Abel Hurtado Opinión

Derechos humanos de los pobres

La declaración universal de que todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos se ha convertido en un ideal casi utópico, y esta catástrofe sanitaria lo ha evidenciado aún más en todas las partes del mundo: los pobres sufren más.

Siempre he postulado que para entender a plenitud la esencia de los derechos humanos hay que asociarlo con la dignidad humana y procesarlo desde el lado de las carencias y limitaciones de las que sufren las personas y no desde la comodidad de los que lo tienen todo. De hecho, resulta casi infructuoso hablar de derechos humanos si se goza a plenitud de todos los derechos y libertades fundamentales. Lo dicho nos lleva a plantear la dicotomía de si los derechos humanos son los derechos de los pobres, o es que existen derechos humanos y humanos con derechos.

El Estado cumple un rol fundamental en la protección de los derechos humanos, así como para garantizar su pleno ejercicio. Mientras, por un lado, hay un grupo de derechos que prohíben la intromisión del Estado para su plena realización; por el otro, hay un grupo de derechos que exige su intervención inmediata y oportuna, pues sin la presencia del Estado simplemente no podrían realizarse. Y es aquí en donde paradójicamente los estados fallan.

Significa entonces que una mala gestión estatal y una inoportuna intervención del Estado en situaciones normales o de emergencia, afecta directamente un bloque duro de derechos humanos (los de naturaleza prestacional), lo cual repercute de manera inmediata y negativa en la población, en especial en el sector pobre y extremo pobre, que ya de por sí es vulnerable. En simple: los pobres no tienen la culpa de ser pobres, sino es la consecuencia de una mala gestión estatal, que incluso le limita la expansión de sus libertades para la generación de mayores oportunidades e igualdades. La pobreza en términos de derechos humanos se mide por el acceso a los servicios básicos.

Desde años anteriores el índice de pobreza en nuestro país ha ido disminuyendo de manera progresiva, hasta llegar a un 20.2%; sin embargo, debido a la situación de emergencia sanitaria que —a su vez— ha desencadenado una crisis económica y laboral, un importante sector que ya había vencido la difícil línea de la pobreza ha vuelto a ser pobre y extremo pobre. El incremento general de usuarios en los comedores populares y la creación de ollas comunes, es un buen indicador, por ejemplo. De hecho, según los últimos cálculos, el índice de pobreza subiría al 30%; es decir, los pobres volverán a ser pobres, retrocediendo al Perú al año 2010, en donde el índice de pobreza era de 30.8%.

Esto deja una clara evidencia, que en una situación normal o de bonanzas —como ha sido la economía peruana hasta antes de la pandemia— los pobres y extremos pobres lograron algunos privilegios mínimos para superar esa brecha de las desigualdades, pero siempre estuvieron en pie de lucha por el acceso de sus derechos prestacionales insatisfechos (como salud, educación, vivienda, trabajo, alimentación, etc.) y ante esta situación de emergencia, su frágil superación emergente fue víctima de un Estado que nunca proyectó una conducción de la cosa pública para la dignidad humana como el fin supremo de los derechos humanos.

Es por ello, la necesidad de orientar la gestión del Estado desde un enfoque para la dignidad humana, tomando especial atención a las carencias y limitaciones de los pobres, pues es el Estado quien los mantiene como tales, y es que sé es pobre precisamente porque la responsabilidad delegada en el Estado no se conduce con un objetivo común que elimine este mal crónico de postergación indefinida como es la pobreza. El Estado es pobre en gestión, y no se puede combatir la pobreza con más pobreza.

Abel Hurtado.
Abogado especializado en Derechos Humanos, Derecho Ambiental y Derecho Constitucional. Magíster en Derechos Humanos por la PUCP. Becario en Derechos Humanos y Conflictos por el Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos y egresado del Programa de Derechos Humanos y Política de Vassar College, NY. Actualmente se desempeña como asesor parlamentario del Congreso de la República y docente universitario.

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