Guillermo Ackermann Opinión

Venced al mal, con el bien

En la década los ochenta el Perú recibió en dos ocasiones al Papa Juan Pablo II. Era un contexto muy duro en el que la violencia azotaba nuestros país. La insania terrorista mataba inocentes, el Perú se desangraba.

Hay tres frases que guardo en mi memoria, si mal no recuerdo, dos de ellas pronunciadas en Ayacucho, en el primer viaje, y una tercera, creo, en la puerta de la Nunciatura en un improvisado discurso frente a miles de jóvenes.

“La violencia solo engendra violencia, muerte y destrucción”

“El mal nunca es camino hacia el bien”

“Venced al mal, con el bien”

Y creo que esa es una clave que tendríamos que entender y profundizar en la búsqueda de soluciones a esta terrible crisis política y social que se ha generado en estos días, agravada por la crisis sanitaria y económica que se viene arrastrando desde que empezó la pandemia, y una más profunda que es la crisis ética y moral.

No habrá posibilidad de encontrar un camino de entendimiento sino comprendemos que debemos erradicar la violencia. El apasionamiento, fanatismo y pasiones exacerbadas, solo conducen a incrementar la brecha entre una posición y la otra. Hay un enfrentamiento ideológico, entre conservadores y progresistas; político, entre izquierdas y derechas; generacional, entre adultos y jóvenes, que a estas alturas pareciera irreconciliable. Todos invalidamos la posición del otro. No le damos ni un crédito, más bien nos sumergimos en encontrar los defectos y desacreditar permanentemente a la otra parte, como sea. Con argumentos válidos o no. Con verdades o mentiras. Con objetividad o subjetividad. Lo único que importa es destruir al otro bando.

Las contradicciones están a la orden del día. Durante 9 meses nos dijeron ‘no salgas de tu casa, evita las conglomeraciones, mantén tu distancia social en los mercados, no pueden haber espectáculos, tampoco misas, porque te contagias de todas maneras’, sanas recomendaciones para evitar que el virus se siga propagando. Hoy esos mismos líderes de opinión, periodistas, médicos, políticos, nos dicen ‘no hay problema sal a marchar… bien protegido… no hay riesgo de contagio…’. ¿No les importa la salud de aquellos a los que están empujando a las calles? ¿O realmente no existía tal riesgo?

Estoy a favor de las expresiones de protesta, creo firmemente que es un derecho y deber, pero siempre y cuando haya coherencia y sobretodo se evite la violencia, de uno, u otro lado. Que lo que busquen sea construir, hacer sentir la voz de disconformidad, frente a una casta política totalmente deslegitimada, pero no solo la llamada ‘tradicional’, sino la teóricamente ‘renovada de las últimas décadas’, la del supuesto ‘nuevo orden mundial’, que viene destruyendo otros países hermanos, y quiere enquistarse en nuestro país..

El gran reto es cómo hacer para que esa fuerza que vemos en los jóvenes, que se han despertado, y han mostrado interés en lo político, se canalice para el bien y no se convierta en espacios donde se cultive la violencia y agresiones, promovidas por infiltrados e intereses políticos soterrados. Que entendamos que la violencia, solo genera más violencia y que nunca es camino hacia el bien.

Cómo hacemos para desterrar el odio y buscar los puntos en común que tenemos. Estoy seguro que son mucho más los que nos unen, que lo que nos desunen. Pero los que nos separan está teñidos de una carga emocional demasiado fuerte.

Esta no es una reflexión política, es más bien social, buscando encontrar comunes denominadores. Por ejemplo, el rechazo a la violencia. Por ejemplo, la práctica del bien. El hacer bien las cosas. Hagamos lo ordinario, extraordinariamente bien hecho. Depende de cada uno de nosotros. Y poco a poco iremos construyendo un entorno favorable.

Desterremos cual forma de microcorrupción en nuestras vidas. Nunca más una coima a un policía, no volver a dar una propina a un funcionario para que te agilice un trámite, no echar 50 céntimos menos de gasolina por carro para ganarte alguito al final del día. Muchas veces creemos que eso no afecta tanto… pero estamos equivocados, porque quien no es fiel en lo poco, no es fiel en lo mucho.

La herramienta para vencer al mal es haciendo el bien. No existe otro camino. Orientemos nuestra energía y fuerza a este esfuerzo de construir un nuevo país cimentado en los valores de siempre. No hay que inventar la pólvora. Los valores ya existen.

Quiero terminar resaltando una gran iniciativa que la Fundación BIK ha lanzado que esperemos se celebre cada 13 de noviembre: “El Día de la Bondad”. Desde la Beneficencia de Lima hemos acogido esta gran campaña y nos hemos sumado poniendo a disposición los exteriores del emblemático Puericultorio Pérez Araníbar, para que se implemente el ‘Muro de la Bondad’. Creemos que es un mensaje de pacificación, desde un lugar donde se está construyendo una nueva vida para cientos de niños que deben encontrar las mejores condiciones para ser ciudadanos de bien.

Dense una vuelta y por segundos se sentirán diferente!

Venzamos al mal, con el bien!

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

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