Opinión Tomás Marky

Perspectivas. El arte del asedio y la defensa

Llamamos Poliorcética al arte del asedio, defensa y toma de ciudades, cuya denominación viene de Demetrio de Macedonia apodado también Poliorcetes por su habilidad en estos menesteres.

En la antigüedad, en el decurso de las llamadas guerras púnicas se enfrentaron las dos más grandes potencias de la época, Roma y Carthago, acciones que tuvieron lugar entre los años 264 y 146 AC, destacando en su desarrollo un general romano llamado Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano Menor, a quien no debe confundirse con su padre adoptivo llamado Publio Cornelio Escipión Africano Mayor, vencedor del gran Aníbal en Zama, y quien destacó porque asedió y tomó dos grandes ciudades cuya defensa resultó sumamente complicada para los ejércitos romanos, nos referimos ciertamente a Carthago y Numancia.

      Esta tomas son notables porque Escipión Emiliano logró sus victorias gracias a su ingenio de estratega así como por la estricta disciplina y entrenamiento que impuso a sus desmoralizadas tropas.

      La batalla y toma de Carthago (149 AC) tuvo lugar en lo que hoy conocemos como Túnez en el norte de Africa y fue decisiva porque se desarrolló en la tercera guerra púnica y tuvo como epílogo la destrucción de Carthago y el fin del más grande rival de la Roma de entonces.

Las tropas romanas inicialmente al mando del cónsul Manio Manilio, al desembarcar en Carthago, obtuvieron la rendición de la ciudad, la misma que entregó rehenes y armas; pero, un error estrtégico de los romanos al exigir el abandono de la ciudad y su destrucción total, dio lugar a que los cartagineses decidieran no aceptar tales condiciones y luchar a ultranza en defensa de la ciudad.

Los cartagineses liberaron esclavos, se armaron para luchar hasta morir e hicieron una defensa formidable de la ciudad.

Por fortuna, los romanos reemplazaron a Manlio y escogieron al joven y popular Escipión Emiliano. Este líder militar impuso una recia disciplina entre las tropas romanas y luego de encarnizados combates casa por casa logró derrotar a los cartagineses quienes se rindieron en un número aproximado de 50,000 y de inmediato fueron esclavizados. Así terminó Carthago el enemigo mortal de Roma y por quien en el senado se instauró la famosa frase, atribuida a Catón el viejo, «Delenda est Carthago» (Hay que destruir a Carthago)

      En el año 133 AC, es decir 16 años después de la toma y destrucción de Carthago, los romanos se enfrentaron a la brava Numancia de la antigua Hispania (Hoy nor este de España) donde encontraron una fiera resistencia de los valientes numantinos que venían derrotando desde buen tiempo a los romanos, hasta que Roma decidió llamar nuevamente al retirado Escipión Emiliano.

Escipión no necesitó reclutar un gran ejército sino que reunió a una pequeña guarnición y aprovechó al ejército romano encargado del sitio de Numancia.

La primera sorpresa de Escipión fue encontrar un ejército completamente desmoralizado e indisciplinado y entregado a la molicie; decide entonces, disciplinarlo expulsando a las meretrices, comerciantes y adivinadores de la suerte. Impuso una dura disciplina e inició un fuerte reentrenamiento.

      Los numantinos retaban abiertamente a los romanos a sostener encuentros frontales; sin embargo, Escipión no acepta y haciendo gala de su genio de estratega decide cercar la ciudad, que era de aproximadamente de 8,000 habitantes en tanto su ejército era de 60,000 hombres, lo que manifiesta a las claras la extraordinaria bravura de los numantinos de quienes se decía que eran en realidad fieras humanas.

      Una vez cercada la ciudad decide vencerlos no por el combate sino por el hambre, lo que finalmente logra gracias a una gran paciencia estratégica.

Se narra que los numantinos comían pieles hervidas, luego se comieron a los soldados muertos, luego a los enfermos y, finalmente, rechazaron este tipo de carne y los más fuertes atacaron a los más débiles.

Al cabo de un tiempo, el hambre venció a los numantinos, pero antes de rendirse y perder la libertad que tanto amaban, muchos se suicidaron y los que se rindieron, al salir, presentaban un aspecto terrible, escuálidos, vestidos con harapos y con el vello crecido presentaban una horrenda suciedad despidiendo olores fétidos y aun así exponían un aspecto fiero y terrible.

De esta manera Escipión Emiliano es recordado por la historia como un extraordinario conquistador y tomador de ciudades.

En nuestras guerras coloniales, recordemos que entre las fuerzas que envió el Virrey de Nueva Granada a efectos de aumentar las tropas realistas en el Perú, se contaba un batallón nombrado «Numancia», cuerpo que gozaba de gran prestigio por su número y disciplina; sin embargo, en lo que conocemos como «La defección del Numancia», este bravo batallón español fue seducido por las tropas libertadoras y se pasó a luchar por las fuerzas patriotas. Esta unidad estaba comandada por el capitán español numantino don León de Febres Cordero, quien al momento de la defección se encontraba fuera del Perú.

      La historia de la humanidad registra muchos casos como el asedio y la toma de Carthago y de  Numancia pero, hay un caso en la historia moderna que es bueno recordar, nos referimos al sitio y asedio de la ciudad de Stalingrado en Rusia y en el desarrollo de la segunda guerra mundial.

Antes de enfocarnos en este asedio recordaremos que la Alemania de Hitler había establecido un Pacto de Entendimiento y Paz con la Rusia de Stalin, pacto que fue firmado por los cancilleres Molotov (Rusia Soviética) y Von Ribbentrop (Alemania Nazi). Ello no obstante,, el 22 de Junio de 1,941, Alemania rompe este pacto y, sorpresivamente, Hitler da rienda suelta a sus verdaderos objetivos y se lanza hacia el este, es decir hacia la Unión Soviética de Stalin, con el inicio de la operación «Barbaroja».

      Según narra Daniel Muchnik en su «Stalingrado, la batalla que decidió la Segunda Guerra Mundial» comandaba las tropas alemanas el general Friederich Von Paulus y defendió la ciudad el marical ruso Zhukov, aunque finalmente y por celos, Stalin atribuyó la victoria al general Vasili Chuikov.

El avance de los alemanes fue arrollador y llegaron a ponerse a 40 km de Moscú, pero había una ciudad desde la cual se podía detener a los alemanes y esa ciudad era Stalingrado.

      La defensa y el asedio de Stalingrado es un ejemplo referencial moderno de las virtudes de la poliorcética y las acciones que allí tuvieron lugar son de todos conocidas, solo recordaremos que esta formidable batalla dejó, lamentablemente, 2 millones de muertos entre civiles y militares además de 660,000 heridos y enfermos.

Los alemanes no estuvieron solos sino que fueron acompañados por tropas búlgaras, húngaras, italianas y los españoles de la llamada división Azul.

Finalmente, Von Paulus se rindió junto a 90,000 soldados alemanes y luego de esta victoria, el ejército rojo  inició su contraofensiva que terminó con la captura de Berlín.

Un año después de esta derrota de los alemanes en el frente Este, tropas aliadas lideradas por los norteamericanos desembarcaron en Normandía.

      Dentro de las enseñanzas que podemos aprender de estos asedios y toma de ciudades, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos y que son de utilidad no solo para la milicia sino para cualquier colectividad que apunte al desarrollo social y económico, hay una que es fundamental y esa es la disciplina, entendiendo a ésta como un conjunto de normas o reglas de comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre miembros de un cuerpo o de una colectividad.

Solo la disciplina, en cualquiera de las acciones que emprende el ser humano puede llevarnos a obtener los resultados que aspiramos alcanzar.

Jenofonte, el escritor ateniense narra en su libro Anábasis (que quiere decir la subida en una de las más grandes retiradas emprendidas exitosamente por un ejército) la vida y muerte de Clearco, uno de los generales griegos capturados por los persas (era un hombre duro y de afición desmedida por las guerras) y que es recordado por haber afirmado que «un ejército sin disciplina no sirve para nada», sentencia que hoy en día ha devenido en lo que conocemos como «la disciplina es la base fundamental de los ejércitos».

      Otra enseñanza de especial importancia es la que nos señala que la superioridad numérica no siempre asegura o es garantía de una victoria; prima sobre esta consideración la paciencia del estratega y, como dijo Napoleón Bonaparte, en la guerra hay solamente un momento favorable, la gran habilidad es tomarlo; desde luego, esta sentencia alcanza los emprendimientos del ser humano en todos los campos de su quehacer civilizado.

Tomás Teobaldo Marky Montero.
Estudió en la Escuela Militar de Chorrillos, egresando el 01 de Enero de 1965. Pertenece al arma de infantería y es general de división en situación de retiro. Es graduado de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y del Centro de Altos Estudios Militares. Fue Jefe Político Militar de Ayacucho, Comandante General de la Tercera y Cuarta Regiones Militares; Inspector General del Ejército y, Jefe del Estado Mayor General del Ejército.

1 comment on “Perspectivas. El arte del asedio y la defensa

  1. Tomás Marky Bertarelli

    De niño solía oír recitar con fascinación varios de estos pasajes históricos a mi padre quien sorprendentemente a pesar de los años sigue sabiéndose de memoria, incluso los nombres completos de varios de los protagonistas.

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