Carmen Velarde Opinión

La confianza social: yo no robo, tú tampoco

Por favor, conteste la siguiente encuesta: 1) ¿Dejaría usted su celular sobre la mesa de un restaurante sin nadie que lo cuide mientras va a los servicios higiénicos?, 2) ¿dejaría usted su cartera / billetera sobre el lavadero de un baño público mientras utiliza el casillero?, 3) ¿prestaría su libro favorito a alguien que acaba de conocer?, 4) ¿sacaría un crédito bancario a su nombre para prestarle la plata a su mejor amigo bajo la promesa de que él o ella pagará las cuotas mensuales? Deténgase aquí. Si su respuesta a estas preguntas ha sido “NO”, ya no es necesario continuar. Cualquier otra interrogante similar conllevará a igual resultado.  

Podríamos cuestionar la falta de políticas de seguridad ciudadana o de leyes y autoridades poco estrictas que facilitan los robos y engaños, pero no. Permítanme sustentar que todas estas acciones de escepticismo, temor al fraude, miedo del otro, incredulidad de la palabra o sospecha de traición se basan en el quebrantamiento de la confianza social. “Yo creo en ti pero por si acaso, firma aquí”; “yo soy confiable pero si no te he pagado es porque no tengo, pero pronto me devolverán una plata que presté y te aseguro que te devolveré”. 

Para Peter Hall, la confianza social es la predisposición de las personas a confiar en sus conciudadanos, mientras que para Javier Díaz-Albertini, se trata de la creencia de que los demás se comportarán de acuerdo a nuestras expectativas; es el resultado de interacciones constantes en las que las partes cumplen sus compromisos.  

En una sociedad con alta confianza social “Yo no robo, tú no robas”, “yo no engaño, tú no engañas”, “yo no miento, tú no mientes”, “yo te cuido, tú me cuidas”, en conclusión, es una sociedad en donde los costos de transar “entre tú y yo” son nulos, y si no lo son, son mínimos, pequeños.

Si queremos un país que nos ofrezca una positiva calidad de vida, un país cuyos servicios sean eficaces y alcancen a todos, un país en donde se pueda caminar tranquilo sin tener que cuidarme de quién pasa a mi lado, un país en el que nuestros hijos puedan jugar en el parque sin que temamos que sean tocados, entonces, debemos modificar nuestras conductas y ello implica comprometernos todos los días en “hacer el bien”: decidir no mentir, cumplir mis tareas, pagar mis impuestos, detenerme en la luz roja, permitir cruzar al peatón, tirar la basura en el basurero y no en la vereda, no escupir en la calle, pagar mis deudas, no pedir préstamos que no podré pagar, no robar, respetar el pico y placa, comprar el SOAT, pasar la revisión técnica vehicular, renovar mi brevete, renovar mi DNI, pagar el mantenimiento del condominio, pagar el alquiler del departamento y muchas otras cosas más.

Si no lo hacemos, continuaremos en el país de todos y de nadie, transitando en calles con altos índices de robos, circulando por pistas y veredas derruidas, viviendo en calles rodeadas de rejas, con tasas de morosidad elevada e intereses que tratarán de asegurar la pérdida ante el no pago. Tendremos productos a menores costos pero nada perdurables, pediremos un cebiche de lenguado y comeremos caballa sin saberlo (y para darnos de gourmets expresaremos que estuvo muy rico). Y tanta desvergüenza nos provocará indignación, a lo mejor estrés o quizá depresión, pero no lo sabremos porque las políticas de salud no inciden en el bienestar mental; y nos angustiaremos y exigiremos al Estado hacer algo; y demandaremos mejores servicios, mejores políticas, mayores sanciones a los desvergonzados; y viviremos en el caos, en ese círculo vicioso interminable que hubiéramos podido detener tan sólo comprometiéndonos a “hacer el bien”, que no es sino ser responsables con nosotros mismos y con los demás.

¿Podemos cambiar para transformar nuestra nación?, ¿podemos vivir en una sociedad de confianza social en donde yo no mienta y tú tampoco? A ver, empecemos de nuevo esta historia: “Había una vez un país llamado Perú…”

Carmen Velarde Koechlin.
Consultora en Gestión Social y Derecho de las Tecnologías. Es abogada y Master en Derecho Empresarial por la Universidad de Lima; Magíster en Gerencia Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Magíster Artis en Gobernabilidad y Procesos Electorales por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset. Ha sido Gerente de Restitución de la Identidad y Apoyo Social del RENIEC y Gerente de Oficinas Desconcentradas del OSIPTEL. Presidente de la Asociación de Ex Becarios de JICA-Perú (APEBEJA).

3 comments on “La confianza social: yo no robo, tú tampoco

  1. Muy bueno Camuchita, el cambio social empieza cuando reconozco mi parte en el problema y me pongo a trabajar en mi primero.

  2. greem leiva

    El cambio comienza por nosotros. respetándonos a nosotros mismos y por consiguiente respetando a los demás.

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