Arturo García Opinión

Los parásitos, el guasón y el irlandés

Ahora hagamos un pequeño paréntesis de los temas políticos más formales para abordarlos, pero desde otro ángulo, aprovechando que este pasado domingo ocurrió la premiación de la academia a lo mejor del cine, en su particular modo de apreciarlo. Una gala por cierto, quisiera lamentar presumiendo, ahora sin mexicanos, aunque había nominados, en la línea de los buenos trabajos que desde unos años a la fecha hacemos por acá.

En esta ocasión los premios estuvieron mas o menos distribuidos, aunque la película sobre la primera guerra mundial, llamada entonces solamente “la gran guerra”, se llevó algunos de ellos.  Aspira a ser la película definitiva sobre ese episodio del que hace poco se cumplieron cien años de finalizada. Una guerra pienso poco dimensionada en nuestro continente, pero que representó un autentico parteaguas en la conciencia de la humanidad.

Sin embargo, la gran ganadora fue la coreana “Parásitos”, que alude a una condición, humana, mas que a algún tipo de ser biológico. Una cinta inteligente y sorprendente, con muchas lecturas y mensajes bien codificados, no burdamente obvios, para que resulten atractivos en su descubrimiento. Habla de una familia pobre que termina viviendo de forma “parasitaria” de una familia rica. Y solo con sutileza se lee que ocurre también a la inversa, los ricos son dependientes del trabajo de los pobres, en tareas elementales que no pueden hacer por si mismos. Por esta ruta nos introduce a los recovecos que podríamos llamar políticos del filme, la critica social a esta división, existente por la vía de los hechos, de orillas aún lejanas, de fronteras claramente delimitadas, dentro de nuestras propias y únicas sociedades nacionales. Con el marco de un final inesperado, nada explícito, como se espera generalmente de las obras de arte.

Las otras dos películas a las que me quiero referir fueron menos galardonadas, pero no por ello dejan de aportarnos claves de la vida humana contemporánea, como en general suele ser el cine, que revela y mensajea, y por esa vía intenta uniformar, vastas porciones de la humanidad.

EL guasón, en español, el joker en inglés, se aleja del mundo fantástico de los superhéroes en el que su carácter de villano no hace sino servir para aumentar la dimensión épica de aquellos, condenado siempre a la derrota. Aquí adquiere un semblante mas realista al indagar en los orígenes de esa encarnación del mal que busca impedir el éxito de los buenos. Y nos conduce por la biografía de alguien que podríamos llamar “un ángel enfermo”, un espíritu que se derrumba derrotado, incapaz de sostenerse a si mismo, y al que los sistemas que permiten el avance de los mas retrasados, en esta ocasión son incapaces de auxiliar. Y eso lo hace derivar a un mundo sórdido, a establecer una venganza, paradójica en su careta de payaso con la que debería divertir y hacer felices a los otros. Recordemos como la máscara era en el antiguo teatro griego el “prosopon”, raíz de la palabra persona, que es lo que individua a los integrantes del género humano.

Entonces el guasón contiene una fuerte carga social. Si es una cruda expresión de nihilismo en que vive esta sociedad, es la descripción de los modos como esta sociedad, así tan genérico, está arrojando a las orillas, a las periferias existenciales, a tantas personas que con mejores oportunidades podrían transitar con mas satisfacciones por las condiciones complejas de la existencia.   Mas allá de lo deprimente que pueda llegar a ser, del desasosiego que provoque, también puede, debería, extraer una reflexión mas profunda y al menos un cuestionamiento de lo que seguimos haciendo equivocadamente, sin horizonte de solución a la vista. Con evidente justicia Joaquín Phoenix ha ganado el Oscar por este papel.

En otra línea, quizá no tan diferente, salvo en los desenlaces, para mi complementarios, está mi película favorita, “El irlandés”, del legendario Martin Scorsese. No es necesario escarbar mucho para saber porqué una cinta, reconocida como una obra maestra, no ha ganado ningún premio. Al muy liberal Hollywood no le gustan estas estas temáticas. Y no me refiero a la de sus primeras tres horas sino a sus últimos diez minutos. 

Técnicamente es todo un alarde, homenaje al gran cine. Con técnicas de maquillaje y digitales, el mismo actor interpreta al mismo personaje que envejece cuarenta años a nuestros ojos. Lo fácil es el maquillaje, lo difícil en envejecer la actuación para hacerla consonante y por tanto creíble. Y Roberto de Niro en este sentido dicta una cátedra, maestro como es, junto con sus compañeros de reparto, a cual mas colosos de la actuación, cuajados de resultados y reconocimientos.

La historia es de un matón. “Me dijeron que pintas casas”, suponemos que le dice el capo al reclutarlo, y que en la jerga de la mafia alude a la sangre que mancha las paredes en una ejecución. Toda una vida de desorden, que cercana su muerte se propone reconstruir, recordar, “volver a poner en el corazón” según su etimología, cuando luego de sus acciones en la segunda guerra mundial es reclutado para soportar con la fuerza las acciones y decisiones torcidas de los lideres gansteriles, en particular la sindical de los camioneros, del célebre Jimmy Hoffa. Este ejercicio de memoria con el recuento, el cuento para si mismo, de los episodios de su trabajo, pasa de una neutra relatoría al juicio, la evaluación, y de ahí, con un paso muy corto, al arrepentimiento y la necesidad de redención. Hubo un tiempo en que Frank, ese matón irlandés reclutado en su juventud, desapareció sin dejar rastro. Suponemos que quien cuenta es ese, vuelto a la vida solo para buscar con los últimos alientos, la ruta que lo encamine en paz hacia su último paso, y conseguir, a pesar de todo el daño que ha hecho, la ejecución de la promesa aquella formulada por San Juan de la Cruz: en el ocaso, seréis juzgados en el amor.

Scorsese hace así por un lado un reconocimiento, quizá final, extensión de su antecesora película “Silencio” sobre los mártires en el lejano oriente, de sus raíces católicas. Insertado de modo testamentario en un balance de su obra, la magistral manera de abordar la vida de los clanes familiares de la mafia a lo largo de una larga y fructífera carrera en los foros. Podría haberse quedado en esta última dimensión, y hacerse de galardones. Pero no sucumbió a la tentación. Para el guasón, para esa escoria de la sociedad que fue ese irlandés, para Scorsese, para todos, después de los caminos aun sigue un camino.

Arturo García Portillo.
Político mexicano miembro del Partido Acción Nacional, del que fue miembro de su dirigencia nacional por varios años. Fue Diputado Federal, miembro de las comisiones de relaciones internacionales y comunicación. Consultor en campañas electorales y comunicación.  Colaborador habitual de la Fundación Konrad Adenauer. Actual asesor de la alcaldesa del municipio de Chihuahua, Mexico. 

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