Isabel Manrique Opinión

No votan por mujeres

Este último proceso electoral, desarrollado para escoger a un renovado Congreso que culminará el mandato 2016- 2021, nuevamente nos ha golpeado con los mismos problemas – incluso más acentuados – de nuestro sistema electoral y de nuestra cultura ciudadana.

Uno de los problemas que ha relucido es la escasa participación política de mujeres. Transparencia señala que las listas estuvieron compuestas solo en un 40% por ellas y los resultados – aún no proclamados oficialmente – dan cuenta que solo un 25% de los 130 integrantes del  congreso serían mujeres. Es decir, tenemos 33 virtuales congresistas femeninas a diferencia de las 36 del congreso disuelto. ¿Mejor representados? ¿Acaso esto demuestra que la “ley de cuotas” no está funcionando?

A partir de esto, es claro que pese a tener más mujeres candidatas en listas los electores no votan por ellas. ¿Por qué? La respuesta es amplia y tal vez este artículo no pueda recoger todos los argumentos o razones, pero sí precisar que existe una gran responsabilidad de los partidos políticos en su visión y trabajo a corto y largo plazo.

El activismo de mujeres militantes en los partidos políticos nacionales es escaso. Sin embargo, cuando sucede que una candidatura o cargo dirigencial es ocupado por una mujer, la principal asociación con ella no es la meritocracia. El grueso de militantes del partido o ciudadanía en general lo asocian en principio a su aspecto físico y, en segundo lugar, al interés que pueda generar ella en el entorno de hombres su alrededor. Prejuicios que no vienen solo de varones sino también y principalmente de mujeres, desmereciendo su liderazgo, capacidades académicas e intelectuales, experiencia previa, etc.

Esto en ninguna medida pretende decir que los ciudadanos deben votar por mujeres porque son mujeres sino que se reconozca que existe un velo de prejuicios que impiden que se valore su capacidad y que este debe eliminarse; es decir, no a la valoración por el sexo o género sino por los méritos. Y que ello, consecuentemente, se refleje en resultados electorales.

Para tal fin, los partidos políticos no solo tienen la responsabilidad de promover la participación política de cuadros femeninos y además apostar por su formación y capacitación; esfuerzos ciertamente necesarios pero insuficientes, sino que deben implementar una reforma educativa que cambie los prejuicios sociales que existen contra la mujer. Esta última – a consideración de quien escribe -, debe alejarse de la victimización histórica del género y de atribuirle nuevos privilegios reparativos para, en lugar de ello, implementar una educación humanista que valore a la persona por su condición de tal.

Por lo que, en el marco del fortalecimiento de la democracia y, en esa lógica, de incrementar la participación política de los ciudadanos – con especial atención a las mujeres-, los partidos políticos representados en este congreso tienen la tarea de, al menos, sembrar la semilla de una reforma educativa que reinserte en la currícula escolar criterios humanistas, es decir, educación que enseñe al ser humano a ser humano, con respeto y tolerancia entre ellos, independientemente del género. Una educación que brinde una formación integral que sitúa a la persona como el valor principal y que recoja cualidades éticas y morales, permitiéndole desarrollar una postura crítica frente a los desafíos modernos.

Los resultados de lo último solo podrán ser visibles a largo plazo pero es el único camino que asegura la participación política de las mujeres a través de canales meritocráticos; o dicho de otra forma, para que las mujeres puedan ser electas no por su condición de tal sino por el reconocimiento de sus cualidades y virtudes.

Isabel Manrique.
Abogada. Fundadora del Círculo Académico “Paideia” de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UNASAM. Directora de Formación Juvenil, miembro del Consejo de Redacción de la Revista Testimonio y colaboradora de la Revista Pensamiento Social, del Instituto de Estudios Social Cristianos. Egresada de la Escuela Electoral y de Gobernabilidad del JNE. Becaria del programa Emerging Leadears en Washington DC de la Embajada de E.E.U.U. en Perú; y del programa de Formación Política de la Fundación Konrad Adenauer.

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