Opinión Víctor Velásquez

El ejército del Perú y el Bicentenario de la independencia nacional

La historia del Ejercito se funde con la de nuestra Patria pues hemos estado presentes durante 197 años, en cada período de su existir republicano.

Institucionalmente, mucho tiempo hemos gastado en tratar de remediar los problemas estructurales del país. Mucha tinta, mucho sudor, pero poca materia gris. Por defender los intereses de la plutocracia, hemos descuidado nuestra propia función. Por defender a los más pobres, nos hemos echado encima a la plutocracia de siempre, la que en represalia nos ha dado solo limosnas para cumplir nuestra misión constitucional.

En ese devenir, las generaciones militares de hoy y del mañana, deberíamos, asimilar, que ya no somos una institución tutelar, sino una institución fundamental. No somos tutelares, porque no vamos a volver a dirigir ni controlar al país. Fundamentales sí, porque históricamente, representamos a la nacionalidad, y por eso, hemos podido llegar, al presente siglo, con fuerza y esperanzas de ser un país mejor. Sin nuestra lucha en defensa de nuestra integridad como nación y del orden interno, no hubiera sido posible lograrlo.

Hay un referente conductual que debemos eliminar de nuestro imaginario colectivo. Es el término de ser “golpistas”. Los tanques no deben apuntar a las rejas de palacio de gobierno sino a la amenaza militar que contemporáneamente se diversifica, pero mantiene su esencia de dominación.

Preparémonos para ser más profesionales y tener líderes capaces de liderar el cambio. El cambio debería ser organizar grandes unidades modernas, bien equipadas y ubicadas en sus puntos de aplicación y no en Lima. En resumen: hagamos el cambio organizacional de ser un Ejército territorial a un Ejército operacional.  

Repasemos de manera crítica, a manera de lecciones aprendidas, algunos pasajes de la historia militar.

Empezamos el siglo XX, y vivimos hasta 1941, con un ejército no bien organizado. Dada la situación geopolítica de la post guerra con Chile, con amenazas continúas. De 1884 a 1900, la política internacional estuvo supeditada a la supremacía de la diplomacia chilena; posteriormente al A, B, Ch, iniciales de Argentina, Brasil y Chile, cuyos resultados, surtieron efecto hasta 1919, lapso en el que la diplomacia peruana, adopta como rumbo la órbita norteamericana. En 1894 y 1910, Chile proporcionó al Ecuador elementos bélicos y en otra ocasión hizo lo propio con Colombia. En 1909 estuvo a punto de suministrar armamentos a Bolivia si no es porque se hicieron públicos esos manejos ocultos. Es decir, Chile provocó y consiguió que el Perú se mantuviera envuelto en conflictos permanentes y en peligro de guerra para obligarlo a su desmembramiento territorial. Toda la América, presenció con estupor como Chile incitó a Bolivia y Ecuador, para neutralizarlo y que dejara de luchar por reivindicar las provincias de Tacna y Arica, y no contentos con ello, emprendieron la chilenización. Todos saben que Chile confabuló con Bolivia en 1975, tras el abrazo de Charaña y también que el 31 de enero de 1995, Chile ayudó al Ecuador al recoger dos aeronaves ecuatorianas de Santiago, armas y municiones, para la guerra contra el Perú.

En el conflicto con Colombia en 1911, como no teníamos conque defendernos con fuerzas insignificantes en Loreto, una fuerza militar expedicionaria tuvo que partir de Chiclayo, con tropas del Batallón de Infantería No 9, que sumaban 360 hombres, al mando del teniente coronel Oscar R. Benavides, y desplazarse de la costa a la selva vía Cajamarca-Chachapoyas-Moyobamba- Balsapuerto, durante 45 días.

Con los pocos medios terrestres y navales disponibles, hicimos frente a un sistema defensivo de trincheras, minas y obstáculos naturales como la fuerte correntada (cashuera), con una maniobra de fijación y desembarco de tropa por los flancos, exitosamente. Dicha victoria militar no sirvió de nada porque el 19 de julio, la diplomacia peruana firma un tratado por el que se devuelve La Pedrera y los trofeos de guerra obtenidos a Colombia.

En el conflicto con Colombia en 1932, en cuanto a personal, los oficiales eran los enviados al teatro de operaciones, como castigo y no por méritos profesionales, por sus antecedentes políticos, sacándolos de los cuerpos de tropa y reparticiones del Ejercito, con el pretexto de no reducir los cuadros de las unidades para no perjudicar la instrucción, y solo en los últimos días de febrero de 1933 se envía un numero regular de oficiales que no llegaron a completar las necesidades.

En cuanto a la superioridad relativa, el Perú trata de adquirir en el extranjero el indispensable material bélico para la defensa de la patria, pero la política exterior de Colombia, se le había adelantado. La deplorable situación económica por la que atravesábamos, la inquietante situación interna del país hace abortar, tales diligencias.

La injerencia de las autoridades superiores de Lima y la incertidumbre política, motivan el error inicial del comando militar de Iquitos, quien concentra su atención en Puerto Arturo y Ramón Castilla dejando a un segundo plano la región Pantoja-Gueppi, sector que al comenzar el año 1933, solo disponía de la compañía Ventosilla en Pantoja y la sección Melo en Gueppi; y a tercer plano la importante entrada del Putumayo-Tarapacá.

En cuanto a las necesidades para la guerra, de tremenda inquietud era al iniciarse el conflicto, la necesidad en el teatro de operaciones de armamento, munición, equipo, gasolina, calzado, vestuario, etc. conforme se desprende de los apremiantes pedidos, las cañoneras solo disponían de 7 cañones de 37 mm. con una dotación de 126 granadas por pieza y los 9 cañones Krupp y 4 Schneider, con 120 granadas de dotación de los cuales un tercio estaban inservibles; además de un reducido número de armas automáticas.

Se tuvo que recurrir a la “guerra en pequeño”, como Cáceres en La Breña, en la que valientes oficiales y soldados liderados por el mayor Butrón y el teniente de marina Mosto, mediante emboscadas y empleo de minas y ataques sorpresivos, obtuvieran victorias tácticas en Calderón, Puca Urco y Yabuyanos.

En el conflicto con Ecuador de 1941, vemos que desde 1934, la primera región militar con la primera división ligera encargada de custodiar el sector norte del territorio nacional estaba muy distante de una frontera muy conflictiva. Tenía su cuartel general en Lambayeque y sus unidades orgánicas y asignadas muy alejadas para poder concurrir a la frontera y actuar en forma masiva. Luego de la ocupación de la isla Noblecilla por parte de los ecuatorianos, recién se instalan puestos de vigilancias militares y policiales en la frontera norte.

El 20 de febrero de 1941, quedó constituido el agrupamiento norte, constituido por dos divisiones ligeras, elementos orgánicos y de refuerzo, dos escuadrillas de aviación y dos lanchas patrulleras, con los que se iniciaron las operaciones.  

La estrategia política no coincidía con la militar, y recién la última semana de junio, el general Ureta apoyado por su Estado Mayor, obtuvo del Presidente de la Republica su autorización para iniciar las operaciones militares.

Obtuvimos la victoria porque hubo estrategas inteligentes como Ureta, De La Barra, Odría, Marín y Miñano, que dejaron en el olvido el clásico espíritu defensivo francés, y optaron por ser ofensivos, y por eso vivimos orgullos de los resultados obtenidos en Zarumilla y el Nor Oriente.

Una lástima, que nunca pedimos una indemnización por los gastos ocasionados por la infiltración de los ecuatorianos a nuestro territorio, ni mucho menos solucionamos totalmente el problema de límites que Ecuador objetaba como inválidos. 

En 1965, se produce el conflicto con los seguidores ideológicos de China y Cuba, los del MIR (ex apristas) que preconizaban la doctrina “foquista”. Luego del fracaso policial, y viendo que no eran abigeos sino “guerrilleros al servicio de una causa revolucionaria”, cinco días después de haber presentado el Ejercito, un ultimátum al presidente Belaunde, amenazándolo con un golpe institucional, se iniciaron las operaciones militares.

Seis meses duro la campaña, en la que se adoptaron tácticas empleadas por el ejército norteamericano en Vietnam, y las del ejército argentino en su guerra interna, obteniéndose la victoria.

En el conflicto de 1981, estábamos en condiciones militares de imponer la demarcación definitiva porque teníamos una superioridad abrumadora sobre Ecuador y no la hicimos. Disponíamos de 100 aviones operativos contra diez aviones Kéfir recién adquiridos por Ecuador, a ello había que agregar una superioridad de fuegos de seis a uno. De manera que estábamos en condiciones en ese momento de tomar las alturas de la Cordillera del Cóndor, como prenda territorial, dominar el río Santiago y cortar toda comunicación ecuatoriana hacia los 78 kms. de la frontera sin demarcar.

Las operaciones helitransportadas realizadas, son un modelo de combate en esta parte de la América del Sur, sustentada en la calidad de los mandos como los generales Hoyos y Montesinos y los mandos medios, jefes de patrulla, así como los pilotos de la Aviación del Ejército que escribieron una página de gloria.

Lamentablemente se prefirió una estrategia solo defensiva destinada a expulsar a los invasores de nuestro territorio, y ello, incubo en una nueva agresión ecuatoriana en 1995.

En cuanto a la lucha contra subversiva desde 1980, la reacción a la insurgencia fue lenta. No hubo una real comprensión de las dimensiones del nuevo conflicto. Se les llamaron indistintamente “delincuentes” y “criminales comunes”. Cuando se decide la intervención de las fuerzas armadas, se hace declarando estado de emergencia en cinco provincias de Ayacucho, una provincia de Apurímac y una en Huancavelica. Esto involucra la designación de comandos políticos militares que en 1989 llegaba a más de 40.

Hay tres etapas en la lucha contra el PCP-SL, conforme varían los presidentes de las Republica. Una timorata con Belaunde; una que comenzó enérgica y termino debilitada con García, y otra contundente y eficaz con Fujimori. Durante y después de esta, una millonaria campaña internacional, emprendida por los organismos de derechos humanos modificó el sentido de la misión cumplida por las fuerzas armadas, convirtiéndonos en criminales de lesa humanidad, y culpables de infringir derechos humanos, mientras que, en el otro bando, los terroristas, son considerados como “luchadores sociales”, tienen cripta, museo de la memoria, indemnización, libertad y demás honores.  

En el conflicto de 1995, en el Alto Cenepa, graves omisiones a la seguridad permitieron que tropas ecuatorianas, se desplazaran desde la parte alta de la Cordillera del Cóndor hacia el valle del Cenepa, instalaran un dispositivo antiaéreo y tomaran posesión de las zonas bajas.

En un principio, se priorizo los objetivos políticos (la reelección presidencial) que al objetivo militar.

Retomando el objetivo militar, fue entonces que, las victorias obtenidas por el entonces coronel Luis Alatrista y sus valerosos jefes de patrulla Astudillo, Bazalar, Cabrera y otros, en el llamado “miércoles negro” salvaron el honor institucional y salvaguardaron la defensa nacional.

No sería honesto si no les dijera que hoy como hace 135 años, el país vecino del sur está armándose para una confrontación bélica, y que nosotros, no estamos en condiciones de ganar ni disuadirlo. Han efectuado una importante reestructuración orgánica como parte del plan de desarrollo estratégico “Ejército 2026” con el fin de potenciar la capacidad militar. Ese diseño estratégico, mediante el plan de acción “Orca 2015-2018” buscando proyectar y consolidar un ejército funcional y altamente disponible. En la zona norte de ese país, en nuestras narices, están los Regimientos Reforzados No 4 “Rancagua” de Arica y No 23 “Huamachuco” de Putre de la VI División de Ejército pasaron a denominarse Brigada Motorizada No 4 “Rancagua” y Brigada Motorizada No 23 “Huamachuco”, mientras que el Regimiento Reforzado No 1 “Calama” de la I División de Ejército se convierte en la Brigada Motorizada No 1 “Calama”

Esto, obedece al propósito de tener un ejército que cuente con una fuerza terrestre de 42 mil efectivos, junto con una estructura superior que tenga un despliegue territorial.

¿Podemos, así como estamos, ejercer soberanía sobre el mal llamado triángulo terrestre? ¿Podemos evitar que el mar presencial chileno conlleve una intrusión en el dominio marítimo peruano?

La historia del Ejército del Perú desde el Incario hasta nuestros días, y en particular, la próxima celebración del bicentenario en el 2021, nos demuestra que nuestra labor institucional, constituye parte importante para promover la unidad nacional, la identidad nacional y la cohesión social; propósitos que interpretamos, favorecen con las esperanzas de progreso y bienestar que los peruanos anhelamos.

Con las armas que compro el general Benavides luego de la derrota con Colombia en 1932 vencimos en la guerra con Ecuador en 1941; con las armas que compro el general Velasco para recuperar Arica en 1976 vencimos a Ecuador en el conflicto del año 1981; de 1980 a 1995 descuidamos el frente externo por priorizar el interno y si no fuera por la decidida adquisición de aviones y otros sistemas de armas modernos en 1995, tampoco se podría haber alcanzado la paz de Itamaraty.

Hablemos con la verdad, nos ha faltado siempre un planeamiento estratégico operativo real y efectivo. Solo hubo estrategias coyunturales.

Las guerras que ganamos se debieron a que el país estaba sin crisis económica ni política. Cuando perdimos, fue porque el país estaba a la deriva. Ergo la actuación militar fue el reflejo de lo que pasaba en el país.    

Los oficiales en situación de retiro, seguimos luchando por un régimen pensionario justo. Por la revalorización de nuestras pensiones. Un reajuste de acuerdo con el costo de vida. En la realidad existen muchas asociaciones, pero no un solo puño que luche por nuestros derechos. Deberían unirse, para seguir defendiéndolos lo que con sangre, sudor y lágrimas se ha conseguido.

Hay que detener los juicios de parte de los dizques Asociaciones de Derechos Humanos y de organismos como el IDL y otras, que lo único que hacen es defender a los terroristas llamados por ellos “luchadores sociales”.

Preocupémonos por la calidad de personas que ingresan a nuestra escuela militar y escuela de suboficiales. Al alma mater deben ingresar lo mejor de nuestra sociedad.

Sobre el actual currículo preguntémonos: ¿queremos oficiales y suboficiales tecnócratas o queremos combatientes? ¿Cuál debe tener mayor peso específico: el arma o servicio o la enseñanza de una carrera u oficio civil alterno? ¿En la disyuntiva si deben ser los oficiales leales o inteligentes? opino que deben ser enteramente profesionales y altamente cualificados. Para superar las páginas erróneas de nuestra historia republicana, necesitamos lideres capaces y competentes.  

Revaloricemos la cadena de mando, la de Cáceres, Bolognesi, Castilla, Benavides, Ureta, Hoyos, Chiabra, Alatrista y tantos buenos líderes y acabemos de una vez con la de generales dizque “victoriosos” o “gasolineros”, que permitieron con sus deficientes decisiones que nos arrebaten territorios, firmemos tratados de paz de rodillas, maten soldados, derriben helicópteros, permitieran la corrupción y robo y deterioraran la imagen institucional.

Para empezar a ser disuasivos establezcamos una organización territorial militar cercana a los puntos de aplicación y su correspondiente planeamiento estratégico operativo. No sé si nos convendrá en el tiempo ser tan convencionales. Afirmemos que la doctrina debe de ser la base de nuestro accionar institucional. A lo mejor, nos conviene la guerra hibrida. A lo mejor es necesario desmilitarizar el VRAEM y nos dedicamos a la defensa de las fronteras, pero ya no de puestos de vigilancia aislados, sino en base a una fuerza de tarea de reacción rápida y uso de satélites. 

En el tema de la seguridad y defensa nacional, es hora de incorporar al consejo de seguridad nacional a los comandantes generales de los tres institutos conformantes de las Fuerzas Armadas, así como dándole mayor participación para fines de seguridad y defensa al jefe del estado mayor conjunto. De esta manera, el Ministro de Defensa, se encargará exclusivamente de la política militar. Su función básica será traducir la política de defensa en orientación para las Fuerzas Armadas, definir criterios y estándares para materiales y equipos en uso.

Fijemos como tareas inmediatas, el proceso de modernización que comprende la estructura, el despliegue y la renovación de equipos; la modernización de la carrera y reforma militar; el sistema de financiamiento; establecer el factor militar como herramienta de la política exterior; y modernizar las industrias de la defensa.  

El hecho de estar en una región de contrastes y de múltiples amenazas acompañado de una clara definición política de no invadir fueros militares y viceversa, debería acelerar el encuentro de la Sociedad con su Ejército.

Se debería establecer políticas de estado en materia de defensa dejando de lado políticas difusas de acuerdo con el gobierno de turno y peor aún a ideologías antimilitaristas.

Se debe establecer una doctrina operacional, que represente la razón fundada que perfila la forma de razonar y combatir de las unidades. Que sirva de base para los currículos docentes, que represente el estándar en materia de liderazgo y entrenamiento para el combate.  

Asimismo, debe materializarse un compromiso permanente de las fuerzas armadas en materia de derechos humanos, incidiendo en el respeto, educación, protección y formación de estos.

Otra pregunta por hacernos. ¿Cómo quedó el Perú después de la derrota del 79?

Dice Jorge Basadre, tacneño ilustre: “en la desolación inmediata, la angustia económica privada y pública, la debilidad, la soledad (…), víctima de algo difícil de remontar, el complejo de inferioridad, el empequeñecimiento espiritual, perdurable jugo venenoso destilado por la guerra, la derrota y la ocupación”. Dios de los Ejércitos, no permitamos que esta tragedia se repita.

Mi homenaje a aquellos soldados que murieron en la defensa territorial en la defensa de la integridad y en defensa de la sociedad en la lucha contra el terrorismo. Mi solidaridad con los que producto de los enfrentamientos quedaron inválidos. Mi homenaje a los oficiales, suboficiales y tropa en su valerosa y arriesgada intervención en el desastre natural producto del niño costero.      

Propongo una visión: un ejército siempre a la altura de los desafíos y requerimientos del Siglo XXI, no necesariamente multifuncional, en marcha junto con la civilidad hacia la celebración del Bicentenario de la Republica, que coincidentemente será también nuestro bicentenario fundacional.     

Victor Velasquez Perez Salmon  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.       

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1 comment on “El ejército del Perú y el Bicentenario de la independencia nacional

  1. Lamentablemente, nuestro Ejercito instituido por el Generalisimo Don Jose de San Martín, fue «Re-creado» por Bolivar, quien lo destruyo y lo humillo, hasta someterlo a sus particulares caprichos, destituyo a los oficiales y generales que no le eran adictos, para poner al mando a Gran Colombianos que le eran sumisos y obsecuentes, como ya lo había hecho en en su propia tierra, quiso minimizar a los Husares y a sus jefes en Junin, pero la evidencia de su accionar no lo pudo ocultar, acuso a los soldaos del ejercito de Los Andes de traición y los desterró sin pena ni gloria y menos reconocimiento, pese a su apoyo en Pichincha, lo que sucede en nuestro ejercito hoy es lamentablemente lo que de Bolivar aprendieron y de San Martin no aprendieron, hay que desterrar ese mito Bolivariano, que ha llevado a su propia nación al desastre.

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