Johan Leuridan Opinión

La templanza

La templanza enseña a gozar mejor de la vida. No se trata de tener menos placer sino de tener un mejor placer. Es una necesidad cultivada. Por la templanza controlamos nuestros placeres y gozamos de nuestra libertad. Aristóteles dice que la templanza está entre dos extremos: la insaciabilidad y la indiferencia. ¿Cómo podemos ser felices si nos sometemos a nuestros deseos que son ilimitados? La templanza es un medio para adquirir independencia, así como la independencia es un medio para conseguir la felicidad.

La templanza pertenece al arte de gozar de la vida. Respetamos nuestros límites. Los deseos ilimitados son la enfermedad de la imaginación. La templanza es quizá la virtud más difícil porque se relaciona con los deseos más fuertes y necesarios para la vida del individuo: comida, bebida y procreación. Son deseos difíciles de controlar. No se trata de reprimirlos, sería un error, sino de controlarlos para lograr una armonía. Es una regulación de nuestra pasión por la vida. “De aquí que en el nombre de la templanza signifiquemos que ella salvaguarda la prudencia” (Aristóteles, 2005: 136).

Johan Leuridan Huys. Licenciado en Sagrada Teología de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y Doctor en Teología de la Pontificia Universidad Urbanianna del Vaticano. Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad San Martín de Porres. 

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