Opinión Tomás Marky

Perspectivas sobre Justiniano, Napoleón y el derecho

Resulta muy difícil precisar con exactitud los orígenes del Derecho y habría que remontarse hasta la prehistoria para conocer las raíces  de lo que hoy en día conocemos como Derecho. Se dice que desde tiempos de los romanos evolucionó desde el concepto de deius que se entendía como el arte de lo bueno y de lo equitativo al de directiun que hace de la ley el camino a seguir y de donde viene la voz direito, dret, droit, diretto (Coronas González, 1,996).

Entendiéndose entonces que la palabra Derecho significa lo que es recto, no torcido y correspondía, desde tiempos de los romanos, a los jueces determinar lo que es recto o no, con los efectos sociales correspondientes (Teoría de la historia del Derecho de Carolina Unzueta Oviedo, estudiante del doctorado de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile).

En su mismo trabajo Unzueta Oviedo, dice que se entiende el desarrollo del Derecho como parte de la historia de la humanidad y como tal forma parte de la experiencia y de las necesidades sentidas en cada época.

      Desde muchísimos años atrás, han existido líderes que de alguna u otra forma en el devenir de la historia han contribuido al desarrollo y perfeccionamiento del Derecho para la solución de las controversias y para señalar las líneas maestras que conducen la vida y acción de los países en su desarrollo histórico.

Para este apretado artículo señalaremos a dos grandes líderes que, como muchos otros, dejaron a la humanidad su impronta en el desarrollo del Derecho, nos referimos a Justiniano y a Napoleón Bonaparte.

      En un artículo anterior dijimos que la edad antigua termina en el año 476 DC, con la caída del imperio romano de occidente: sin embargo, también dijimos que en esos tiempos ya existía el imperio romano de oriente que era conocido como el imperio bizantino por la antigua ciudad de Bizancio que más tarde tomó el nombre de Constantinopla en honor al emperador Constantino y que hoy es la ciudad de Estambul en la Turquía moderna.

Este imperio sobrevivió 10 siglos al imperio de occidente y terminó con él la edad media en el año 1,453 con la toma de Constantinopla por los turcos otomanos, iniciándose la edad moderna. Pues bien, en el desarrollo del imperio romano de oriente destacó mucho el emperador Justiniano (483- 565 DC) que es conocido también porque tomó como esposa a una cortesana (prostituta) llamada Teodora que lo ayudó enormemente en su gobierno y gracias a su ingenio logró tener una gran influencia en grado tal que se dice fue muy importante en la reforma y reconstitución de Constantinopla, convirtiéndola en una de las ciudades más espléndidas de la época.

Además de Teodora, Justiniano se hizo secundar muy inteligentemente por el general Belisario en el campo militar , quien con sus conquistas permitió la ampliación y consolidación del imperio.

Justiniano, también tuvo una destacada actuación imperial por su protección a las letras y a las ciencias dejando para la posteridad, en el logro de estos objetivos, una gran obra jurídica. Para este fin, Justiniano se valió de Triboniano quien organizó un gran compendio de las principales legislaciones romanas que se plasmó en lo que hoy conocemos como CORPUS JURIS CIVILIS (Cuerpo del Derecho Civil) y que comprendió, lo que a grandes rasgos, señalamos a continuación:

– El Digesto o Pandectas, que fue una recopilación de las principales sentencias y opiniones de los más destacados juristas del imperio romano de los siglos II y III de nuestra era.

-El Código de Justiniano, que fue una recopilación sistematizada de las principales leyes de los emperadores de Roma.

– Las Institutas, que fue un manual que sirvió para orientar la interpretación del Digesto o Pandectas. Y

– Las Novelas, que fue una recopilación de las leyes de Justiniano durante su mandato imperial.

      Como es de suponer y frente al Derecho moderno, la obra de Justiniano tenía muchas imperfecciones pero hay que considerar que ésta surgió luego de la hecatombe que significó la caída del imperio de occidente; los especialistas modernos la analizan a partir del entorno histórico y social de este hecho trascendental en la historia de la humanidad.

Para mayor abundamiento hay que señalar que Justiniano heredó el trono de su tío llamado también Justiniano quien a la muerte del emperador Anastasio I, se apoderó del trono solo por sus méritos militares pero se conoce que, en realidad, era un soldado inculto, rústico y de orígenes bárbaros. Justiniano, el que la historia admira, resultó ser un hombre de grandes ambiciones y con proyectos que tendieron siempre a la restauración del antiguo imperio romano.

      En los tiempos que Justiniano accede al trono, la reforma de la legislación del imperio se convirtió en una obra indispensable para arreglar el caos que existió hasta entonces. El Corpus Juris Civilis fue un ordenamiento legal que contribuiría a una gobernanza que ha considerado su gestión imperial como la primera edad de oro de la civilización bizantina.

      En tiempos más modernos existió otro gran estratega y legislador que el mundo conoce como Napoleón Bonaparte (1,769- 1,821) que le dió a Francia lo que hoy se conoce como el Código Napoleónico o Código Civil de Francia. Nacido en Ajaccio capital de lo que hoy es Córcega (Por eso se le dice el gran corso), en el seno de una familia numerosa de ocho hermanos, era de una estatura e 1.69 mts. y ha merecido desde su incursión en la vida de Francia y de Europa un tratamiento tan amplio como apasionado. Era sin duda un genio del arte militar y de la gran estrategia, llegando a dotar a Francia, además, de estructuras sólidas y estables que pusieron orden y significaron el fin del caos político precedente. Tuvo y tiene admiradores y detractores como Chateaubriand que vieron en el a la encarnación del espíritu del mal.

Pese a todo, tuvo la virtud de dotar a Francia de un Código Civil que es ,a no dudarlo, uno de los más conocidos códigos civiles del mundo y también uno de los más influyentes.

El Código de Napoleón expresa los grandes logros de la revolución francesa y es su catalizador en las formidables aspiraciones del ser humano. Estos son:

– La libertad individual.

– La libertad de trabajo.

– La libertad de conciencia.

Señala de forma tal la abolición del régimen feudal que hizo imposible su resurrección.

Este código oficializó y consolidó muchas leyes que nacieron tras la revolución de Francia y es de gran influencia en el mundo occidental. Significa el afianzamiento de las conquistas de la revolución francesa de 1,789 y señala para siempre la igualdad jurídica para todos los ciudadanos, la individualidad de la propiedad, la libertad de trabajo, el principio de la laicidad, la libertad de conciencia y la separación de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

Muchas constituciones del mundo moderno han bebido de los lineamientos de este adelantado código, incluyendo por supuesto las 12 constituciones que tenemos en nuestro país (1,823-1,826-1,828-1,834-1,839-1,856-1,860-1,867-1,920-1,933-1,979- y la de 1,993 vigente).

      Es así como el Derecho, entendido como un conjunto de normas que se inspiran en las ideas de justicia y orden y que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia es impuesta por parte del poder público (Wikipedia. Derecho) se ha nutrido de diversas fuentes en la historia del acontecer humano, desde emperadores, reyes y militares hasta ciudadanos ilustrados o no para hacer del diario trajinar de nuestras vidas una existencia mejor y más civilizada en el logro de valores morales, éticos, universales, humanos, culturales, sociales, religiosos y uno que es fundamental en nuestras sociedades, los valores familiares. 

Tomás Teobaldo Marky Montero.
Estudió en la Escuela Militar de Chorrillos, egresando el 01 de Enero de 1965. Pertenece al arma de infantería y es general de división en situación de retiro. Es graduado de la Escuela Superior de Guerra del Ejército y del Centro de Altos Estudios Militares. Fue Jefe Político Militar de Ayacucho, Comandante General de la Tercera y Cuarta Regiones Militares; Inspector General del Ejército y, Jefe del Estado Mayor General del Ejército.

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