuno que te sostendrá todo el periplo venidero. El día que viajamos se presentó un derrumbe, dicen que es de los más normal, así que tuvimos que esperar en la carretera por lo menos una hora para que venga la pala mecánica y limpie el destrozo, tiempo que no fue un sacrificio, pues el paisaje entre desolador y acogedor de la altura nos permitía ver a inmensidad de los cerros , los ríos donde se une el rio rojo (aguas de ese color) y el rio Vilcanota (aguas turbias color marrón), mientras se va contemplando esta maravilla, en medio de 10 minutos la carretera queda casi viable y las múltiples minivan pasan lentamente hasta hacernos llegar la zona de Vinicunca, campesinos vestidos con sus trajes originarios nos esperan, los guías de turismo nos dan recomendaciones de la larga, agotadora pero sobre todo emocionante caminata que nos espera. Acondicionados de pequeñas mochilas, donde es necesario tener agua en tomatodo, hojas de coca para ‘picchar’ o caramelos de limon, una buena cámara o celular, un impermeable, chullo o gorro y guantes, equipo suficiente para la caminata. Los primeros 300 metros no se sienten, pero poco a poco la subida disimulada te va cobrando la falta de oxigeno y va uno reflexionando que son 5200 metros los que agreden tu cuerpo, ni siquiera vez el cerro de los siete colores, aún esta escondido entro otros cerros que tenemos que atravesar, la meta esta lejana, las ganas de llegar te generan ansiedad y por eso continuas.

Quiero contar que esta aventura es para jóvenes, debe ser que estoy en una edad que me resisto pensar que estoy más cerca a ser adulta mayor y que el reto de igualarme a gente menor, alivia en medida mi autoestima. De pronto aparece el último tramo subir un inmenso cerro, por ahí aparecen unos colores, sabemos que será difícil, muy difícil para mí, respirar es un logro, las piernas tiemblan, el corazón me explota, pero si se baja el ritmo será la peor decisión. Llegue, allí estaba frente y nuevamente surge otro reto, para disfrutar mas el espectáculo de majestuosa naturaleza hay que subir como 50 metros más a su cerro vecino. Cada parada te deja apreciar la belleza, un brasileño por ahí grita “o melhor lugar do mundooo”, las cámaras a todo dar, los japoneses fotos tras fotos de todos los ángulos, los europeos no dejan de miran embelesados y un italiano cantando opera logrando con el eco que todos escuchemos su melodiosa voz y yo agotada solo contemplaba el capricho definido de cada franja de color. El día fue propicio no lluvia, no nieve, el paisaje se dejó ver en toda su dimensión. ¡Que más le puede pedir uno a la vida¡¡¡.

María del Rosario Vera del Carpio
Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Católica de Santa María, asimismo es magíster en Ingeniería Industrial con mención en Marketing por la Universidad Nacional de San Agustín y posee un doctorado en Administración. Actualmente es la Presidenta del Tribunal de Honor de la Universidad Nacional del Altiplano.

1 comment on “Vinicunca, los colores del Tahuantinsuyo

  1. Bien Rosarito me da mucho gusto escucharte y saber de ti y tus logros !

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: