Amaro La Rosa Opinión

No a la cultura de odio

Fue a comienzos de los 90… Daba una conferencia en la Universidad Hermilio Valdizán de Huánuco sobre el impacto de la televisión. Alguien me preguntó “¿Cuál es su caracterización del estado?”. Era un senderista o al menos simpatizante del grupo terrorista, pues ese interrogante siempre lo formulaban como argucia para promover su ideología. Respondí que no tenía que ver con el tema. Insistió unos minutos después y mi respuesta fue la misma, con lo cual evité caer en su juego. Me esperó fuera del auditorio y su mirada expresaba odio. Su mensaje era claro: No aceptaba que alguien pensara de modo diferente.

El recuerdo me vino a la mente escuchando y leyendo mensajes cargados de odio en los medios y en las redes sociales. Son parte de esa visión recalcitrante según la cual solo se acepta a quienes comparten su discurso y los demás somos ignorantes o desquiciados. Es una muestra del pensamiento tribal que se difunde para descalificar a los otros y difundir un mensaje aparentemente unitario pero que en términos reales solo admite la verdad absoluta de quienes se proclaman y sirve para dividir. Y para ello se valen de argucias varias. Como la de un especialista al parecer muy calificado quien ha sostenido que el país entero quiere cambiar la constitución y señala que lo piden los habitantes rurales del sur peruano, donde existe un alto porcentaje de analfabetos que por simple lógica no han leído la constitución. Estoy convencido que es su ideología no sólo reduce su visión de la realidad, sino que la trastoca.

El discurso muestra claramente la incoherencia de los argumentos. Semanas atrás se denunció el “secuestro” de jóvenes por parte de las fuerzas del orden, que se comprobó eran falsos. Luego en la ilegal toma de carreteras se habló de policías quienes eran “retenidos” por los manifestantes comprometidos en actos vandálicos, cuando en realidad el término apropiado era secuestrados. Esta visión la hemos conocido antes, es la de quienes escamotean la verdad.        

Tanto más, la incoherencia en los hechos. No es acaso ilógico que la presidenta del Congreso reclamara por los derechos humanos de los manifestantes quienes bloqueaban las carreteras y no se preocupara en absoluto por los derechos de las personas quienes padecían penurias por días enteros, al no poder transitar hacia su destino ni de los choferes de cientos de vehículos que no podían circular libremente. Era coherente acaso que el ministro del Interior se presentara en televisión enfatizando que la policía estaba obligada a respetar los derechos de los manifestantes mientras que los policías recibían andanadas de pedradas y quedaban heridos de gravedad, siendo sus vehículos atacados a mansalva. ¿Y los derechos de los policías? ¿Dónde está el respeto a la autoridad? ¿Es justo cometer delitos graves bajo el amparo de la libertad de protesta? ¿Por qué se legitima la violencia?

Nada justifica el vandalismo. La ideología de la violencia no puede triunfar si queremos un país democrático donde cada peruano sea libre para construir su destino en un contexto de libertad y de respeto a las instituciones.

Amaro La Rosa.
Periodista e Investigador

2 comments on “No a la cultura de odio

  1. Violencia también es que el Estado no quiera reconocer la deuda con los miles de aportantes a la ONP, que no llegaron a los 20 años de aportes, y diga que no hay plata para devolverles su dinero. Predicamos la democracia y pacificación, pero estas cosas indignan.

  2. David Aquije

    Muy adecuado su mensaje, como siempre, recordado profesor. En relación a la cultura del odio, pienso que esta ha crecido a través de los medios sociales con tuits, memes y desinformación cuyo objetivo es causar división. Y, curiosamente, la palabra odio es usada como arma para descalificar a la persona que intenta brindar un argumento diferente. En Estados Unidos, por ejemplo, los defensores de Trump acusan a sus críticos de odiarlo. No se debate la crítica, sino que se acusa al emisor de un mensaje de odiar a la persona que critica. Me parece que los defensores de Keiko Fujimori en Perú hacen lo mismo.
    Después de leer su artículo, me quedé con esta pregunta. ¿Cómo reconocer la cultura del odio y cómo combatirla?

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