Guillermo Ackermann Opinión

Un año para el olvido

Recordaremos este 2020 como un año para el olvido. Sí, es una paradoja, pero hay tanto que sucedió que quisiéramos retroceder en el tiempo y regresar a la normalidad de hace un año que, aunque venía complicada, en otros aspectos pintaba para bien.

Políticamente en nuestro país, como lo venimos resaltando desde hace semanas, todo está patas arriba. Cuatro presidentes en un mismo período. Dos congresos electos en el mismo tiempo, sumando 260 congresistas.

Si hacemos el cálculo desde el 28 de julio de 2016, al 1 de enero de 2021, son 1617 días, y con temor a equivocarme en la exactitud de las cifras, y me disculparán la imprecisión que pueda haber, en los 18 ministerios, han pasado 168 ministros de estado, incluyendo a los Presidentes del Consejo de Ministros. Esto nos lleva a la escabrosa cifra aproximada en promedio de un ministro por cada 10 días. No hay país que pueda avanzar con esta estadística. No hay posibilidad de planificar y menos ejecutar. De tener estabilidad y proyección en el tiempo.

Sanitariamente el Perú evidenció sus 40 años de retraso, no existe infraestructura ni remotamente cercana a las necesidades del país. Teniendo el diagnóstico claro y contando con los recursos esto es más que un pecado mortal. Es casi criminal.

La falta de hospitales y centros de atención de salud le ha costado la vida a miles de compatriotas. Sin Unidades de Cuidado Intensivo, sin respiradores, sin camas en los centros hospitalarios, hemos visto como la vida se esfumaba a nuestro costado, sin que nada podamos hacer. Como efecto colateral cientos de peruanos que no pudieron contar con una atención debida, a causa de otra enfermedad, fueron partiendo sin haberles podido dar si quiera la despedida que se merecían y su cristiana sepultura.

Por otro lado, la descarada demagogia, el indignante populismo dirigido al ignorante y las mentiras flagrantes nos tuvieron sumidos en un horizonte oscuro, en el que nunca supimos la verdad de las cosas. No tuvieron, por lo menos, la decencia de transparentar, aún hoy, la cantidad de muertos, aunque sea como dato disuasivo para que las personas se sigan cuidando.

Nadie pedía idoneidad en el manejo pues esta pandemia sorprendió hasta a los más poderosos en el mundo, pero con honestidad, transparencia, apertura y escucha, el país pudo haber afrontado esta crisis sanitaria de otra manera, y ojalá con mejores resultados. Las estadísticas demostraron que la gestión de la pandemia en el Perú fue de las peores del mundo y finalmente ese gobierno fue destituido, por otros motivos, pero con la rabia de habernos sentido estafados. Y encima hoy, sin vacunas adquiridas.

Como no mencionar las medidas populistas que se vienen impulsando principalmente desde el congreso, y que lejos de reencausar la economía, nos están alejando del modelo de libre mercado, que aunque sabemos es perfectible, es el que ha permitido que el país avance en los últimos 30 años.

Nadie piensa en el bien común, solo en el beneficio particular, en el cálculo electoral, en la ventaja partidista, en la exposición mediática, en su efímero “cuarto de hora”.

Desde mi perspectiva, otro aspecto negativo de este 2020 han sido las protestas en la calle, que aunque constituyen un respetable derecho comprendido en la constitución, en medio de una pandemia eran irresponsables e inconscientes y que, además, fueron tomando un cariz anárquico, incluso ocasionando absurdas muertes. Las marchas, originalmente contra este sistema político perverso, fueron azuzadas por intereses políticos e ideológicos, por supuestos y cuestionables líderes de opinión, utilizando a la fuerza juvenil como un vehículo para generar desestabilización social y dando pie a las ilegales y destructivas manifestaciones de las últimas semanas, que están trayendo un perjuicio económico aún incalculable para el país.

La falta de empleo, la pobreza, el hambre, el abandono  y el riesgo de un rebrote del coronavirus debiesen ser el foco de este gobierno de transición, que lejos de estar pensando en la campaña electoral, tendría que concentrarse en el día a día de aquí hasta que inexorablemente se retiren el 28 de julio. Tanto el gobierno central como el poder legislativo, son la expresión del mal menor en nuestro país. Ojalá no se conviertan nuevamente en un mal mayor.

El futuro inmediato no pinta bien. En un año electoral tanto del gobierno central, como del congreso, tenemos más de 20 potenciales candidatos presidenciales y por tanto más de 2,600 candidatos al congreso. Estas cifras marcarán el tipo de campaña que tendremos, atomizada, desordenada y caótica. Con batallas encarnizadas y me temo que el final será una vez más muy polarizado. Plagado de insultos y agresiones y poco de ideas y propuestas que confrontar.

Percibo una confrontación entre lo conservador y lo liberal. Entre lo establecido y lo anárquico. Derechas o izquierdas. Como lo queramos ver. Pero también existe una gran oportunidad. Todo depende de nosotros mismos. No hay que mirar afuera. Ni siquiera a los políticos. Hay que mirarnos como peruanos y preguntarnos:

¿Será posible que los peruanos despertemos y pensemos con amplitud?

¿Qué es lo que realmente queremos para nuestro país?

¿Cuáles son los valores de un Perú milenario que fue líder en la región?

¿Qué aportes fundamentales tuvieron los casi 500 años de hispanidad?

¿Qué significan los 200 años de independencia?

¿Cómo nos miramos hacia adelante?

¿Seremos capaces de llegar a puntos de consenso?

¿Podremos plantear un país con inclusión y sin discriminación?

¿Rescataremos nuestras costumbres, tradiciones, festividades y celebraciones?

¿Protegeremos nuestro patrimonio histórico y cultural?

¿Nos mostraremos al mundo como un de los grandes atractivos turísticos?

¿Fortaleceremos nuestra fe y espiritualidad?

Si analizamos y respondemos estas preguntas quizá podamos imaginarnos al Perú del Bicentenario

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace más de 38 años me desempeño en la industria de las comunicaciones y el marketing, ejerciendo tanto en medios tradicionales, como radio y televisión, así como en la producción independiente de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas televisivos y radiales y publicidad. He sido productor ejecutivo de material realizado en 24 países. Desde mi juventud he estado involucrado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar y quiero ser protagonista.

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