Luis Sujatovich Opinión

Nada nos ata a leer la novedad

El disco “After chabón” del grupo argentino Sumo fue editado en 1987 y una de las canciones más famosas titulada “Lo quiero ya” tiene dos frases que desde la posmodernidad resultan provocativas. La primera es “no sé lo que quiero, pero lo quiero ya” que parece el grito de cualquier habitante de la red que en sus constantes búsquedas pasa de un contenido a otro sin detenerse más que unos pocos segundos a ver de qué se trata. Intolerancia hacia la espera, ansiedad y deseos de hallar en el próximo link aquello que sacie una sed de entretenimientos de fácil acceso y de segura resolución favorable. Se juega bajo la certeza del triunfo, dejando sin lugar al azar o a cualquier otra desagradable incertidumbre que ponga de manifiesto que hay alguien mejor.

La segunda, que acaso merezca mayor reconocimiento, dice “nada te ata a leer la novedad”. Y así configura una sentencia que, si a fines del siglo pasado podía tener fuerza respecto a la predominancia que estaba cobrando la televisión en cada uno de los espacios públicos y privados, en la actualidad se vuelve una impostergable consigna: habitar la red no significa estar al tanto de todas las actualizaciones y nuevas publicaciones que abarrotan de contenido cualquier espacio digital. Por lo tanto, habitar no significa consumir.

Estas frases, que quizás han pasado al olvido dado que esa música es muy poco escuchada, ofrecen una enseñanza muy interesante para quienes nos dedicamos a estudiar los procesos mediáticos y comunicacionales, ya que nos saca del tema de nuestra indagación de una forma abrupta pero eficiente. Hay un “afuera” de los medios y de la red que es necesario considerar, no sólo en términos de brecha digital sino en relación a las posibilidades de actuar de forma autónoma. Acaso una de las aproximaciones menos frecuentadas sea aquella que acepta integrarse, pero con una disciplina apocalíptica, siguiendo los términos inaugurados por Umberto Eco. ¿A qué me refiero? Ni asumir como propias las lógicas de circulación y de caducidad de los mensajes, ni tampoco accionar contra la red y los medios suponiendo que la exclusión es la solución a los problemas que ocasionan su trato.

Por el contrario, quizás podría plantearse una alternativa. Así como Leopoldo Marechal dictaminó que “de un laberinto se sale por arriba” también se podría evaluar la posibilidad de que de aquella dicotomía (apocalípticos e integrados: los primeros veían en los medios meros instrumentos del poder para dominar mediante la industria cultural y los segundos aseguraban que la difusión mejoraría el gusto y las posibilidades emancipatorias de las mayorías) podría comenzar a resolverse recordando que se puede participar, adherir, involucrarse sin que ellos sea necesariamente aceptar todas las condiciones que vienen con la red. Con la radio, la televisión y la prensa es más sencillo hacerlo y acaso sea una buena forma de comenzar.

Un grito del siglo pasado (mezcla de rock y de punk) viene a recordarnos, a quienes nos regodeamos con antiguas discusiones nacidas en el constreñido campo de la cultura y la comunicación, que las actuales circunstancias digitales exigen rigor científico e imaginación. Pero también valentía y humildad para admitir que si bien no es posible no comunicar si lo es no abonar con nuestra atención y nuestro tiempo todo estímulo que nos acecha a un bit de distancia. Racionar es el primer paso para racionalizar.

Luis Sujatovich.
Profesor, Doctor en Comunicación Social. Se desempeña como docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina). Fue becario posdoctoral en CONICET y realizó una estancia de investigación posdoctoral en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Castilla – La Mancha (España). Es autor del libro Prensa y Liberalismo publicado en 2019.

1 comment on “Nada nos ata a leer la novedad

  1. Excelente, y muy cierto.

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