Arturo García Opinión

¿Quién es Jesús en el siglo XXI?

Bien podemos dejar el convulso tema de la política por estos días del adviento que se consumen agitados y alegres en prepararse para una celebración, fiesta cristiana, que es el nacimiento del hijo de Dios, su entrada en la historia, en el tiempo, de un modo ciertamente modesto reflejado en su cuna y su compañía. Es innegable su impacto en la humanidad. Casi siempre para bien, pero por ignorancia o mala fe, en ocasiones también con frutos podridos.

Fue conocido primero en oriente medio, Europa y por conducto de esta posteriormente en América. Poco menos en África y menos aún en el lejano oriente. Recibió el nombre hebreo de Yeshua, que significa “el salvador”, un nombre frecuente en esa época. Posteriormente es reconocido por los suyos como “Christós”, traducción griega de Mashiaj (hebreo en su expresión fonética latina), que significa “el ungido”.  Jesús el Cristo. Pero los judíos de su tiempo no lo creyeron tal, sino un agitador, un impostor, un nazareno que decía ser rey. La religión nueva busca ser universal, para todos los pueblos. Así que se extiende rápidamente por el mundo occidental y con el tiempo anima los imperios que nacen del romano. Posteriormente, con el surgimiento del Islam, ellos también lo reconocen, con respeto por cierto, lo mismo que a su madre, pero como profeta, no como Dios. Toda la edad media modeló a Europa en torno de su doctrina y sus efectos, incluidos arte y ciencia, pero incluye organización social y política, sus guerras y conflictos.  Y renace con el descubrimiento del nuevo mundo. Los tiempos modernos intentarían durante siglos demostrar, un paso más allá, que no hay nada de divino en sus enseñanzas y que el mundo se puede modelar prescindiendo de su mensaje. Este intento fracasa a mediados del siglo XX y se proclama ahora que solo nos queda, sin tiempo infinito ni esperanza, llenarse de emociones para aquí y ahora.

Él mismo en su momento, relata Mateo 16:15, hace una pregunta a sus discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?”. Una pregunta muy pertinente y actual a propósito de estos días. ¿Quién es Jesús para mi, qué me dice hoy, qué espacio ocupa en la sociedad contemporánea, qué sentido tiene su propuesta, qué ofrece mejor que la ciencia o la técnica? Bajemos a mayores especificidades ¿qué le dice a los jóvenes, a los pobres, a los enfermos, y qué les dice a los ancianos, a los sanos, a los ricos, a los instruidos? ¿Qué les dice a quienes creen que la vida se agota en la tierra y no hay sino usarla en la propia medida? ¿Quién dicen los gobernantes del mundo que es, los científicos, los empresarios, otras religiones o los agnósticos?

Hay estudiosos que afirman que el fenómeno religioso está en franco retroceso. A lo más es un bien cultural. Afirman que esto es mas acentuado en países de mayor prosperidad material, que el desarrollo expulsa las motivaciones religiosas de la vida, que son prescindibles. Ciertamente muchos países europeos llevan ese camino. Bajan las ordenaciones sacerdotales, se cierran parroquias, disminuye la asistencia a celebraciones religiosas. 

Vivimos en un mundo que cuantifica, mide, pesa, paga por obtener satisfactores. Un mundo en el que coexisten quienes han logrado beneficiarse de los avances científicos y técnicos para prolongar la vida, saciar el hambre, evitar incomodidad, y quienes siguen careciendo de ello, como hace miles de años. Y no refugiados en zonas geográficas inaccesibles, sino junto a nosotros en las periferias de nuestras propias ciudades. ¿Qué le dice el hijo del carpintero a quienes pueden acceder incluso a lo superfluo y a quien carece de lo estricto?

Para mi, el que celebremos la navidad significa que, mas allá del número, de la condición socioeconómica, frente a quienes han sustituido los valores del espíritu por sus emulaciones materiales, por el aquí y ahora, sigue habiendo quien ha dado una respuesta positiva a esa pregunta fundamental, y ha dicho, como oímos decir en Juan 11:27 a Marta la hermana de Lázaro “Si Señor, yo creo que tu eres el Cristo, el hijo de Dios”. Y creemos, como dice el papa Francisco, que esta convicción tiene una fuerza transformadora que le da sentido a la vida, y brinda una solución a las necesidades humanas profundas. Porque el Dios de los cristianos no es un dios romano, hecho a semejanza  de los hombres. Misericordioso como es, ingresa en el tiempo por la puerta del pesebre para rescatarnos y darnos vida eterna, el concepto del infinito antes desconocido en la humanidad.

Con total respeto a quienes ofrecen una respuesta diferente, y con el mismo ánimo inspirado en la clásica estampa del niño rodeado de sus padres, los modestos animales y los humildes pastores, brindo un fraterno abrazo a todos esta navidad.

Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación.  Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico. 

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