María Palma Peña Jiménez Opinión

¿Quo imus? ¿A dónde vamos?

Un acontecimiento llamado virus, coronavirus SARS COV-2, que se extendió por el mundo y se convirtió en una pandemia, nos encerró en casa como no habíamos supuesto ni en las peores de nuestras pesadillas.

Creíamos que vivíamos en la certidumbre, en la seguridad, en la monotonía incluso. Hacíamos planes para el trabajo, programábamos las siguientes vacaciones y reservamos vuelos, hoteles, destinos, sin apenas dudas de que sucederían.

Pero en marzo, todo cambió.

La esperanza de vida que, en España, era de las más altas de Europa y del mundo, pasó a ser una cifra que cambiaba cada día y que nadie se atrevía a pronosticar. Desaparecieron de un plumazo las certidumbres, las seguridades, los planes firmes y lo peor de todo, desaparecieron familiares, personas conocidas que habían formado parte de nuestra vida hasta ese entonces y nos dimos cuenta de nuestra debilidad, de lo frágiles que somos.

Este tiempo ha supuesto y está suponiendo un tiempo para la reflexión, para las preguntas sobre lo importante y para el análisis. Hablamos y escribimos sobre la brecha digital, sobre la pandemia en el mundo, sobre la educación en tiempos de COVID, sobre la manipulación de la información, sobre la desinformación y sobre la mentira política.

Creíamos que la ciencia nos había privado ya de pandemias que asolaron otros siglos, otros tiempos que considerábamos pasados y creíamos que las patologías del siglo XXI serían fruto del estréss, que sufriríamos enfermedades neuronales fruto de la vida acelerada ante las múltiples pantallas, pero no había pasado por nuestra mente una pandemia viral mundial que nos hiciera pararnos en seco. Y sucedió.

Este revulsivo debe contribuir para pararnos a reflexionar y pensar, ¿a dónde vamos?

Observo que la pandemia ha dejado al desnudo al homo videns ante las pantallas, desde la televisión hasta la computadora y el teléfono móvil.

Observo como la pandemia ha supuesto un retroceso de las libertades individuales y como los gobiernos han intentado e intentan engañar a sus ciudadanos con los datos, las cifras de fallecidos, la crisis económica que ya tenemos encima y con tantos otros temas.

Observo como los gobernantes aprovechan la pandemia para enviar sermones a través de todas las pantallas a su alcance, discursos adormecedores a unos ciudadanos abatidos por la inseguridad y el miedo, discursos con medias verdades en el tiempo de la post-verdad, que antes siempre se llamó mentira.

Y pienso en el peligro que conlleva la pretensión de imponer un modelo intervencionista, controlador, de aquellos de siglos ya pasados cuando las crisis eran víricas. Y me pregunto si la pandemia ha acelerado el cambio hacia un nuevo modelo político, económico y social, donde los ciudadanos parecen meros observadores. Cambiar, sin consulta previa, aprovechando el miedo, la debilidad, la crisis y el caos, aprovechando la sociedad cansada y anestesiada.

Es tiempo para la REFLEXIÓN en mayúsculas, no sea que la pandemia sea el pretexto perfecto para los totalitarios.

Hagamos que no lo sea.

María Palma Peña Jiménez.
Doctora en Comunicación por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España). Licenciada y Máster por la Universidad de Salamanca. Directora del Máster Universitario en Protocolo, Comunicación Institucional y Organización de eventos y Coordinadora a su vez del Grado en Protocolo, Organización de eventos y Comunicación de la URJC. Autora de numerosos artículos científicos centrados en el análisis pragmático del discurso, sobre todo del discurso político, la comunicación política y la educomunicación.

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