Martín Belaunde Opinión

Mi amigo Lalo

Me enteré de la muerte de Eduardo Cabrera Ganoza un día después de su entierro. Por alguna curiosa razón no vi el mensaje del almuerzo de los martes, al que él y yo asistíamos con regularidad, que avisaba su deceso. Cuando abrí la página necrológica de El Comercio, sin duda una de las más leídas de ese diario, tomé conocimiento que ya no estaba con nosotros. Usted amable lector podrá preguntarse, ¿quién fue Eduardo Cabrera Ganoza? Puedo decir muchas cosas de él, pero por encima de todo diré que fue un hombre de bien en cada día de su accidentada existencia. Y reitero lo de accidentaba porque trabajando como Ingeniero de Minas – esa era su profesión – sufrió un grave accidente de trabajo que le destrozó el pie y la parte inferior de su pierna izquierda.

Ese doloroso accidente lo obligó a  caminar con cierta dificultad. Sin embargo tal limitación en ninguna forma le impidió seguir trabajando en lo que más le gustaba, los estudios geológicos, materia que conocía a profundidad por su profesión y además la política tanto regional como nacional. Lalo era iqueño por  ancestro, aunque también trujillano por lado materno. Su familia condujo durante varias generaciones una hacienda en el valle de Ica, llamada Los Pobres. No era una propiedad familiar sino una “obra pía” conforme al antiguo derecho español, cuyos conductores pagaban anualmente una renta del 10% de sus ventas  para aliviar la suerte de los más menesterosos. Todo por cierto terminó con  la reforma agraria de Velasco. Sea lo que fuere, Lalo era un hombre de gran emoción social pero no en un sentido de protesta, sino más bien de encontrar los mejores medios  para que la gente supere la pobreza a través de la inversión y del trabajo.

Nos hicimos muy amigos en 1984 cuando él se desempeñaba como Presidente del Directorio de Hierro Perú, siendo yo Gerente General de Minpeco, ambas empresas del Estado, que de manera conjunta comercializábamos el mineral de hierro peruano en Japón y Corea. En ese momento era  difícil vender nuestro mineral de hierro por algunas impurezas del producto, particularmente su alto contenido de azufre, rechazado por muchas siderúrgicas debido a razones ambientales.

Recuerdo su conocimiento científico y explicaciones técnicas ante nuestros compradores para vencer dicha dificultad que afectaba seriamente nuestro flujo de caja, lo cual fue logrado en gran medida gracias a su intervención personal. Hoy esa situación ha sido superada porque  la actual empresa explotadora, Shougang HierroPerú, le vende su producto a su entidad matriz en China y además ha efectuado importantes inversiones  con el objeto de solucionar dicha limitación ambiental. En aquel momento  (1984/85) el Estado peruano, en plena discusión con nuestros acreedores sobre el pago de nuestra deuda externa, no  podía realizar una inversión de gran magnitud. Las cosas en ese aspecto han cambiado significativamente para mejor, pero hay mucha gente que no aprecia la actual fortaleza financiera del Perú, a pesar de nuestro reducido crecimiento, debido fundamentalmente al aporte productivo de  la minería e hidrocarburos.

Nos volvimos a encontrar en el Congreso durante el período 2011 al 2016. El había sido elegido congresista de Ica en las filas de Fuerza Popular. Yo era congresista de Lima por Solidaridad Nacional. Nuestras diferentes bancadas en nada impidieron que tuviéramos una eficaz colaboración en la Comisión de Energía y Minas. Fue mi estrecho consejero en la preparación de un proyecto de nueva ley orgánica de minería que desgraciadamente no llegó a ser dictaminado por dicha comisión. Ello debido a que el gobierno de Humala lo vetó porque quería promulgar su propio proyecto mediante  decreto legislativo, a pesar de su flagrante inconstitucionalidad. Desde entonces se han dictado muchas disposiciones puntuales pero no existe una nueva ley orgánica que regule la industria minera en su conjunto. En las actuales circunstancias de absurda negación de la minería promovida por grupos cercanos al   terrorismo, quizás sea mejor así.

Los últimos años de Lalo fueron muy duros porque su accidente le dejó una penosa secuela, que condujo a que sufriera  nuevas enfermedades. Parte de su tiempo de Congresista se vio seriamente afectado por infecciones recurrentes.  Cuando terminó su período congresal tentó nuevamente la suerte  política en el 2018, postulando por Acción Popular a la gobernación regional de Ica. Desgraciadamente no fue elegido pero su lema me pareció genial, “la lampa vencerá al hampa”. Esperemos que esa frase se concrete en el nuevo Congreso. Lalo en sus últimos tiempos, no obstante  su disminuida salud, era un hombre que irradiaba entusiasmo por Ica y por el Perú. Lalo era por encima de todo un hombre  optimista a prueba de balas con un extraordinario sentido del humor que lo hizo muy  querido en su entorno cercano y lejano. Tus amigos siempre te recordarán. Descansa en paz.          

Martín Belaunde Moreyra
Bachiller en Derecho y Abogado por la PUCP y Magíster en Derecho Civil y Comercial por la USMP. Abogado en ejercicio especializado en Derecho Minero e Hidrocarburos.  Autor del libro “Derecho Minero y Concesión”. Ha sido Vice Decano, y Decano del Colegio de Abogados de Lima, y Presidente de la Junta de Decanos de los Colegios de Abogados del Perú y en el ámbito público: Embajador del Perú en Argentina y Congresista de la República del Perú en el período 2011-2016.           

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