Guillermo Ackermann Opinión

Hay que estar loco para construir esto… para nosotros

Transcurría el mes de marzo de este extraño 2020, el gobierno ya había decretado la inmovilización social obligatoria, pues se anunciaba que el COVID 19 llegaba con fuerza a nuestro país. Abelardo estaba preocupado pues hacía una semana que el chifa del chino Miguel estaba cerrado, y por tanto no estaba recibiendo el plato de comida con los sobrantes que cada noche le entregaban, pero tranquilo ‘hay que aguantar no más que esto es para 15 días’, le dijeron.

Hace 12 años que Abelardo vive en las calles. ‘¿Qué fue lo que pasó?’ alguien se aventuró a preguntarle. ‘Uno comete errores… y  ya ves, aquí pagando por eso…’  fue su resignada y escueta respuesta. No hay tiempo para mayores explicaciones. Nada además podría cambiar su condición.

Escuchó que en  Acho estaban repartiendo comida para los indigentes y se enrumbó hacia la legendaria Plaza de Toros. Llegó y un grupo de personas lo sentaron en una silla y comenzaron a hacerle preguntas vinculadas a su situación. Hábitos y costumbres. ‘Perdón, me dijeron que me podían dar un plato de comida… hace algunos días que no como…’ logró acotar para ver si se acortaba el trámite y le daban su descartable. ‘Por supuesto acá la tendrás… pasas esta primera evaluación, de ahí viene el control médico, la prueba para detectar si tienes coronavirus y después ya puedes pasar al proceso de higiene, cambiarte tu ropita, guardar la que traes, y conocer donde estará tu cama. Si todo sale bien en menos de una hora es el almuerzo, que ya está llegando desde San Isidro. Porque es bueno que sepas que hay un grupo de importantes cocineros que, en uno de los mejores restaurantes de la capital, te están preparando tu comida’

‘Esto parece broma’ pensó Abelardo, ‘o quizá son unos burócratas que hacen mil papeleos para justificar un plato de lentejas’, pero bueno tampoco tenía mucho que hacer, así que por lo menos era algo diferente y además sería ocasión para entrar al coso taurino, le daba curiosidad si se toparía con un toro de lidia.

Al cabo de una hora y luego de haberse duchado, después de mucho tiempo, unos uniformados que parecían extraterrestres, lo acogían en su nueva morada, lo volvieron a llamar por su nombre, le indicaron donde dormiría y y el lugar para guardar sus pertenencias para que no se le pierdan. Le daban las instrucciones para el refrigerio y el horario de actividades para la tarde. ‘Hay plan lector, una proyección de película y si te animas una rutina de ejercicios’ todo ya estaba organizado.

‘¿Alguien me pueden explicar de qué se trata? ¿Qué es esto? ¿Es verdad que ha venido el Alcalde de Lima? Preguntó con total asombro. ‘Es la Casa de Todos… desde ahora tu casa. Aquí pasarás la cuarentena y todo esto es para ti y para las decenas de personas que, como tú, están pasando por lo mismo’ Incrédulo y desconfiado Abelardo no salía de su sorpresa y solo esperaba el momento de sentarse a una mesa a ingerir los alimentos que hacía días no se llevaba a la boca. A él con eso le bastaba, lo demás era un sueño del que pensaba en cualquier momento despertaría.

Llegamos al mes de setiembre, habían transcurrido 180 días desde aquella ocasión, hoy día Abelardo come 3 veces al día, duerme en un colchón, es atendido por personas que lo llaman por su nombre, se siente fuerte y ha hecho decenas de amigos para el resto de sus días. Y ahora la mayor preocupación es cuando se le acercarán y le dirán ‘listo ya te puedes ir’ y así regresar a su estado original.

De pronto viene hacia él un pequeño personaje llamado Miguel, que había visto recurrentemente cada semana y que parecía ser el que la llevaba, pues daba órdenes, resolvía problemas, atendía congresistas, era entrevistado por medios de comunicación y siempre se daba tiempo para conversar con los albergados.

‘Abelardo, ¿me acompañas?’ le dijo. Se le heló la sangre. Pensó que la historia terminaba, ya sabía que no tenía opción. Así que lo siguió y le pidieron que suba a una camioneta rural que los comenzó a trasladar a un destino desconocido. ‘¿A dónde me llevas?’ le preguntó.  ‘Serás el primero en conocer la nueva “Casa de Todos”, tu nueva casa’. Y estás yendo para hacer la primera cosecha del biohuerto. Así en menos de 30 minutos llegaban a la Residencial Palomino, donde se está levantando el nuevo albergue, que ahora ya no será temporal, sino que tendrá un carácter permanente y cuyo acento ya no será protegerlos de un despiadado virus, sino de prepararlos para su reinserción social.

Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, solo atinó a decir: ‘Hay que estar locos para construir algo así… para nosotros’ una frase desgarradora que tiene dos partes.  En primer lugar la locura de un grupo de personas que queremos romper la inercia y hacer algo que realmente transforme la realidad, la ciudad. Y es muy acertado, todos nosotros estamos un poco locos.

‘Tú no comprendes padrecito… yo no soy digno… no me lo merezco’.

Qué puede hacer que una persona haya perdido completamente su autoestima, que ya no se sienta merecedor de algo especial para él. Cómo convencerlo que tiene tanta dignidad, como uno mismo. Que las circunstancias que lo llevaron a ese estado pueden ser superadas y puede recuperar sus condiciones humanas. Que puede tener una nueva oportunidad en la vida.

Eso es “Casa de Todos”, una maravillosa iniciativa de personas que salen al encuentro de otras personas. Una demostración de cómo una institución privada de carácter social como la Beneficencia de Lima y la Municipalidad Metropolitana de Lima, que es la responsable de velar por los vecinos de su ciudad, se unen y sacan adelante una obra extraordinaria y logran convocar a decenas de empresas y de personas naturales para acoger y darle visibilidad a los invisibles, a los últimos, a los abandonados.

“Casa de Todos” es tuya, mía, de todos. No es de algunos, para algunos. Es la casa de Abelardo, de José y de Miguel. “Casa de Todos” es la otra cara de la moneda.

Pero se necesita tu ayuda. Entra a www.casadetodos.pe y ahí encontrarás muchas maneras de sumarte. Quizá recibas una respuesta no de un call center sino de un caballero llamado Abelardo, que te brindará toda la información que necesites.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

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