Guillermo Ackermann Opinión

Las “honrosas excepciones”

Es muy común usar la expresión “con honrosas excepciones” cuando refiriéndonos a un grupo de personas, que representan algo, queremos dejar en claro que creemos, que, alguno(s) de ellos, se salva(n) de la crítica. Incluso algunas veces veces la usamos, específicamente, para no quedar mal con alguien en particular que pueda sentirse afectado por la calificación generalizada que estamos haciendo.

En nuestro dolido Perú hay ámbitos en los que, hoy, es muy difícil identificar estas “honrosas excepciones”, y sin duda, en la política nacional, prácticamente no las encontramos.

Si damos una mirada en retrospectiva a las últimas décadas veremos a casi todos los ex-mandatarios inmersos en acusaciones de corrupción, lavado de activos, colusión, enriquecimiento ilícito y violación de derechos humanos. Todos con prisión efectiva, o preventiva, arresto domiciliario, impedimento de salida del país o cuando menos con comparecencia. Lamentable, indignante, triste realidad.

Basta con voltear a ver a los tres poderes del estado para poder afirmar que la política en el país está completamente enferma. Casi en un estado crónico o terminal.

La política es la ciencia o conjunto de acciones relacionadas al gobierno, gestión o manejo de un estado, territorio, o localidad. Se entiende también como política, sobretodo en el ámbito corporativo, el conjunto de ideas y normas que rigen el quehacer de una institución, corporación o empresa.

Tenemos un poder ejecutivo que, en un solo período, ha tenido hasta 4 presidentes, legítimos o ilegítimos, gobernando para sí mismos, sin la más mínima apertura para escuchar, congregar y concertar. Solo uno de ellos fue electo por el pueblo en una estrecha votación, y su efímero, como intrascendente mandato, duró poco más de año y medio.  Los gobernantes han estado alejados de la realidad, viviendo un mundo paralelo y mostrando un panorama muy distante de la verdad objetiva, utilizando la mentira como herramienta para someter y encandilar al pueblo. Y como corolario intentando tener un poder absoluto, sin oposición alguna, a cualquier costo.

Un poder legislativo que se olvida que lo principal, su razón de ser, es legislar, velar por el cumplimiento de las leyes y la generación de nuevas que ayuden al desarrollo del país, siendo además la voz de quien los ha elegido, que necesitan sentirse representados en este importante poder del Estado. El Congreso en los últimos años se ha dedicado a “fiscalizar”. A lo que sea, como sea, con tal de justificar su día a día. A iniciar batallas internas entre bancadas, para destruirse entre ellas. A cambiarse de lado como quien cambia de ropa, y, lo que es peor, a enfrentarse al gobierno central, para demostrar quién tiene más poder. La pugna entre ambos poderes, en los últimos años, lastimosamente ha marcado la agenda del país. En lugar de haber logrado un equilibrio que favorezca a nuestros Perú, lo han desangrado y las víctimas hemos sido todos.

Un poder judicial que se olvida de impartir justicia. La máxima: “la justicia tarda, pero llega” no vuelve a pasar en el Perú. Lamentablemente no puedes confiar ni en jueces, ni en fiscales. No encuentras profesionales probos, íntegros, en los cuales la garantía de investigaciones, procesos y juicios transparentes y sin componendas te generen confianza en la justicia nacional. Estos pueden demorar años con arreglos de por medio y, por supuesto, muchos intereses creados. Se utilizan mecanismos que someten a peruanos a una condena previa, con prisiones preventivas y detenciones preliminares, sin que muchas veces, siquiera, exista una acusación formal, o se le haya encontrado en un acto de flagrancia, vulnerando así el derecho constitucional de presunción de inocencia. Diera la impresión que determinados ámbitos de la administración de justicia estuviesen manejados y dirigidos por grupos de poder ideologizados, respondiendo a una agenda política.

Pero bajamos un nivel y descubrimos que la misma historia se repite en los gobiernos regionales y locales. Son muy pocas las “honrosas excepciones” que han podido librarse de acusaciones fundamentadas de corrupción, otorgamiento de concesiones para beneficio propio, malversación de fondos, tráfico de influencias, nepotismo. Muchas de estas autoridades también tienen algún tipo de condena por los delitos ya mencionados y procesados.

¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué la política ha dejado de ser la actividad que representa a las personas de una manera íntegra y transparente para el gobierno de sus distritos, pueblos, ciudades, regiones y el país? ¿Por qué la gran mayoría de los que llegan a la política, desde el primer día, buscan aprovechamientos personales y cómo enriquecerse ilícitamente?

Es claro que hay políticos probos, rectos, limpios, y eficientes yo conozco a más de uno. Creo que éste es el momento de esas “honrosas excepciones”. De aquellos que, marcando la diferencia, asuman un reto y compromiso mayor. Ese quizá sea un primer criterio de selección en nuestro voto futuro, buscar quiénes son los políticos honestos, las personas rectas, los que no han robado en su paso por la administración pública, los que se han preocupado por cumplir sus promesas frente a los peruanos que confiamos en ellos, demostrando coherencia, quiénes son los tienen una auténtica vocación política, de servicio.

Los atacarán, los escudriñarán hasta su quinta generación, los acusarán de lo que sea, e inventarán mil historias, porque esa también es una afición de los mediocres, oportunistas, que ante la imposibilidad de hacer algo bueno, buscan que traerse abajo a todo lo que se mueve al costado, sin importarles nada, por el simple hecho de destruir e impedir que el otro algo algo bien.

Pero estas “honrosas excepciones” no solo tienen que actuar en la política, sino en todos los ámbitos. En el empresarial, a veces tan desvirtuado, como poco reconocido, en el educativo, el de salud, en el espiritual y en cualquier actividad que tenga un impacto hacia las personas.

Trabajemos incansablemente en ser de las “honrosas excepciones” de nuestra época. Diferenciémonos y demostremos que es posible ser honesto y capaz. Demos el ejemplo para que las futuras generaciones se impregnen de un espíritu diferente y comprendan que el camino del bien, siempre es mejor al del mal.

Que la principal característica de la nueva generación del bicentenario sea la práctica de los valores esenciales, aquellos que permanecen en el tiempo y que son la base sobre la que debe construirse toda sociedad. No intentemos trastocar esos valores que durante siglos han sido el pilar de todas las civilizaciones.

Es una obligación por nosotros y por nuestro país.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

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