Guillermo Ackermann Opinión

La nueva normalidad

Lo que hoy es actualidad, mañana se llamará historia. Aunque suene a juego de palabras, la historia se escribe cada día, la construimos todos en lo cotidiano.  Por eso cuando escucho expresiones como la de este titular, la “nueva normalidad”, lejos de parecer que se está produciendo un cambio, siento como si fuese, más bien, algo construido que se trata de imponer a la fuerza. El mensaje que se transmite es: hay una nueva manera de vivir.

Entonces me surgen algunas preguntas. La primera se cae de madura:

¿Qué es una “nueva normalidad”?

Según la Real Academia de la Lengua Española la palabra “nueva” se refiere a algo Recién hecho o fabricado. Que se percibe o se experimenta por primera vez. Es decir, algo que no existía previamente, que ha sido inventado o creado para esta ocasión.

La “normalidad” más bien está referida a las cosas establecidas, permanentes, que no muestran diferencias significativas. Es relativa a las normas vigentes.

Entonces la expresión en sí misma de una “nueva normalidad” pareciera más bien una contradicción. En días en que hay corrientes fuertes que pretenden promover cambios culturales. Modificaciones en las maneras de hablar. Transformaciones en como nos referimos a las personas o cosas, por género o número, diera la impresión que ésta sería una “nueva innovación” propuesta por intereses particulares o algún grupo  para seguir generando esa necesidad de “cambio”.

La sugerencia de una “nueva normalidad”, más allá de cambio de hábitos, de cuidados especiales por las medidas de bioseguridad, de la modificación temporal de algunas de nuestras formas de comunicarnos y relacionarnos con los demás, de la inclusión e incorporación de herramientas que enriquecen nuestra accesibilidad y nos hacen optimizar el tiempo, diera la impresión de introducir, de contrabando, un cambio de normas, una diferente manera de vivir.

Entonces viene una nueva pregunta: ¿cuál es ese renovado estilo de vivir?

De manera aleatoria trataré de centrarme en algunas de las características que he experimentado en este tiempo particular:

  1. Pasar más tiempo en casa. Convertir el hogar es nuestro eje, en nuestro centro de operaciones.
  2. Redescubrir y valorar a nuestra familia y compartir los quehaceres cotidianos.
  3. Aprovechar mejor el tiempo, ahora que se ahorran las horas de desplazamiento.
  4. Compartir nuestro trabajo con otras actividades que nos enriquecen, ya sea hobbies o reencuentros virtuales con familiares y amistades a las que regularmente no les dedicamos atención.

Podría enumerar algunas más y no logro entender qué de nuevo tienen ellas.

En cuanto a la incorporación de la tecnología y de la práctica del “teletrabajo” o “reuniones virtuales “ de cualquier índole, creo que es un uso de herramientas que, existiendo desde hace mucho, recién se ha incorporado a la cotidianeidad del hogar y que esta emergencia nos ha obligado a manejarlas como una necesidad de mucha utilidad.

Sin minimizar el instrumento, creo que es un avance tecnológico más, como lo fue el celular, el internet, las redes sociales, como una evolución que se suma a los grandes aportes de las últimas décadas y se incorporan al día a día.

Genera valor y brinda facilidades, sí, pero no nos cambió la vida. Mañana cuando podamos volver a salir, saldremos. Cuando podamos volver a reunirnos, nos reuniremos. Cuando podamos volver a ir al estadio, o a un concierto, lo volveremos a hacer. Y sobretodo cuando podamos volver a abrazar a nuestros seres queridos, lo haremos con toda nuestra fuerza.

Entonces: ¿cuál es “la nueva normalidad”?

Más bien tendería a pensar que sería más afortunado plantear un “regreso a las fuentes”, “volver a lo esencial”, “recuperar las buenas costumbres” antes que plantear una “nueva normalidad”.

Descubro que detrás de esta inventada expresión, hay un intento de cambio de paradigmas, de variación de las normas, de venderle a la gente que ha empezado una transformación total, de pensamiento, de valores, de modelos sociales, económicos, políticos. Un intento de comenzar a escribir una nueva historia. Intuyo una suerte de aprovechamiento ideológico.

Por tanto, queda la última pregunta, quién está detrás de la “nueva normalidad”.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

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