Denesy Palacios Opinión

Huánuco: entre la riqueza arqueológica y la indiferencia

Hace 10 000 años, en el entorno del Alto Marañón y de la laguna Lauricocha, el ahora departamento de Huánuco fue el escenario de uno de los primeros asentamientos del Perú y América. Los restos de algunos de sus pobladores fueron encontrados en las cuevas de Lauricocha, muy cerca de donde nace el río Marañón y cuyas aguas van hasta el río Amazonas, Loreto. Las cuevas, halladas por Augusto Cardich en 1958 y 1959, fueron declaradas el 2004 Patrimonio Cultural de la Nación. El hallazgo, tales como las diversas osamentas de integrantes de familias -adultos y niños-, los instrumentos de piedra, las herramientas de huesos, los restos óseos de animales, a lo que se suma el arte rupestre, orientó mejor la explicación de la historia de nuestros primeros habitantes.

La paleolítica cueva de Lauricocha y Kotosh después, son las invalorables huellas de la existencia poblacional en el país y del consiguiente origen de la civilización peruana. Kotosh, para Federico Kauffmann, fue un centro administrativo y de culto a la vez, y representa los comienzos de la civilización andina. Aparece 2000 años a. C., en el Arcaico, y se desarrolla a través de seis fases de ocupación continua, hasta los inicios de nuestra era. Su vigencia y extensión territorial de este escenario preinca, prechavín, fue trascendente.  Javier Pulgar Vidal planteó la existencia de 21 sitios Kotosh, mientras que la misión japonesa a cargo de las investigaciones en el referido sitio, consideró cincuenta. Los vestigios más visibles y conservados de Kotosh son el Templo de las Manos Cruzadas y Shillacoto, expresiones de la primera fase de ocupación, la fase Mito, la fase precerámica.  También están los hermosos materiales hallados de esta y de las demás fases.

Los sitios Kotosh están dispersos en lo que hoy es la ciudad de Huánuco y los distritos aledaños. En los alrededores de este majestuoso valle de los ríos Huallaga e Higueras también están dispersos los bellos sitios de arte rupestre, como Quilla Rumi, el cerro en cuya falda está Kotosh; o Marabamba, uno de los tres conocidos cerros que rodea la ciudad, que concentra a ocho paneles rupestres, que luce al imponente Pillco Mozo y que inspiró a Enrique López Albújar para escribir “Los tres jircas”, el famoso relato dela obra Cuentos andinos, publicada en 1920. Pero estos espacios de arte, que explican el origen de la comunicación en el país y el mundo, abundan inclusive en todo el departamento. En el ámbito del Alto Huallaga han sido registrados 19 grandes sitios o complejos rupestres y en el del Alto Marañón, 43.

En sus provincias, Huánuco de igual modo cuenta con un admirable patrimonio arqueológico y que está lleno de cultura viva. En las alturas de Huamalíes, a orillas del río Marañón, está el complejo arqueológico Tantamayo que en sus 65 kilómetros cuadrados concentra a 81 sitios arqueológicos que testimonian una de las más prolongadas secuencias de ocupación, desde el Arcaico hasta la ocupación inca. Destaca por tener las construcciones más altas de América prehistórica. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el 2002.

En Yarowilca, sobre la extensa ladera del cerro Cóndor Puquio, margen izquierda del río Marañón, está el complejo Garu, una gran ciudadela, con una estructura arquitectónica definida y diseñada de manera general en tres sectores, alta, media y baja, y donde los yaros plasmaron técnicas arquitectónicas no solo para sus viviendas y centros administrativos, también para sus manifestaciones religiosas, astronómicas, agrícolas, militares y funerarias. Constituyó una de las ciudades más grandes y pobladas de la época preinca. Fue la sede política y administrativa del Imperio de los yarowilcas, dinastía que gobernó a los huanuqueños en la época preinca. Su gran nivel de organización permitió la resistencia al dominio del Imperio incaico. Fue declarado el 2000 Patrimonio Cultural de la Nación.

En las alturas de Dos de Mayo, sobre una meseta de 200 hectáreas, se ubica en una superficie de 2 kilómetros cuadrados la zona arqueológica inca Huánuco Pampa, lugar de fundación de Huánuco (1539) y que posteriormente sus pobladores se trasladan al valle del Huallaga, la actual ciudad. La ciudadela Huánuco Pampa fue capital del Chinchaysuyo, una de las cuatro divisiones políticas del Imperio incaico. Destaca por su diseño urbano-ceremonial, por sus construcciones arquitectónicas y ser el centro del Camino Inca de Huánuco, importante tramo del Qhapaq Ñan, maravillosa ruta andina declarada el 2014 por la Unesco Patrimonio Mundial de la Humanidad.

La riqueza arqueológica de Huánuco, por este y todo el patrimonio descubierto hasta hoy, es impresionante. El sitio arqueológico más importante y reciente que ha sido identificado es Huanacaure, una enigmática ciudadela inca y preinca que está enterrada en las laderas un enorme cerro de 3359 metros de altura, entre ceja de montaña y selva del distrito de Chinchao. La ciudadela, por la maravillosa estructura que apenas deja notar, ha sido bautizada como “el otro Machu Picchu”. Fue ubicada el 2002, y el 2011 declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Lamentablemente esta impresionante riqueza y el enorme potencial arqueológico contrasta con la indiferencia de las autoridades para proteger nuestro patrimonio en Huánuco, cada vez más abandonado a su suerte. Ocurre, por decir lo menos, con casi todos los sitios Kotosh, que están descuidados o simplemente han desaparecido por la expansión urbana. Hay indiferencia también para financiar investigaciones y la puesta en valor del patrimonio arqueológico en Huánuco.  Los proyectos ejecutados en los últimos años son reducidos y de escasos montos. La inversión directa del Estado en estos proyectos es poco significativa. De ahí la necesidad de recurrir a la cooperación internacional, pero aun así son escasos en relación con nuestras necesidades. Huánuco Pampa ganó el Fondo del Embajador 2018 y recibió 100 000 dólares, pero solo para la conservación y restauración del Inkawasi o Casa del Inca. Necesitamos recursos para proyectos con objetivos más amplos y de mayor impacto.

En simultáneo a las necesidades de inversión, la investigación y puesta en valor también exige personal capacitado y comprometido para esta misión, mucho mejor si procede de la propia zona. Por ello la necesidad de impulsar la formación de arqueólogos en nuestra región. La Universidad Nacional Hermilio Valdizán cuenta desde 1985 con dos resoluciones que promueven la creación de la Carrera Profesional de Arqueología, expedidas en el ámbito de la entonces Facultad de Letras (resoluciones 004-DFL-85 y 016-A-DFL-85), hoy Facultad de Ciencias Sociales, y es más, con una resolución que crea la Facultad de Arqueología, aprobada el 2013 por el Consejo Universitario y emitida por el respectivo rector (Resolución N° 01018-2013-UNHEVAL-CU). Pese a estas avanzadas decisiones, las máximas autoridades se resisten hoy a implementar los estudios de dicha carrera. Ignoran o no quieren entender que la Ley Universitaria N° 30220 establece que la universidad tiene entre sus principios, de acuerdo con el artículo 5, la “pertinencia y compromiso con el desarrollo del país” (5.9), y entre sus fines, contemplados en el artículo 6, la obligación de formar profesionales de alta calidad de acuerdo con las necesidades del país (6.2), “realizar y promover la investigación científica” (6.5), y “proyectar a la comunidad sus acciones y servicios para promover su cambio y desarrollo” (6.3).

Denesy Palacios Jiménez
Investigadora, gestora cultural y universitaria. Licenciada en Arqueología por la Universidad Nacional de Trujillo, magíster en dicha especialidad por la PUCP y doctora en Turismo por la Universidad de San Martín de Porres. Es docente principal de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán de Huánuco. Integró, por encargo de la ANR, la Comisión de Orden y Gestión de la Universidad José Carlos Mariátegui de Moquegua (2011-12), de la Unasam de Huaraz (2012-13) y de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle – La Cantuta (2013-14). Fue jurado del Premio Nacional de Cultura 2015. 

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