Claudia Doig Opinión

No es broma, es urgente

Acabo de ver el primero de los cuatro videos de la campaña “Esto no es broma, esto es urgente”, presentada por Jason Day junto con un grupo de colaboradores, y en coordinación con el cardenal Pedro Barreto, como una iniciativa para contribuir a comunicar la importancia del cuidado que debemos tener todos -especialmente los jóvenes- ante la pandemia y la posibilidad de contagiar a nuestros amigos, familiares, vecinos.

En términos de comunicación, la estrategia que augura esta campaña apela a un mensaje sencillo, simple, claro, entendible por todos y no por ello menos relevante ni de bajo impacto. Al contrario: desde ya se ve que pretende conectar con los jóvenes a través de un vehículo tan universal y afín como puede ser la música, apoyándose en la simpatía de un carismático rapero chalaco (Elciem), manejando un lenguaje visual limpio y luminoso, y ofreciendo una promesa de valor basada en algo tan apreciado y valorado por todos como es la vida, los amigos, la familia.

Sencillo, directo, humano. Y eficiente en términos de comunicación y de establecer puentes de contacto positivo con las personas. E impulsor de la bidereccionalidad de la comunicación: súmate a este compromiso, sé parte de la solución.

Frente a este spot, es inevitable pensar en lo opuesto que resulta la reciente campaña del Estado -pretenciosa, por cierto- que apela al miedo y a la culpa a través de un mensaje enrevesado que nos traslada directamente al lado opuesto del espectro: lo oscuro, lo negativo. Y con total ausencia de empatía. ¿Cuál es la promesa de valor que plantea? ¿Qué puentes de contacto establece? ¿Hay algún interés por la comunicación integral, o más bien se queda en la antigua visión del “yo sentencio y tu acatas y te callas? ¿Emisor-receptor a la antigua? ¡Las cosas han cambiado, eh!

Porque, a ver: ¿con qué conectamos y reaccionamos mejor los seres humanos? ¿Con el estímulo positivo o con la amenaza de castigo? ¿Y los peruanos? ¿Es que de veras creemos que funcionamos mejor con el maltrato y el castigo? (¿más te pego, más te quiero?).

Estamos en el 2020, y aunque seamos un país al que le falta mucho por desarrollar y mejorar en educación, civismo y ciudadanía, tampoco estamos ya en la época en que el padre rígido, amenazante y castigador era el que determinaba qué se hace y qué no. Algo hemos evolucionado como sociedad, y el Gobierno debería entenderlo de una vez a la hora de segmentar qué y cómo comunica la información que tan importante nos es a todos en plena pandemia.

Y esto es fundamental: hace poco se ha empezado a señalar que las cifras de muertes por covid-19 estarían en descenso (especialmente en provincias, porque el problema principal sigue siendo Lima). Es estupendo, pero eso no implica que no sigamos en una situación muy crítica, y que seguiremos así en los siguientes meses. ¿Qué hará el gobierno para comunicar los pasos a seguir? ¿Seguirá con mensajes confusos, poco eficientes y amenazantes? ¿O se decidirá por trabajar una estrategia más proactiva, que involucre positivamente a las personas, que las haga parte de la solución y no del problema?

Quizás por primera vez estemos, en tiempo real, frente a un escenario en el que dos campañas que no son de corte electoral, que van a un mismo segmento de la población y que persiguen mismos objetivos, manejan mensajes y estrategias de manera tan diferente. Y no es que una sea respuesta de la otra, sino que una ha surgido por ineficiencia de la otra. Y sí, pues: no es broma, es urgente.

Claudia Doig.
Comunicadora y periodista de amplia trayectoria en prensa escrita y televisión. Especializada en comunicación estratégica, relacionamiento con stakeholders y gestión de la reputación y marca en el sector público y privado. Directora editorial de revistas, libros y publicaciones temáticas.

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