Opinión Víctor Velásquez

Castilla uno de los grandes peruanos del Bicentenario

Castilla, está a la altura de Grau, Bolognesi, Cáceres y, Quiñones, en la vida militar; a la de Pardo, Piérola o Belaunde, entre nuestros gobernantes; como Artigas, para el Uruguay, Lincoln en los EE. UU., López para el Paraguay, O´Higgins para Chile, y San Martín para la Argentina. Para el Perú, es el gran estadista por excelencia.

Lejano parece el año de 1797 cuando, en el silente desierto de Tarapacá, en medio de la alegría familiar, vino al mundo una de las figuras más señera, respetada y venerable de la nación peruana. De su niñez, sabemos que, su hermano mayor y tutor Leandro, lo condujo a Lima por los años de 1810 al 11, con el objeto de atender a su educación.

En cuanto a su carrera militar, en 1812 fue adscrito como cadete al regimiento de los Dragones de la Frontera. Luchó en 1816 al lado de los españoles contra San Martín y después en Chacabuco, fue hecho prisionero, junto con el general Marcó del Pont por los patriotas y enviado a Buenos Aires. En 1821 se presentó como voluntario al ejército de San Martín y en 1822, recibió el ascenso a teniente. A fines de diciembre de 1823 fue sancionado por su negativa ante la orden de Bolívar para que entregara las fuerzas que él mandaba a Trinidad Moran. Ello, explica su ausencia en la batalla de Junín. En la batalla de Ayacucho peleo como coronel del estado mayor de Sucre.   

En el siglo XIX, Ramón Castilla, fue el creador de un proyecto político eficiente y eficaz, que luego de dos periodos casi seguidos de gobierno, colocaron al país por primera vez en su historia republicana a la vanguardia. Si el rompimiento con España dejó añicos, y profundas brechas sociales al país, pues el luchó por recomponerlas. En un momento crítico de nuestra vida republicana, fue el que lideró con un discurso político pragmático, sin color político preponderante y sin distinción socioeconómica, logrando articular un proyecto dirigente nacionalista que logro abarcar a todos los sectores sociales y económicos. No era un movimiento de cuartel de aquellos, ni un proyecto civil con exclusión de los militares, era un proyecto conjunto que necesitaba el país en ese tiempo. En él intervinieron una clase dirigente abierta, sin anclajes partidarios. En el tuvieron cabida las personas más inteligentes y doctas del país. A mediados de la década de 1840 este importante caudillo militar, logró reconstruir un orden político patrimonialista, en el cual las imágenes republicanas de unidad y espíritu de cuerpo volvieron a mostrar su poder de convocatoria. Ensayó un peculiar modelo político sostenido en tres puntos de apoyo: la economía de exportación guanera, la ideología del bien común articulada por el sacerdote Bartolomé Herrera, y una compleja red de clientelas político-militares, fortalecida con el dinero de boom exportador. La base de todo este triunfal proceso fue obligar a los ciudadanos cumplir la ley. Con la ley vino el orden, y con el orden, la prosperidad del país.

Su reforma militar y naval, tuvo el objetivo histórico de transformar y modernizar a las instituciones armadas dentro del nuevo marco del gobierno republicano independiente. Fue sustituir el antiguo Ejercito Real por un nuevo Ejército Nacional. Para ello tuvo que resolver muchos problemas tales como: la inseguridad en el empleo de los cuadros de mando, la división ideológica entre las distintas facciones, las enconadas rivalidades en los procesos de ascensos, las dudas sobre el sentido más racional para la modernización de las estructuras y la especialización del aparato militar, convirtiendo al país en una potencia sudamericana.

Dijo de él el poeta Carlos Augusto Salaverry: “Fue tan patriota como se podía, y aunque el oro a sus plantas esparcía; el pueblo lo bendijo: murió pobre”.

En su Mensaje a las generaciones de hoy y del mañana: la estela que él ha dejado en la Historia Peruana y Continental conservará su luminosidad, destacándose siempre la enhiesta figura del Libertador, no únicamente como símbolo de un pasado signo y constructivo, sino también encarnando al hombre guía para inspirar los actos de bienestar y grandeza de la Nación en su marcha hacia el futuro.     

Victor Velasquez Perez Salmon  Coronel del Ejército del Perú en Situación de Retiro. Se ha desempeñado como Catedrático de Historia Militar en la Escuela Superior de Guerra, Director de la Comisión Permanente de Historia, y miembro del Proyecto Ejercito 2001.  Es autor de varias publicaciones de historia, ensayos, poesía y cuento.

3 comments on “Castilla uno de los grandes peruanos del Bicentenario

  1. Juan Félix Pereyra Castillo. Abogado y poeta.

    !Bravo Víctor¡ Opino que nos necesitamos sentir ORGULLOSOS por alguien para seguir su ejemplo y desarrollarnos.!!!Bravo¡¡¡

    Te sigo en la ruta trazada como buen militar y magnifico escritor.

  2. Juan Félix Pereyra Castillo. Abogado y poeta.

    Castilla es el ejemplo a seguir y estudiar. Ningún otro.

  3. Juan Félix Pereyra Castillo. Abogado y poeta.

    Naciste para este papel en la vida republicana, te sigo y apoyo.

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