Abel Hurtado Opinión

Los derechos humanos y los humanos con derechos

Un día como hoy, hace 72 años, se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El Papa Juan Pablo II lo calificó como la mayor expresión de la sabiduría humana.

En otro momento, mientras Olympe de Gouge fue llevada a la guillotina al discrepar con el texto de la declaración francesa de derechos humanos, por considerarla un privilegio para los hombres; 159 años más tarde, la redacción de la Declaración Universal estuvo a cargo de Eleonor Roosevelt, una mujer activista y política norteamericana.

El reconocimiento de que todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos tuvo una profunda connotación sobre la dignidad y el valor de las personas después de una suicida Segunda Guerra Mundial. Esta deplorable experiencia, como la máxima expresión del odio hacia la humanidad, empujó a dar un paso decidido para el reconocimiento de nuestros derechos, inspirados en los principios universales a la libertad de las personas, la igualdad ante la ley y la no discriminación como el núcleo duro e inderogable de los derechos humanos.  

Hoy en día, pese a que existen múltiples tratados de derechos humanos, todavía no hemos superado el debate de qué derechos son derechos humanos universales. Por ejemplo: en el plano internacional, hay una cultura abolicionista de la pena de muerte, mientras en el Perú hay un deseo casi utópico de ampliar la pena de muerte para delitos comunes; hay una cultura de permisión de la legalización del aborto por casos de violación sexual de menores, pero en el Perú no hay la mínima intención de regularlo; hay una necesidad de internalizar los estándares de protección contra el racismo y la discriminación racial, pero en nuestro país todos suelen decir que no son racistas. La lista es larga, y podemos discrepar. Claro está.

Pero pese a que contamos con un amplio catálogo de derechos humanos reconocidos, es aún necesario adoptar otros instrumentos específicos para potenciar y visibilizar con mayor intensidad los derechos de grupos vulnerables que garantice un equilibrio en el acceso y ejercicio de los derechos en igualdad de condiciones y oportunidades para lograr su eficacia y plena realización. Es una lucha constante y una aspiración crónica de la humanidad, sobre todo si no logramos entender a los derechos humanos desde la perspectiva de las carencias y restricciones de las que son víctimas las personas, sino desde la comodidad de aquellas que ya lo tienen todo.

Cuando nos referimos a una afectiva realización de los derechos humanos, aspiramos a que mientras unos viajen en vuelos de primera clase, otros no duerman bajo el puente; que no sigamos discutiendo que la pobreza y la hambruna en el mundo no son por la escasez de alimentos, sino por su mala distribución; que la mutilación sexual femenina no sea justificada como parte de una práctica cultural; que la violencia contra las mujeres no se normalice como una práctica estructural y sexista de la sociedad; que la progresividad del acceso a los derechos de corte prestacional no se convierta en una postergación indefinida, etc. Mientras eso suceda, siempre hablaremos de los derechos humanos y de los humanos con derechos.

Abel Hurtado. Abogado especializado en Derechos Humanos, Derecho Ambiental y Derecho Constitucional. Magíster en Derechos Humanos por la PUCP. Becario en Derechos Humanos y Conflictos por el Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos y egresado del Programa de Derechos Humanos y Política de Vassar College, NY. Actualmente se desempeña como asesor parlamentario del Congreso de la República y docente universitario.

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