David Montoya Opinión

La eficacia de ensuciarse los zapatos

El presidente del Consejo de Ministros Walter Martos y el presidente de la República al inicio de este nuevo gabinete ratificaron que este era un gobierno que se ensucia los zapatos. La traducción política de estos es que el gobierno esta con la gente y sus preocupaciones, por eso es empático. Como dice el Papa Francisco: “Ensuciarse los pies por los caminos polvorosos de la vida”.

Desde el Congreso, éste y los anteriores siempre han reclamado a los miembros del Poder Ejecutivo que salgan de sus oficinas y se ensucien los zapatos, como un llamado permanente a que conozcan la realidad y puedan establecer políticas eficaces.

Sin embargo, el estilo de viajar, con o sin “portátil” en viajes de “inspección” no es un tema nuevo dentro del estilo tradicional de comunicar desde el gobierno. Es una pieza comunicacional que tiene más de 20 años, instaurado por Alberto Fujimori y Montesinos, donde se inauguraba o se inspeccionaba una obra cada día, con la parafernalia mediática del caso, llevar periodistas desde Lima, interrumpir la transmisión de los programas televisivos o radiales para hacer la transmisión en directo, estrado o ambientación de lo que se presenta como “bonito” o nuevo para los efectos marketing público.

Pero, así como el Congreso continúa con el sistema administrativo (tan beneficioso para los padres de la patria) instaurado por el fujimontesinismo, los gobiernos democráticos que se sucedieron establecieron por inercia que ese tipo de comunicación era la más aparente y la más propicia para los fines de transmisión en línea y comunicar a nivel nacional.

Los ministros, viceministros, funcionarios y hasta el presidente de la República llegan a los territorios, a hacer acto de presencia inspectiva, para mostrar la preocupación real o no tanto de que el gobierno nacional tiene en cuenta a sus ciudadanos, o sus administrados como dice los abogados en el sector público.

Estas presencias regulares u ocasionales siempre causan expectativas en la población, porque no es usual que una autoridad nacional visite provincias o distritos del país. ¿A ver qué novedad tienen? Normalmente es el compromiso que se realizará una obra pública, siempre necesaria y urgente en el Perú unitario y descentralizado.

Sin embargo, lo que en realidad están pidiendo en la población es eficacia para que se resuelvan sus problemas, que son muchos más hoy en condición de pandemia. Precisamente el Estado se descentralizo hace 18 años para acercar el trabajo del sector público a los ciudadanos, donde la autoridad más cercana a la población conocía los problemas a resolver y por tanto podía ser más eficaz. El criterio de subsidiariedad que le llaman.

La pandemia también destruyo este esquema de organización del Estado, los gobiernos regionales y locales no han sido capaces  siquiera de conocer dónde están los pobres de sus territorios, para que los bonos o la ayuda en alimentos llegue a tiempo; y en el gobierno nacional, se sigue manejando el país desde los ministerios que han generado programas nacionales que invierten en los departamentos y provincias, muchas veces sin que la autoridad regional o municipal tenga conocimiento.

Cuando escuchemos otra vez a los políticos ensuciarse los zapatos, hay que pensar que lo que se pide es eficacia para solucionar problemas públicos de un modo sostenible.

David Montoya.
Estudios de posgrado en politología, comunicador, con vasta experiencia en la dirección y asesoría en el diseño, formulación y seguimiento de políticas públicas en diversas entidades como la Presidencia del Consejo de Ministros, el Ministerio de la Mujer, la Municipalidad de Lima, el Congreso de la República. Coordinador de Políticas e Incidencia en el Grupo Propuesta Ciudadana. Analista de Coyuntura en el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (DESCO) y docente de pregrado y posgrado en la Universidad Cayetano Heredia.

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