Veritas es el lema de la universidad de Harvard porque la universidad debe trasmitir a sus estudiantes la importancia de enseñar la verdad, y no la apariencia de verdad que dirían los filósofos clásicos. Platón decía también quela verdad es un ideal que hay que buscar y perseguir.

Decir la verdad era algo permanente en la enseñanza de nuestra infancia, dándole un valor a aquel que no mentía; es más, la mentira estaba castigada.

Aprendimos el valor de la verdad. ¿Qué sería sin la verdad en la investigación? Pensamos y tenemos hipótesis o creencias sobre los asuntos que nos rodean, pero necesitamos trabajar e investigar para demostrar que son así, en eso consiste pasar de la hipótesis a la tesis para demostrar.

Damos valor a las marcas que no engañan, que no venden “gato por liebre” como dice nuestro refrán, porque la veracidad sobre composición es síntoma de calidad y cuando, en algunos casos, se puede demostrar que una marca o un producto nos engaña, está castigado por el consumidor, porque convertimos en valor lo auténtico, lo puro, lo que es verdad y no engaño.

La verdad parece un valor en nuestras relaciones más personales o en nuestras relaciones de pareja y, en muchos casos, se rompen las relaciones interpersonales cuando una de las partes descubre un engaño. Es importante que nuestra pareja no nos mienta hasta el punto de llegar a romper una relación de años por descubrir el engaño o la mentira.

Entiendo entonces que la verdad es un valor, frente a la mentira que será un antivalor. “La verdad os hará libres” dice el texto bíblico y fuimos educados en esta línea. Por todo lo anterior, parece deducirse que lo mismos que exigimos a las marcas y productos, la misma verdad que deseamos en nuestras relaciones profesionales, familiares, de amistad y de pareja, deberíamos exigir a nuestros representantes públicos.

Difícil es confiar en quien cada día pretende que creas y defiendas lo uno o su contrario. Y así llevamos una semana con explicaciones contradictorias sobre el hecho de la reunión-encuentro del ministro del reino de España, Sr. Abalos con la vicepresidenta de Venezuela Sra. Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas. Tan pronto nos dicen que no bajó de su avión, ya que tiene prohibido pisar espacio Schengen y para lo que el gobierno español tendría que haber pedido permiso a Bruselas, lo que no hizo. Después nos dicen que el ministro Abalos ha hecho un servicio casi impagable y ha evitado un conflicto diplomático.

El caso es que el señor Abalos ha manifestado trasladarse a Barajas en un coche privado para recibir a su amigo ministro y entonces fue avisado de que en el mismo avión venía la señora Delcy Rodríguez. Parece que si esto se sabía, debían haber prohibido que aterrizara ese avión. Y así entre versión y versión y las que todavía puedan venir, lo único que hemos sembrado son dudas y sospechas, porque cuando los datos no coinciden y un ministro ofrece diferentes versiones, finalmente cada ciudadano se quedará con la que decida. ¿Por qué no nos dicen la verdad?, ¿tan vergonzosa es la versión verdadera para preferir este vodevil?, ¿qué oculta Ábalos y el gobierno de España con respecto al aterrizaje en suelo español de la señora Delcy?

Decía John Fitzgerald Kenney que “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo” y precisamente esta es nuestra esperanza, que las mentiras de los representantes públicos duren el menor tiempo posible.

La pregunta ahora es ¿Por qué prefieren seguir alimentando el escándalo antes que decir la verdad?

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.

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