Franklin Cornejo Opinión

Disfrazados de políticos

En la sociedad del espectáculo y la política de los gobernantes cuestionados por corrupción lo común es la mentira y el engaño, con una propensión a lo encubierto. Se ve en la política sujetos que se hicieron pasar por políticos, como disfrazados, que se supone están en el poder político representando al pueblo, pero que están allí para asociarse y delinquir o cubrirse entre ellos para salirse con las suyas. 

Lo que dicen estos seudopolíticos no tiene verdad ni justicia, tiene si patraña, maldad, deshonor y deslealtad.

No les interesa el bien común, que la gente no tenga luz, agua, o si los niños en los pueblos no tienen internet para seguir sus clases virtuales, y que deben ir a la plaza pública para captar la señal de wifi y seguir sus clases.

Casi siempre se los ve en los mismos medios. Están desconectados de la gente, cuando están en el poder, utilizan el marketing, la publicidad y unas cuantas apariciones para cumplir.

En este tipo de políticos disfrazados, no hay programas estatales para la ciudadanía, para cambiar lo que está mal, para salir de la miseria y la corrupción.

¿Por qué los ciudadanos eligen a estos sujetos disfrazados de políticos?

La respuesta debe venir de sus electores, pero también de  las instituciones que le dan racionalidad y sentido al estado moderno, a los medios, la academia, la justicia y la política porque los políticos y los periodistas son mediadores de la opinión pública.

Lo ciudadano está surgiendo en América Latina como reacción ante la corrupción y la desigualdad, esos dos males estructurales que avanzan como crisis silenciosas en nuestra democracia economicista peruana. La pandemia y la crisis política de los audios de Vizcarra, la violencia policial de la marcha juvenil del 14 de noviembre, los apuros para formar el gobierno de Merino, que duró pocos días, demuestran que la política y el estado son centrales para la estabilidad y el desarrollo de la población. No es solamente crecimiento, también reglas claras en un estado de derecho.

El Perú necesita avanzar hacia una democracia ciudadana, donde el crecimiento sea una oportunidad para todas y todos y no el botín para los pillos o las empresas monopólicas. Un estado, con políticos y políticas que comprendan que la gobernanza es vital para garantizar derechos allí donde la madre y su niño deben caminar horas para que el menor acceda a la educación, también en el cerro sin agua ni comida o en el pueblo de la selva sin posta medica ni medicina.

La política debe hablar de lo común, de lo público, de la rendición de cuentas, de la transparencia en el gasto, de la felicidad y el bienestar. No de cuántos autos tiene el político o si le gusta la comida o de su último viaje al extranjero.

El político que aspira a un cargo público no es elegido para ser un príncipe, un rey, un empresario o el dueño de una empresa, es elegido para que represente al pueblo. Es elegido, en un estado democrático, con votos de la gente para que represente a la población y vele por los derechos de los y las ciudadanas.

Los cambios de lo que tanto se habla pasan por tomar conciencia de que la política es clave para salir del atraso. El escándalo de la corrupción y la miseria es el subdesarrollo del desarrollo peruano.

Franklin Cornejo Urbina.
Doctor en comunicación por la Pontificia Universidad Gregoriana de Italia. Con estudios de Maestría en Desarrollo humano en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Licenciado en periodismo por la Universidad Bausate y Meza. Ha seguido estudios de Educación multidisciplinaria para el desarrollo en la Universidad La Sapienza de Roma y Educación para los medios en el Programa del Fondo Social Europeo de Milán. Se ha desempeñado como periodista en la Agencia de noticias France Presse.

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