Hay dichos populares que dicen que las desgracias nunca vienen solas o que “no hay dos sin tres” y parece que esto es lo que sucede en estos tiempos de crisis.

Efectivamente no tenemos una crisis, tenemos al menos tres. A la crisis sanitaria producida por el coronavirus, debemos añadir la crisis económica y que parece que será larga y la crisis social e institucional.

La primera en estallar fue la crisis sanitaria producida por el virus y que hizo que en España nos confinaran el 14 de marzo. Esto produjo el cierre de centenares de negocios y no solo los relacionados con el turismo y la hostelería, sino de múltiples sectores, que no saben cuándo se volverán a activar y podrán retomar su posición anterior, pero parece que muchos —según los datos que vamos conociendo— no volverán a abrir. En este momento todavía siguen acogidos a un ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) unos 800.000 mil trabajadores y se desconoce la cifra de cuántos de ellos podrán pasar al desempleo.

Algunos hablan ya de una crisis económica superior a la última sufrida en 2008, ya que afecta a muchos sectores y nadie se atreve a pronosticar la fecha de recuperación, porque aún no sabemos cuándo podrá comenzar a reactivarse con cierta normalidad la economía. Sabemos que la economía no son solo números, sino confianza en el marco jurídico y en el contexto y situación de un país, pero nuestros políticos no aprueban esta asignatura.

Por si no tuviéramos bastante con lo anterior, vivimos un momento político delicado con un gobierno de coalición con los comunistas, donde sus miembros se rectifican continuamente unos a otros. Ya sabíamos que el modelo Frankenstein no sería el mejor y cuando lo decíamos no teníamos la delicada situación que hoy padecemos. Es habitual que un ministro de Podemos diga justamente lo contrario que otro ministro socialista del mismo gobierno, lo que no contribuye a generar la confianza necesaria en un momento crítico. No se ponen de acuerdo en las medidas. Unos prometen lo que otros dicen no poder prometer, lo que no contribuya precisamente al clima necesario de confianza y credibilidad en circunstancias tan delicadas.

Ahora, al presidente español le corresponde presentar y diseñar unos presupuestos generales con los que gobernar esta crisis y la deseada postcrisis cuando llegue y sumar  los apoyos suficientes para que salgan adelante. Europa está reclamando dichos presupuestos para proporcionar las necesitadas ayudas, pero lo primero es que el gobierno se ponga de acuerdo consigo mismo, paso previo para pedir a los demás partidos del arco parlamentario su apoyo. Esperamos que lo consiga por el bien de todos los ciudadanos, pero el espectáculo que presentan muestra una estampa preocupante y no genera esa confianza deseada para la recuperación.

Algunos comienzan a pensar que nos encontramos ante el peor gobierno y en el peor momento.

Podemos así decir que no hay dos sin tres y no precisamente para bien.

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.

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