Guillermo Ackermann Opinión

Convertir al fútbol en un motor de cambio social

“¿Por qué dejó las Naciones Unidas para entrar a FIFA?”, le preguntamos a la flamante Secretaria General del máximo ente rector del fútbol en el mundo.

“Es muy sencillo” nos respondió la senegalesa que se había convertido en la primera mujer en asumir tan alta investidura. “En mi país hay dos razones para que se detenga la guerra interna. La primera: la lluvia. La segunda: el fútbol”.

Con estas palabras Fatma Samoura, una mujer con mucho carisma, proveniente de un sufrido país africano, y amante del fútbol, llegó a FIFA después de haber estado 21 años en la ONU, promoviendo programas de desarrollo e integridad.

La transnacional del fútbol acababa de sufrir un terremoto y requería una transformación desde sus raíces para erradicar los males que arrastraba y que le estaban quitando el espíritu esencial al deporte más popular del mundo.

Esta historia de corrupción se había extendido, de una manera más burda, al ente continental que dirige al fútbol en Sudamérica, arrastrando a cada una de sus asociaciones miembro. Tanto así que, casi todos los presidentes de aquel entonces, cayeron por este escándalo.

Pero si aquilatamos el trasfondo de las palabras de la diplomática, cuando nos está hablando de una actividad que tiene el poder de paralizar una guerra, nos hace ver la fuerza que tiene este deporte y su poder transformador en la sociedad.

Y eso es lo que se empezó en Perú el 2015 y se consolidó cuando se convirtió en el Plan Centenario 2022. Nuestro país por primera vez había desarrollado un plan estratégico con metas a corto, mediano y largo plazo. Pero ¿cómo así empezó esta historia?

Desde mi perspectiva, terminado el 2014, un error de cálculo permitió que un dirigente de los denominados “outsiders”, que no provenía del entorno que tenía secuestrada la dirigencia nacional por tres décadas, asuma la presidencia de la FPF.

En primer lugar había que desterrar ese enquistamiento que solo había traído fracasos. Dirigentes de clubes profesionales, que lejos de hacer instituciones sólidas, eficientes y exitosas, más se preocupaban por darle carta de ciudadanía a la violencia, fomentando las mal llamadas “barras bravas”, que eran delincuentes organizados, que espantaban a las familias de los estadios. Dobles contratos, cuestionables vínculos con la representación de jugadores y arreglos poco beneficiosos, para los clubes, en las transferencias.  

Muchos de estos directivos también habían estado involucrados en arreglo de partidos; comprando jugadores, entrenadores, árbitros, dirigentes. El ascenso a la máxima categoría tenía precio fuera de las canchas. Por supuesto amarrados a los derechos de transmisión televisiva.

El nivel de la formación que se daba a los menores era prácticamente inexistente, y por ello no salían nuevas generaciones de futbolistas. La falta de obligatoriedad de contar con divisiones menores en los torneos, no le exigía a los clubes trabajar en sus canteras, algo básico para el auto sostenimiento y sostenibilidad en el tiempo.

La infraestructura deplorable existente no ofrecía el menor rigor técnico para los entrenamientos y competencias. La estructura de los torneos y campeonatos cambiaba cada año y nunca se llegaba a un formato que fomente la competitividad. Y en las otras divisiones, como la Copa Perú, el torneo más grande de los cinco continentes, campeaban las peleas, los animales cruzándose en medio de los partidos y por supuesto las componendas.

La escuela oficial de entrenadores era la caja de chica de algunos dirigentes y te podían entregar un diploma sin siquiera haber asistido a una sesión presencial. Similar situación con la formación de árbitros.

Los contratos con sponsors eran con arreglos bajo la mesa. El otorgamiento de derechos de transmisión era poco transparente e inequitativo.

El Perú era el único país en el mundo, que, por una leguleyada, le había otorgado el “poder” de elegir a las máximas autoridades de su federación, al fútbol aficionado, representado por las ligas departamentales, que ni siquiera tenían estatutos vigentes.  Dirigentes amarrados, en muchos casos más de 20 años en su posición, sin elecciones, ni representatividad. De esta manera se aseguraban desde la FPF el seguir siendo reelectos por años, a cambio de unas cuantas pelotas, unos viajecitos, una visita de unos días a las habitaciones de la Videna, construidas para jugadores y convertidas en el hotel de estos departamentales y por supuesto con sus entraditas más, para que se active otra actividad fraudulenta.

El nefasto corolario en el que han estado envueltos casi todos, ha sido la lacra de la reventa de entradas, que en un país como el nuestro, si bien no es delito,  constituye una falta ética gravísima que tendría que ser sancionada con la inhabilitación de por vida del ámbito dirigencial.

Claro que existen “honrosas excepciones”, he conocido algunos, pero éste ha sido el común denominador, y muchas veces apañado por “ídolos de barro”, que aprovechándose de su fama, por haber sido grandes jugadores, han promovido falsos valores y han permitido que se acentúen estas taras del fútbol en el Perú.

Era necesario hacer un quiebre y en eso consistía el Plan Centenario 2022, cuya misión era: “Convertir al fútbol en un motor de cambio social”, consolidarlo como una de las actividades que ayude a transformar nuestra sociedad, desde sus raíces. En el Perú, desde que naces, en la cuna te ponen una camiseta y una pelotita. ¿Cómo podemos desaprovechar esta poderosa herramienta?

El plan estaba sustentado en cuatro pilares estratégicos

El deportivo, que a través de una Dirección Deportiva debía integrar toda la cadena formativa en todas las categorías, hasta la máxima división.

Se conformó un comando técnico de mayores, con proyección a largo plazo, brindándosele todas las facilidades para que desarrollen su trabajo.

Se lanzó un ambicioso plan de menores con una inversión sin precedentes. Extrayendo lo mejor de las experiencias anteriores, se maximizó y potenció a las 25 regiones. Se comenzó a buscar talentos y se desarrollaron centros de alto rendimiento, en todo el país. Con la debida paciencia y no buscando los resultados inmediatos. En un tiempo prudencial debían comenzar a arrojarse nuevas camadas de jugadores.

Importante mencionar el respaldo brindado a otras disciplinas como el fútbol femenino, Futsal y fútbol playa.

El segundo pilar consistía en la profesionalización de los clubes, torneos y de todas las otras instancias involucradas.

Fuimos el primer país de Sudamérica en implementar el Sistema de Licencias FIFA, siendo mencionado como modelo en diversos congresos del mundo. Este sistema le exige y permite  a los clubes ser auténticamente profesionales.

Se trabajó incansablemente en los nuevos formatos y la categorización de los torneos y competencias para que estos sirvan a los clubes para trabajar mejor.

Se creó una nueva escuela de entrenadores con estándares internacionales y  se comenzó a trabajar en la transformación de la escuela de árbitros.

El tercer pilar radicaba en la infraestructura. La FPF se propuso tener el mejor centro de entrenamiento y concentración de selecciones de la región y para ello se buscó las mejores experiencias en el mundo. La nueva Videna era una realidad.

Pero además se comenzó a trabajar un modelo de alianza con colegios para optimizar el uso de campos de entrenamiento a nivel nacional como se hace en muchos países avanzados en el mundo.

Por último el pilar Institucional inició la recuperación del prestigio y del nivel dirigencial perdido. Profesionalizando la institución de tal manera que permitiese generar una nueva generación de dirigentes honestos y exitosos provenientes del mundo corporativo. Con una política de transparencia total. Con el respaldo de decenas de empresarios rectos y notables del país que le brindaban su tiempo, experiencia y conocimientos a la FPF. Convenios con FIFA Integrity Agreement, Unicef, la creación de una comisión de Ética, la contratación de diversas empresas auditoras top, permitieron que de un rechazo del 96% a las gestiones anteriores, la aprobación a la nueva gestión superase e 80%.

Todo lo expuesto es la clara demostración que cuando se planifica, se trabaja, con esfuerzo y honestidad, y se mide la gestión, los resultados se dan. La clasificación a la justa mundial de Rusia no fue producto de una casualidad, ni solamente del extraordinario trabajo de Ricardo Gareca, de su equipo y por supuesto de los jugadores. Fue también el logro de una renovada clase dirigencial que empezó a transformar las estructuras y les proporcionó todas las facilidades para desarrollar su trabajo.

Hoy día pareciera que una nube negra regresó a la Videna. La suma de todos los males ha vuelto a secuestrar a la institución, llegando al extremo de postergar las elecciones para perpetuarse por muchos años más. Cuestionados dirigentes, sancionados por reventa, con la benevolencia y conveniencia de la Conmebol, manejan el destino del fútbol nacional y el futuro vuelve a verse oscuro, apadrinados por una asamblea de bases que sigue siendo manejada por los mismos departamentales.

No permitamos que esta historia se vuelva a repetir. Recuperemos nuestro fútbol y desterremos, de una vez por todas, estos estigmas que tanto daño le hacen.

Si lo hacemos, podemos tener fe que el fútbol en nuestro país puede ser un motor de cambio social.

Guillermo Ackermann Menacho.
Desde hace 40 años me desempeño como gestor en la industria de las comunicaciones y el marketing, tanto en medios tradicionales, radio y televisión, en la producción de contenidos audiovisuales, documentales, videos institucionales, programas y publicidad, realizados en 24 países. Desde mi juventud he participado en diversas iniciativas sociales, deportivas y religiosas, como gestor y voluntario. Soy un convencido que este mundo se puede cambiar si cada uno pone su granito de arena y, en lo que hago, trato de poner el mío.

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