Luis Otoya Trelles Opinión

Violencia y enojo: papel, tijera o piedra

Ponernos de acuerdo entre niños a veces era difícil, entonces cualquier diferencia la arreglábamos a la “yankenpó”. En base a este aleatorio juego en que nuestras manos tomaban forma de papel, tijera o piedra, elegíamos jugadores de cada equipo o definíamos quién comenzaba a jugar. El fundamento del juego es interesante porque cada elemento tiene una opción ganadora. Papel le gana a piedra porque la envuelve. Piedra le gana a tijera porque la “chanca”. Tijera le gana a papel porque lo corta.

He tomado estos tres elementos para hacer una analogía que permita analizar el rol que cumplen actualmente las diferentes plataformas de comunicación y cómo sus contenidos promueven la violencia en nuestro país y exacerban el enojo. Papel de la prensa. Tijera a la televisión y Piedra de las redes sociales.

La violencia y el enojo parecen tomar espacios cada vez más importantes en la cotidianeidad de la vida de los peruanos. Los medios de comunicación han forzado y ganado a empujones espacios en los que nos han impuesto el tipo de contenido y han decidido de qué forma, cuándo y cuánto tiempo estaremos expuestos en caso que nos pongamos en su camino.

La prensa escrita, en su papel, por su posicionamiento y sin necesidad de ver sus portadas podemos predecir detalles de su contenido. En los diarios populares veremos el “ampay” del día anterior, accidentes de tránsito con fotos de muertos o algún escándalo de la farándula. Los diarios formales mostrarán alguna denuncia de corrupción, enfrentamientos y puyazos entre los poderes del estado o una nueva denuncia fiscal.

La televisión, si empleara bien la tijera, debería recortar en duración sus noticieros de hasta 90 minutos, los que pudiendo durar solo 30, han convertido la larga primera parte en una oda a la delincuencia, haciendo coberturas que parecen “publicherris” del hampa, llevando al estrellato a desalmados sicarios como ejemplo de muchos desorientados jóvenes. Sus programas de entretenimiento compiten en antivalores, juegan con los sueños y emociones de niños y jóvenes que tienen como aspiración máxima en su vida ser chico(a) de la televisión.

En tiempos de pandemia, cuarentena y toque de queda, fuimos expuestos a más horas de información relacionada al COVID-19, que los medios en su mayoría convirtieron en un reality, con una parte formal de largos y repetitivos monólogos presidenciales, complementados con historias e imágenes del sufrimiento de miles de personas que imploraban ser atendidas y que morían sin lograrlo. La pandemia también nos expuso a debates y embates, ataques y defensas, confrontación y enfrentamiento, producidos virtualmente desde palacio de Gobierno o el Congreso. Esta vez sin posibilidad de cierre por parte del Ejecutivo y frente a un Legislativo más desenfadado e irreverente.

Los que participan en redes sociales, asumen su rol de comunicar y opinar. Toman en tiempo real temas relevantes para sus intereses, opinan sobre ellos, fijan su posición y al compartir su mensaje este se convierte en la piedra que lanzan a las personas con las que interactúan como amigos o enemigos, a los que siguen y persiguen, tratando de prevalecer en sus posiciones, descargando ira, odio y rencor para liberar su interior y prescindir de su sicoterapeuta. Viven felices porque terminan expectorando a todos los que piensan diferente. Hasta que uno de los que pensaba como ellos, comience a pensar diferente.

Todos estos contenidos, en diferentes plataformas, tienen un común denominador: la exacerbación de la violencia y el enojo, en todas sus modalidades.

La violencia y el enojo no son un juego. Lo importante ahora será el papel que cada uno podría tomar para revertir en algo esta carga emocional que nos enfrenta, comenzando por los responsables de los medios de comunicación que ojalá hicieran buen uso de la tijera recortando la violencia a través de un modelo más comprometido con la autorregulación y eliminando así las piedras que les pone en el camino la dependencia de los ingresos por publicidad del Estado.

Mi padre me decía desde niño que no siempre el que grita más fuerte tiene la razón. Esto me enseñó a escuchar, conciliar, negociar y tratar de encontrar puntos de coincidencia y a partir de ahí lograr acuerdos que respeten la voluntad de la mayoría. @luchootoya

Luis Otoya Trelles.
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

1 comment on “Violencia y enojo: papel, tijera o piedra

  1. Jorge Pablo Lamas Ramos

    Al fin un valiente que le puso el cascabel al gato. Saludos y felicitaciones estimado Lucho.

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