Guillermo Ackermann Opinión

Lo que el flaco nos dejó

Ha comenzado en América del Sur el proceso clasificatorio para el Mundial de Fútbol Qatar 2022. Y después de la primera jornada, en los 5 primeros lugares, se repiten exactamente las selecciones de este continente que fueron a Rusia 2018, ya que, por gol de visitante, Perú se ubica en la quinta posición.

Difícil escribir sobre la selección, sin apasionamientos o sin que el sentimiento de hincha nos gane, por lo que pretendo hacer una reflexión desde un ángulo no futbolístico.

Dos frases que nos han acompañado desde décadas en el argot futbolero son: “Jugamos como nunca y perdimos como siempre” y “el jugador peruano es un gitano”.

Desde mi perspectiva, ambas, son una oda a la mediocridad, al conformismo y a la falta de autoestima de los peruanos, que se traslada de nuestra idiosincrasia, a las canchas.

Jugar como nunca, se refiere a haber realizado un juego extraordinario, fuera de serie, habiendo destacado por encima del rival. Perder como siempre, es la visión más derrotista que puede haber. Es decir, no importa si haces algo sobresaliente, el resultado será indefectiblemente negativo. Esa mentalidad nos acompaña, en general, como país, en todas las realidades de nuestro quehacer.

Por ejemplo, tener la mejor economía de la región, y haber reducido considerablemente los índices de pobreza, y no haber disminuido la brecha social y más bien a veces pareciera que se acrecienta.

Haber tenido las Reservas Internacionales Netas  más importantes del continente, pero tener la ejecución en infraestructura más baja también.  Y podríamos seguir con más ejemplos, en los que cuando parece que el país despega, algo sucede que se viene abajo.

Y cuando decimos el jugador peruano es un gitano, estamos exaltando el lado mediocre del talento. Es conformarse con no lograr las metas, justificarse. Puedes tener la habilidad y ser muy virtuoso, pero, como eres un gitano, se comprende que no logres los objetivos. Ensalza además el lado turbio del llamado criollismo, de la viveza.

Ambas frases deberían darnos vergüenza. Deberíamos desterrarlas y no ufanarnos de ellas, como si fuesen para sentir orgullo.

Y eso es lo que quiero destacar, en estas líneas, del trabajo silencioso que viene realizando el profesor Ricardo Gareca. Lo primero que él sabe es trabajar acompañado de un grupo de profesionales, que, en este caso, desde mi perspectiva, son de los mejores del continente: el Bocha Santín y Néstor Bonillo, teniendo en su momento un rol fundamental el psicólogo Márquez, quien ha dejado un sucesor de nivel en el joven Scerpella.

Ellos han insuflado un nuevo espíritu en el jugador de la selección, le han cambiado la mentalidad. Cuando te pongas la blanquirroja, nunca más eres un gitano. Cuando vistes la bicolor, no es lo mismo si pierdes o no. No basta con hacer un juego vistoso, si es que el resultado no se da. Y si las cosas salieron mal, lo cual es posible, pues te levantas y lo corriges para la próxima ocasión, pero no te vienes abajo.

Tuve el gran regalo de haber sido testigo de excepción de algunos momentos en este proceso de cambio.

Estuve al borde de la cancha en Videna cuando dos días antes el “Tigre” dirigiendo el partido de entrenamiento, desde el círculo central, llama a los jugadores y les dice, palabras más, palabras menos: si juegan así en Asunción, a Paraguay le meten 4 en su cancha y ante la sonrisa de uno de los jugadores, muy calmadamente lo miró y le dijo algo así como: no, no  es para reírse, es una obligación contigo mismo, con tu equipo, con tu país. Dos días después Perú vencía por 4-1, en el Defensores del Chaco, a los guaraníes.

Pero este cambio de “chip”, se dio con un trabajo planificado, sacrificado y aterrizado. Sabiendo y reconociendo las virtudes de nuestro fútbol y aceptando sus limitaciones. Con los pies sobre la tierra.

Con evaluaciones, diagnóstico, proyecciones y controles. Con disciplina y responsabilidad. Con respeto y energía. Les devolvió la fe en sí mismos a este grupo de  muchachos, que estaban predeterminados a seguir el rumbo de fracasos y decepciones de los futbolistas peruanos de las últimas tres décadas.

Otro ejemplo. Un arquero que, estando lesionado, y descartado para jugar contra Argentina, se recupera silenciosamente, con mucho trabajo, al mando del magnífico preparador Honores, y juega el partido de su vida. Yo lo vi en la Bombonera.

La tan aclamada gitanería no permitiría lo que un año después sucedió en Brasil.  Los cariocas nos meten un baile de aquellos en la fase de grupos de la Copa América de 2019, con una muy mala performance del guardameta nacional. En el siguiente partido, el mismo arquero, se enseñorea en la cancha y termina tapándole el penal a Luis Suárez que nos clasifica a la semifinal. Si seguíamos con la histórica mentalidad “gitana” de antaño, en el siguiente encuentro, el golero seguramente cometía un error que nos costaba la eliminación, pero No. Como corolario además tapó otro penal en el último minuto, ahora al goleador mapochino.

¿Acaso es casualidad que por primera vez el Perú ganará una definición de penales en un partido oficial? ¿O que se ganara de visita en eliminatorias después de décadas? ¿O que jugadores que vivían de juerga en juerga, o que se hacían expulsar absurdamente hayan evolucionado responsablemente?

Pero ese espíritu no solamente se dio en el ámbito deportivo. A nivel dirigencial se comenzó también a hacer una transformación. Y se lograron objetivos impensables.

¿Alguien creería que podíamos ganar en el TAS los tres puntos perdidos en la cancha frente a Bolivia? ¿O que nuestro capitán suspendido por el mismo TAS, pudiese jugar el Mundial de Rusia, al habérsele suprimido temporalmente el castigo?

Recuerdo cuando un trabajador del área deportiva de la FPF sarcástica y autosuficientemente retó al entonces Secretario General cuestionando la participación en el CADE: si consiguen un sponsor más me paseo corriendo calato por la Videna. Dos años después no solo hubo ocho auspiciadores nuevos, sino que se habían cuadruplicado los ingresos. Seguimos esperando que cumpla su palabra.

Ojalá el Flaco se quedara siempre y nos contagiase a todos los peruanos ese espíritu ganador. Que nos diésemos cuenta tenemos todo para lograr lo que nos propongamos. Y que, con planificación, trabajo, responsabilidad e integridad podemos lograr cambiar nuestro país.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

0 comments on “Lo que el flaco nos dejó

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: