Guillermo Ackermann Opinión

Este año no habrá Navidad

Esta temeraria afirmación lanzada por el liberal Primer Ministro canadiense Justin Trudeau, refleja un desconocimiento profundo, no solo de las celebraciones históricas o cotidianas, sino principalmente del auténtico sentido de las mismas. Es paradójico además que su fecha de nacimiento sea el mismo 25 de diciembre, ante lo cual podríamos responderle inapropiadamente, ‘este año Ud. no cumplirá años, por tanto, se queda en sus 48 años’.

Antes de hacer opiniones públicas, es muy recomendable entender de lo que estamos hablando, y buscar el significado de las cosas que, aun en los momentos más difíciles, si lo descubrimos, sabremos conmemorarlas como corresponde.

Yendo al acaso, si buscamos en google o cualquier otro buscador en internet descubriremos que, en el cien por ciento de los resultados, el término Navidad o Natividad está referido a una festividad religiosa relacionada con el Nacimiento de Jesucristo, Jesús o el Niño Dios. Una festividad extendida por los cinco continentes, espiritual y ontológica, con un carácter tan relevante que dividió la historia de la humanidad en dos: Antes de Cristo -aC- y después de Cristo –dC.  

El término proviene del latín ‘Nativitas’ que significa precisamente nacimiento. Por tanto el origen de esta celebración no puede desligarse en ninguno de sus ámbitos de la llegada del Salvador, el Mesías, como lo reconocen los cristianos.

Quiero aprovechar esta ocasión para hacer una reflexión sobre la celebración de la Navidad y disculpen el enfoque poco usual que haré. Voy a centrarme en la cena navideña, y ojalá que llegue a transmitir mi idea central.

La víspera de la fiesta, el 24 de diciembre en la noche, las familias se reúnen en torno a una mesa que suele ser la cena más elaborada del año, y comúnmente está alrededor de un pavo, en algunos casos cerdo, jamón, o un pollo bien horneado.

Imaginémonos ahora esa misma mesa, sin el plato principal, es decir sin el protagonista, sin aquella fuente que contiene el corazón de la cena. Esa bandeja a la que no le quitas la mirada. Y en esa misma hipotética situación al ama de casa nos dice: sírvanse las ensaladas, los purés, los arroces, las papas al horno, las salsas… y disfruten. Y todos esperando la bendita fuente que nunca salió.

Esa es la sensación que a mí me queda sobre la Navidad. Nos preocupamos por todos los complementos, la decoración llena de vistosos adornos, las luces, los regalos, la cena, le reunión familiar, las celebraciones de oficina, los intercambios, las tarjetitas, las compras, la planificación de los días de descanso y la lista sería interminable, pero nada, o casi nada, nos remite al auténtico sentido de la Navidad.

Ni siquiera nos preguntamos qué estamos celebrando, por tanto, en la práctica, es una cena sin el plato principal.

Quisiera poner otro ejemplo más común y cotidiano. Imaginémonos que faltan minutos para las doce de la noche de cualquier día del año. La entusiasta enamorada ha preparado una sorpresa para agasajar a su prometido. Ha invitado a las personas más cercanas del cumpleañero, a las que sin duda representan algo importante en su vida. Falta un minuto. Todo listo, se apagan las luces. En manos de los amigos la pica pica y serpentinas, y metros más allá muchas fuentes con bebidas, bocaditos y piqueitos. Se pone la música en ‘mute’ para que haya completo silencio y la sorpresa sea redonda. “Sshh, no te rías”….’¡¡¡Sorpresa!!!!’

Y la fiesta continúa y todos felices, y siguen los abrazos, los tragos y la comidita. El baile y los cantos a voz en cuello, desentonados. Así hasta la madrugada. Pero reparamos en algo importante: el festejado nunca llegó. No cruzó la puerta. Pero ¡qué importa! si estamos celebrando su cumpleaños… sin él. Es medio extraño e irracional  por decirlo de alguna manera.

Quisiera destacar dos grandes ideas o interrogantes.

En primer lugar: No puede haber una celebración completa si obviamos la presencia del protagonista principal, es un absurdo. La fiesta está incompleta y pierde legitimidad.

Hay una segunda idea principal:  En estricto, qué estamos celebrando. Qué significa realmente la Navidad. Qué sentido tiene. Por qué esta es la celebración es la más importante del año que se celebra prácticamente en el mundo entero. Por qué se mueve todo el planeta e invaden todos los signos exteriores que nos remiten a la Navidad. Árboles, luces, adornos, cantos, regalos, reuniones familiares, intercambios, renos, Papa Noeles, todo se revoluciona. Y ahí en una esquinita, con suerte, encontramos al festejado, un pesebre escondido.

En las últimas décadas fueron muy difundidas dos campañas: ‘No hay Navidad sin Jesús’ y la otra en positivo ‘Navidad es Jesús’. Si les prestamos atención quizá le terminaremos dar sentido a esta celebración y con convicción preguntaríamos: ¿Quién podría afirmar que este año no habrá Navidad?

Sí, este año tendremos que encontrar las maneras creativas de celebrarla, pero es algo que no se detendrá, ni se suspenderá en el tiempo, como tampoco sus 49 años, este 25, Sr. Trudeau.

Feliz Navidad

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

0 comments on “Este año no habrá Navidad

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: