Luis Otoya Trelles Opinión

El var y el panorama desolador del presidente

Mis amigos me han escuchado decir que hay una correlación entre el fútbol y lo que pasa en nuestro país.

En marzo de hace cinco años, Ricardo Gareca, un señor entrenador, asumió la Dirección de nuestra Selección de Fútbol, un compromiso que como él mismo reconoció era EL GRAN RETO DE SU VIDA. Durante este tiempo, el mismo tiempo que tienen los gobernantes en nuestro país, identificó y comprometió, en un objetivo común, a un grupo de talentosos jugadores y sus dirigentes. Gareca, sabía al asumir, de las limitaciones, fracasos y frustraciones de nuestro fútbol. Pero esto no lo amilanó. Con su trabajo nos dieron la inmensa alegría de ver nuevamente a la blanquirroja en un mundial.

Ahora, en un difícil momento, tenemos la oportunidad de seguir aprendiendo mucho de él. Hace unas horas, los árbitros a cargo de la justicia en el fútbol, junto a la tecnología del VAR, teniendo las grabaciones, no pudieron por reglamento exigir al juez principal que vea la evidencia para que corrija sus errores o se quedaron callados porque estaban de acuerdo con su decisión.

Durante veinte años nuestros gobernantes han dado más importancia a construir faraónicas obras viales, sobrevaloradas y poco utilizadas, en vez de mejorar nuestra deficiente infraestructura sanitaria o construir más y mejores colegios para acercar la educación a las zonas rurales. La pandemia nos agarró con la guardia baja, sin hospitales, sin pruebas adecuadas para detectar y aislar al contagiado, sin camas UCI, sin haber siquiera comenzado a implementar la digitalización de la educación. En esas condiciones era previsible que el golpe iba a ser muy fuerte. De nada sirvió la “casi-centena” impuesta. El gobierno no supo aprovechar ese tiempo para suplir la deficiencia, habilitando hospitales de emergencia e implementándolos rápidamente, para estar preparados cuando la gente comenzará a salir de sus casas. Tampoco consideró que ante el confinamiento los colegios y universidades no estaban preparados para impartir educación a distancia. Como respuesta solo obtuvimos justificaciones para deslindar su responsabilidad ante lo que se dejaron de hacer otros en el pasado.  

De poco le sirvió encontrar un país con miles de millones en reservas que entregó desordenadamente, a través de bonos y alimentos, lo que contribuyó en aumentar su popularidad, pero no evitó que la pandemia se lleve por delante a nuestros médicos, enfermeras, policías y FFAA. Este virus letal atacó sin piedad a los más desprotegidos y a nuestros viejitos. Castigó a un sufrido pueblo que tuvo que elegir entre salir para vivir o morir encerrado. Las cifras de fallecidos entre abril y setiembre indican que en el mismo período hubo 80000 muertes más que el año pasado. Pero para el Gobierno la culpa la tienen sólo los negligentes peruanos que no respetaron las reglas COVID y los hijos y nietos que salieron a visitar a sus familias.

La larga paralización de nuestra economía ha tenido efectos devastadores: cientos de miles de empresas quebradas y más de cuatro millones de peruanos desempleados.  

EL PANORAMA ES DESOLADOR, tan desolador que no resiste, ni permite aceptar la inapropiada respuesta que dio el SPR, como se le identifica ahora en palacio al Señor presidente de la República, a una pregunta seria de su entrevistadora, que lo enfrentaba a asumir su responsabilidad en la gestión de la pandemia.

Políticamente también se vive otro desolador panorama, que lo tiene a él como protagonista en las acusaciones y denuncias periodísticas que hacen sobre supuestos delitos que lo habrían beneficiado.

Nos preocupa ver a un nervioso presidente, salir apurado a negar los cuestionamientos que se le hacen. Pero nos preocupa, aún más, darnos cuenta que sus argumentos y respuestas dejan dudas.

El poder y la popularidad parecen haber afectado la humildad del señor presidente que, según las encuestas, aún encandila a medio pueblo. Los hechos recientes y el VAR peruano (Vizcarra Audio Recordings), lo muestran mintiendo y manipulando.  El domingo último vimos solo a una persona que no reconoce culpa ni responsabilidad, ante un país que vive una severa crisis moral, sanitaria y económica. Nos gobierna un presidente que ante las denuncias y evidencias se victimiza, pero reta y desafía, con razón, a que se muestren las pruebas en su contra. Pero habría que preguntar si lo hace porque es dueño de la verdad o por la seguridad que le daría tener el control de la justicia y el silencio de los medios

Viendo la conferencia después del partido pensaba, por qué el SPR no toma algo de lo que dijo Gareca, lo adapta, para decirnos algo así:

“A la gente le pido tranquilidad, que siga confiando en nosotros, la pandemia ha sido muy dura, pero nos ha dejado enseñanzas que vamos a tomar en cuenta para ir corrigiendo errores. Lamentablemente convivimos con este virus que no tiene fecha de expiración, hay riesgo de rebrote y aún no hay vacuna cierta a la vista. Estamos escuchando a los que saben para tomar las mejores decisiones. Ante las acusaciones y denuncias en mi contra, dejo todo en manos de la justicia. Yo no hablo de los jueces, ni juzgo su trabajo. Mi compromiso está con el país y en los enormes problemas que enfrentamos para darle pronta solución”

¡Si fuera cierto, sería un buen gesto!

Luis Otoya Trelles.
Comunicador con 42 años en la publicidad y el marketing. Columnista de VOX POPULI y DIARIO EXPRESO. He sido: Director de la APAP, Director de United Way International Perú, Presidente del Tribunal de Ética de la SNRTV, Presidente y fundador del Consejo Nacional de Autorregulación Publicitaria (CONAR). Director Divisiones Menores de Alianza Lima. Soy una persona libre que persigo mi sueño de contribuir con mi país, He decidido participar activamente en política asumiendo el riesgo de terminar frustrado y salir chamuscado en el intento.

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